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06 enero 2014

una nueva ventana

En ocasiones hay ventanas que se quedan pequeñas.
Y tenemos que ampliarlas, agrandarlas, tirar paredes y abrir horizontes. Crear espacios abiertos para desplegar las alas y poder volar.

Hubo un día en que el lugar para mis "Instantes efímeros", empezó a quedarse pequeño.
Y emprendí la búsqueda de espacios para poder dar cabida a esas alas nuevas que estaban gestándose desde hacía un tiempo, creciendo, tomando color y forma.

Hoy por fín, llega el momento de abrir esa puerta, en un día de ilusiones y deseos.
Desde ahora, ese espacio acompañará "Espejos y ventanas", como un pequeña mirada abierta a otro espacio interior más amplio

"SOL LATORRE"

espera ser un paisaje donde puedas pasearte, entre algo de lo que nos atraviesa y algunas búsquedas y ecos. Donde transitar, y recorrer fronteras de mapas de silencio. 
Un rincón al fin y al cabo, donde seguir encontrándonos. 


15 diciembre 2013

lo invisible


Él estaba sentado a la puerta de la hospedería.
Su hogar a su lado, en forma de mochila, envejecida y desteñida por miles de lluvias.
Su acento, mestizaje de fronteras, dificultaba a ratos el entender las razones que le empujaban a querer recorrer la via de la Plata.
Juntar Sevilla y Santiago, en pos de un rumor interno que le hacía querer contemplar las vias de tren que se vistieron de cristales rotos, hierros y lágrimas. Lágrimas semejantes a las que querían brotar de sus ojos al imaginar su camino.

Y ante un bocadillo compartido, lección increíble de generosidad. La de aquel que da, cuando no le sobra. La que solo puede brotar de los pobres.

Ella se sentaba a la puerta del supermercado.
Parte de su hogar, en el carro que le acompañaba como grito mudo de esperanza, como boca abierta esperando el alimento para sus hijos, pajarillos en el nido.
Su color contrastaba entre el ir y el venir de la gente y sus compras. Sus ojos sin más sueños que algo que llevar a casa. 
Y en un momento, esa boca sin dientes, historia no hablada de lo mucho sufrido, iluminó la calle. Sonrisa de Dios que brotó al contemplar los pasitos y saltos, de una pequeña niña rubia que pasaba junto a ella. Sus ojos tras la blancura de la niña, su propio cuerpo pareció cobrar vida, en ese impulso de madre universal, de hacerse abrazo con el indefenso e inocente.
Lección de belleza emocionada y vibrante, de un corazón vivo, con capacidad de contemplar y ver.


Ambos similares a la belleza y la pobreza de las últimas hojas amarillas de los chopos. Invisibles porque no hay ojos que se paren a contemplarlas.

14 noviembre 2013

El otoño derramado fuera


La misma crisálida de colores,
en el cielo que se oculta,
en el fuego que susurra,
en las hojas que bailan en el viento con un ritmo que no es el propio.
Sentir que se puede burlar el frío tras la coraza del cristal de la ventana.
La voz de algún pájaro ayudando a recomponer la conciencia de "exterior".
Madera y tacto suave de manta.
El peso de un libro sobre las piernas.
El cuerpo pesa sobre un sillón añejo y se tiñe de los mismos años que él.

Trazar un mapa de silencios.



La ciudad cubierta de paño y lana.
Los árboles recobrando su voz perdida, lanzando al mundo sus secretos íntimos.
Un vecino con taladro nuevo.
Se oye el perro de siempre, cansado de su soledad continua.
Cañerias.
Los cubiertos sonando anunciando una cena.
Voces de noticias en estéreo que mañana no recordará nadie.
El olor de un guiso ajeno escoltado por las voces que se sumergirán en él.
El llanto de un bebé buscando el sueño.
Acaba el día.

Trazar un mapa de silencios.


29 abril 2013

el eco de tus pasos por las calles de Tokyo


Un pequeño pajarillo, un herrerillo común, me contempla desde su pequeña ventana cuadrada y me trae en su pico, noticias tuyas.

70 NIPPON.
Monte Fuji.
Santuario de Arakura.

La blancura de la cumbre blanca, se entremezcla con la de las flores del cerezo.

Todo trae aromas lejanos. Desconocidos. 
A veces se anhela lo que no se conoce.
Te imagino paseando por aquellas calles de Tokyo, ordenadas y pulcras, llenas de gentes, cosmopolitas, agobiantes a veces, llenas de encanto y misterio otras.
Esa cultura extraña para nosotros, y que sin embargo nos atrae de una manera tan especial.

Aprender la valiosa lección de recibir lo que el presente nos trae y no, lo que nuestra mente organiza y desea.
Dar los pasos en función del camino, y no de nuestros sueños.
Ser feliz incluso a pesar de nosotros mismos.

Hoy me apetece ponerte a ti, en este canto.
Quizás por que mandaste hasta los rincones de mis parajes, aires con sabores diferentes.
Quizás por la impronta que deja la huella de tu vida. O la huella de la vida en ti.

O simplemente, por ser el eco de un sueño, de un silencio, al otro lado del mundo.





18 abril 2013

abril


Nos hemos adentrando
en las sombras prometedoras de cinco, seis árboles.
Los primeros del bosque.
Buscando bajo sus copas alguna brisa
que trajera rincones comunes,
posibilidades y deseos a nuestras manos.


Quizás no haya sido nuestro tiempo.
Quizás las necesidades estuvieran equivocadas.

Pero agradezco que en algún momento,
tu sabor haya dejado la impronta de la alquimia de los sueños.


 
 




22 noviembre 2012

de noviembre a noviembre


Estoy sentada ante mi escritorio.
Huele a café recien hecho.
Una luz suave parte de la pequeña lámpara que está en la mesilla.
Desde esta silla, contemplo con ternura, el camino de noviembre a noviembre.

Un recorrido pintando de colores intensos y bellos.

En ese trecho, he tenido que archivar documentos que nunca pensé que estarían en el portafolios de mi vida.
He compartido miradas que se convirtieron en ausencias.
He finalizado un viaje. Solo queda, terminar de poner las fotos en el album, y agradecer su presencia, a todos los que salen en ellas.

Hay un mapa dibujado, puesto en la pared, frente a mí,  y en él, he recorrido largas distancias. Y también muy cortas.
Pude compartir, el aprender a pintar las naranjas de palabras y silencios. Y a dejar que la música me alimentase. Eso conforma una fragancia inolvidable.


El largo y cálido verano, dejó una huella profunda. Una brecha abierta que sigo contemplando como parte del paisaje.
Pero también trajo un bálsamo para las heridas, al que recurro cada dia, sabiendo que no se ha de gastar.
 
He disfrutado otra infancias, otra adolescencia, lo mejor de la juventud y lo dorado y lo gris, del final de la vida.

He querido volver a confiar.
Y he descubierto que a mi alrededor, hay muchas manos de mujer. Que acompañan y que  sostienen.

He aprendido a tejer un sueño. Y a dejar que sus hilos me acunen en las noches largas.
Y mientras tanto, sigo confeccionando mi brocado.
Es posible que la lluvia, o el anhelo de tierras verdes, haga que me duela algo dentro, lento en el corazón. Pero he crecido en horizontes y en verdades.

Y también ha crecido, esta pequeña ventana. Eso me permite ver más reflejos del paisaje. Tengo que agradecerte que me ayudaras a agrandarla.


Y si me preguntas "¿has vivido?", podré darte un profundo "sí" .

Porque he amado mucho. Y ese simple hecho, ya da sentido a muchos segundos.
Y también porque he experimentado el dolor.
Y ambas cosas son, autógrafo de vida.
Señales de que me he entregado a ella con rotundidad.




01 noviembre 2012

el recurso desesperado de los pobres


¿Conoces la sinfonía nº 3, Op. 36, también conocida como  "Sinfonía de las canciones tristes"[ o "Sinfonía de las lamentaciones"?

Yo la descubrí ayer.
Busqué en internet, y leí que estaba formada por tres movimientos: el primero, un lamento atribuido a la Virgen María; el segundo, un mensaje escrito en la pared de una cárcel durante la Segunda Guerra Mundial; y el tercero, una canción sobre una madre que busca a su hijo, asesinado durante una insurrección.
El tema central de la sinfonía es por tanto, el de la maternidad y la separación de los seres queridos.

Y no supe si reír o llorar, ante el hecho de que me hubiera llegado esta semana.
La misma, en la que me golpea con fuerza, una vez más, lo que está siendo, el recurso desesperado de los pobres.
Tener que asumir, la imposibilidad de encontrar trabajo, de encontrar ayudas suficientes, y ante la situación de desesperación, optar por lo que siempre hace el ser humano en caso de peligro: salvar lo más preciado.
Salvar a sus hijos.
Aunque sea a costa de tener que separarse de ellos, entregándolos a una institución para que se haga cargo.

Y con esta música de fondo, lloro con Esperanza.
Precioso nombre el que te pusieron, y al que  tendrás que agarrarte con fuerza, en espera de que algo suceda que pueda hacerte más fácil la vida.

Y lloro con y por sus tres hijos.
Pero sobretodo por los dos pequeñines.
La esencia de la vida vibrando en sus ojos, llenos de esa inteligencia de los que tienen que aprender muy pronto, que no hay almohadones a su alrededor, y que el más fácil sobrevivir si aprendes pronto.
Mis dos "pequeñas lagartijas", fruto de un mismo año.
Tú, mi pequeña, tan solo once meses mayor y parecías una pequeña madre. Siempre atenta a él, protegiéndole, cuidándole.
Me encantaba escucharte explicandome historias infinitas, que con tu imaginación desbordante ibas creando de la nada, y a las que acompañabas con tus gestos de viejecilla. Tu hermano te escuchaba y las iba coreandolas, con su lengua de trapo.

Las sonrisas siempre amplias, y los brazos abiertos, con una alegría que se desbordaba cada vez que iba a buscaros.
Y yo, sin cansarme de pronunciar vuestro nombre, porque siempre sabíais como meteros en líos, siempre teníais preguntas, siempre reclamabais la atención.

Y ahora, ni tan siquiera he podido despedirme.
Miraros aunque fuera de lejos, para guardar vuestra imagen en mi retina.
Para desearos al menos, aunque fuera un voz baja, un feliz camino.

Solo puedo dedicaros estas líneas, encender una pequeña vela en vuestro nombre y en el de vuestro hermano, con el que ni siquiera estaréis, y poneros en mi corazón, junto a aquel compañero, que marchó hace unas semanas, y con quien si compartiréis hogar.

Quizás si os imagino jugando juntos, pueda sonreir.








11 octubre 2012

Te canto a tí, mi dulce niño

Hoy, que la lluvia me acompaña,
y sigue purificando a todo aquel, que se desliza bajo su manto,
dejame que te cante a tí, mi dulce niño.

Deja que cante a tus grandes ojos.
A esos ojos que contienen tanta cantidad de dolor vivido, que derraman sobre aquel que te mira, lo que ya no les cabe dentro.
Tanto experimentado, en tan solo cinco años.

La vida te ha hecho sabio en sufrimiento,
sin tu pedirlo.

Pides en silencio,  un cariño que te ha sido profanado.
Pero con una dignidad tal, que deja una profunda huella en el que te contempla.

Reclamas la escucha,
respuestas para tus preguntas,
y quizás,
un pequeño abrazo, que te dejas dar con timidez y con temor.
Con la misma cautela y cuidado de alguien, que de pronto se encuentra con un ciervo en el bosque.

Mi pequeño niño.
El que quería darse a conocer, porque había alguien importante, que no sabía como era su rostro.
Y esto te preocupaba.

La sonrisa de tu foto me acompaña desde entonces, colgada en mi cuarto.
Quizás por lo efímera que es.
Difícil de encontrar. Como las hadas, como los gnomos, de los cuentos.
Y sonrío al recordar, que querías salir retratado de cuerpo entero, para que vieran tu camiseta y tus zapatillas nuevas.

Pero en este día, en este canto,
no es a tí a quien pongo en mi corazón y en mis oraciones.
Tú ya ocupas un lugar en ellas.

Es en tu padre en quien pienso.
En lo que ha tenido que suponer para él, la semana pasada,
renunciar a tu custodia, a tu cuidado.
Asumir su situación personal, sin trabajo, sin un lugar que darte,
y decidir, que en estos momentos de la vida, lo mejor que podía hacer por tí, por su hijo,
era renunciar a tí.
Dejar que otra familia te cuidara.
Y tuvieras así, la opción de disfrutar de aquello que él considera que no te puede dar.


Te veo ahora, de la mano de aquellos que te cuidan, de tus "yayos" (así los llamas tú).
Y veo la sonrisa en sus rostros, y también la tuya cuando me cuentas, como te preparan los macarrones con ketchup, y lo que te gustan.

Y pienso en la sonrisa de agradecimiento de tu padre, el día que le dí tu foto.

Pido, confío y espero, que la vida os conceda a los dos la oportunidad, de poder seguir sonriendo.
A pesar de haberos hecho grandes expertos en el camino del dolor.






09 octubre 2012

solo por esta noche, deja que te cante bajito

¿Ya son las 12?.
¡Por fin has llegado!
Sientate.
O mejor aún, dejame que te de un abrazo.
Tenía ganas de verte, y sentirte así, cercano y cálido, como cada vez.

Puedes descansar ahí, en tu lugar preferido, desde el que te gusta contemplar los atardeceres y las tormentas de verano.
¿Te apetece tomar algo caliente?
La noche está fresca. El viento de otoño, acerca ya las montañas hasta aqui.
Voy a preparar un café. O si lo prefieres, aún me queda un poco de ese té moruno que huele tan bien.

¿Como te ha ido el viaje?
¡Cuentame cosas!. Hace mucho que no tenemos ocasión de compartir una charla tranquila.


¿El mapa?
Lo he dejado junto a las flores, sobre la mesa de madera que tanto te gusta.
Me apetecía mucho que llegara este espacio, este instante, de poder sentarme contigo, con tiempo por delante, y poder contemplarlo.
Nuestro pequeño mapa.
El que muestra el recorrido de ese viaje, que venimos haciendo cada vez que podemos.
¿Recuerdas como este invierno, estuvimos a punto de no poder hacerlo? Las heladas nos dejaron casi incomunicados, y el hielo del rio, estaba tan frágil que era muy dificil caminar sobre él. Solo la paciencia y la extrema delicadeza nos permitieron tener un buen final en esa ocasión.
Luego, con los brotes de una primavera tibia, se fue despejando de nuevo el camino.

Y ahora, aqui estamos.
Frente al fuego, saboreando el café, y este pastel tan delicioso que has hecho, y viendo de nuevo fotografias del viaje, recordando años y años, de ese trayecto.
De ese ir y venir por el rio, escuchando el latido del agua clara en las orillas.
Tú, siempre has conseguido reconocer mejor, ese tintineo del agua al brotar del manantial. ¡Te resultaba tan fácil encontrarlo!
Y yo, he sido siempre, la que caminaba por el bosque, buscando ese sonido del agua, que me indicara, donde parar a beber, y a descansar un poco en la hierba. O a contemplar el horizonte.

Tienes razón.
Ojala que podamos seguir compartiendo estos viajes, aunque las arrugas creen un mapa nuevo alrededor de nuestros ojos y a nuestros pies les cueste recordar, esos caminos ya desgastados de tanto transitarlos.

Pero por el momento, disfrutemos de lo que tenemos.
Voy a sacar un par de vasos. Seguro que te apetece un poco de ese whisky tan especial. No he vuelto a abrirlo desde la última vez que estuviste aqui. Además, tenemos muchas cosas por las que brindar.

No, no importa que mañana tengas que madrugar. No te vayas todavía.
Espera a que surjan brillantes las primeras ascuas en el cielo de la chimenea.

Y mientrás tanto, deja que el tiempo pase lento.
No tengas prisa.

Y solo por esta noche, deja que te cante bajito.
Deja que la música nos duerma, mientrás escuchamos crepitar la lluvia sobre el tejado.




12 septiembre 2012

María


Compañera de historias,
cómplice de confesiones.
La bella Cenicienta que perdió su zapato.

Es posible que el principe
no aparezca a recogerlo.

Pero no te hace falta.
El hechizo no se romperá con las campanadas

Seguirás siendo
mujer de bandera
Sincera,
aunque duela.
Sensible,
aunque la vida te haya enseñado a disimularlo.
Fuerte,
a base de golpes.

Amante de tu tierra
y de tu gente,
impregnan tu voz,
tus viajes,
tu vida.

Hoy brindo por tí,
y a tí te canto.

Por lo aprendido y compartido.

Por nuestro camino de enseñanzas.







05 septiembre 2012

por si acaso es hoy tu cumpleaños




La vuelta a casa después de mucho tiempo fuera.
El olor que te devuelve un recuerdo de infancia.

Una carta en el buzón,
el gozo de un encuentro inesperado  (y deseado).

La paz de una respiracion profunda ante un atardecer,
la cálidez de un estrecho abrazo.
El mismo idioma.

La serenidad de la lluvia mansa
y también el fragor del trueno (no lo niegues, es así).

Una conversación intensa compartida,
y la alegria al fondo de un azul profundo.

El sonido del agua. Cualquier agua.
Y el olor de la mimosa.

El calor de una vela,
y el de un chal por encima de los hombros (tus hombros, mis hombros).

El camino desconocido tras una curva,
y el reflejo conocido en el espejo cada mañana.

La sinfonía mas bella y compleja.
Y un silbido inconfundible entre las brumas del agua tibia.

Siempre serás un tejado con ventana.
Y el puzzle que está contenido en la corteza del castaño.


Un laberinto
y la palma de mi mano.


Lo imposible, inaccesible, inaprensible.
O quizás, mi misma esencia.


Todo esto eres,
y nada te refleja.

Sensibilidad,
seguridad,
inseguridad,
defensas,
generosidad...

Nada de todo esto eres,
y todo está contenido en tí.


Perderse en el bosque
y respirar el silencio.


Creo que me podrás perdonar, por no saber mejor, como cantarte.
Pero el que te conoce sabe, que lo he intentado.


El que te conoce sabe, que te canto a tí.





 
 
 
 

02 septiembre 2012

la responsabilidad de un canto

Leía hoy al poeta,  en su "Destino del canto" y me hacía reflexionar.
Habla de los elegidos por la Tierra, de aquellos escogidos para traducirla en la esperanza, en la pena, en la soledad. De la responsabilidad que tienen, y de lo importante que es llevar adelante esa misión. Pese a sentirse solos, empobrecidos, desconocidos, burlados y negados.

Y me ha hecho plantearme, cual es mi responsabilidad. Si tengo una misión de la cual no termino de ser consciente, y por lo tanto, no podría cumplir con ella.

Un canto a la tierra, como el del poeta, no creo que sea.
No me veo señalada para eso. El tiempo de mis canciones, ya pasó.

Pero quizás, un poema al pueblo, a la gente cotidiana, si pueda entonar.

Cantar a aquellos que pasan, se deslizan, estan o se van marchando de las sendas de mi vida. De mi propia senda.
Cantar a los que van dejando su huella. A veces grande, a veces chica. Pero impresa queda en la tierra igualmente.

Puede que mi voz no se alce lejos, no se proyecte fuera, incluso que no la llegue a oir yo misma.
Pero quizás la Tierra quede satisfecha porque sienta, que aunque sea de manera inestable, estoy usando esa luz, para que el pueblo encuentre belleza en el camino, en la soledad, el miedo, el amor o la muerte.

Asi que, me hago responsable de esto.
Ir entonando cantos aqui, a los que aún estan.
Y se merecen, sin duda alguna, que alguien le ponga voz a su camino callado, que alguien los dibuje con palabras.

21 agosto 2012

mi cita de ayer

Hoy te canto a tí.
Mi cita de ayer.

Llegas tarde. Te has dormido.
Solo tu juventud inexorable te salva.
Ya no espero más de quince minutos. He aprendido a quererme.

Ojitos dormilones.
La fuerza de tus dieciocho.
Caminamos hasta el rio.
No te importa que te vean conmigo. Y a mí tampoco.

Hace calor.
Tu fumas.
Yo te miro y te escucho.
Vas desgranando tus dias, tu vida, tus ilusiones y frustraciones.
Esas pequeñas cosas que te dan forma.
Tu mirada camina por tus recuerdos y tu futuro. Y a veces se ilumina.

Mariposas azules nos rodean.

Un melocotón compartido.
Una foto robada.

Tenemos poco tiempo.
Debemos volver para evitar enfados.

En la esquina de la Iglesia, un cruce de miradas cubierto de cariño compartido.
Y un abrazo.

Te canto ahora, y sonrio.
Desde la confianza que pongo en tí.
En la certeza de que tus errores, tu lucha, tus frustraciones, la ternura que brota de tí, tus ganas de ser tú, tu mirada inocente e inquisitiva, estan tejiendo un camino.

Y que esa senda nos llevará a otra cita.
Una en la que, estaremos sentados frente a frente, en una mesa de un lugar especial, rodeados de pequeñas creaciones tuyas, hechas de exquisita dulzura y sueños.
Y no llegarás tarde.

Espero que hasta que llegue ese dia,
melocotones, mariposas, y rios, sigan compartiendo nuestro caminar.

Y espero también, que tu sigas pensando, que no te importa que nos vean juntos.

11 agosto 2012

te canto a tí...

Miro la foto de hace tantos años, y me cuesta reconocerme.
No tanto a tí. Tu mirada sigue siendo la misma.
Cuantos cafés compartidos desde entonces. Cuanta vida hemos ido gastando.

Comparo esa foto con las que te hice hace poco, ¿te acuerdas?. En tu casa una mañana, porque había buena luz. Y luego en el bar de abajo, que son las que mejor quedaron.
Te miro y me digo que es cierto. Que la vida te ha tatuado ampliamente.

Desde que te conozco, has luchado duramente. Por conseguir trabajo, por salir adelante, por no recaer, por cuidar las amistades, pero sobretodo, por mantener tu casa.

Cursos y cursillos. Patear, recorrer, mover curriculum...
Pero está dificil. Y esas huellas que la vida te ha dejado, no te ayudan.
Mucho tiempo ya, sobreviviendo con la ayuda que da el gobierno, invertida practicamente toda, en pagar el alquiler. Eso siempre. Por encima de todo.
Y comer...pues en un sitio o en otro, te dan. Las cenas son lo de menos, con un poco de leche, tienes suficiente.
Vas apañandote para tener que fumar.
Y si necesitas algo más...pues supongo que te lo callas, lo consigues como sea, y no me lo cuentas.

Pero vas compartiendo tus temores, el  ver que cada vez, esto se pone cada vez peor.
La ayuda mensual se va a agotar. Dejarán de dartela, eso ya casi se palpa.
¿Y entonces?
"Robar no, ¿para qué si no hay dinero?"
Lo tienes claro.

Y aunque has pisado muchos pasillos carcelarios, aunque te conoce la secreta, aunque ya has cumplido tu condena y sabes lo que pasa entre aquellos muros...por encima de eso, está tu casa.
Y antes que ir a la calle, me cuentas que te pondrás a traficar.
Con tres o cuatro clientes fijos, tienes bastante.
Y me vas contando con calma, el proceso de "ir a pillar", subirla para acá... y todo lo demás.

Te miro desde el otro lado de la mesa, con un café de por medio, y no sé bien que decir.
¿Te suelto, a estas alturas de la vida, una lección de moralina sobre lo inconveniente de traficar con drogas?
Creo que eso sobra.
Para mí, lo dificil es, que después de tantos años de verte luchar, yo tampoco se, que puedes hacer ya.

Asi que, me dedicó sin más, a animarte a seguir buscando curro, a preguntarte si necesitas algo...y a admirar, desde algun punto profundo en mi interior, esa necesidad de proteger y mantener tu casa.
Y también, decido dedicarte este canto, el primero, aún sabiendo, que casi con total seguridad, no lo leeras nunca.
O quizás, precisamente por eso.