29 agosto 2012

saberse perdido

¿Sabes que agradezco hoy enormemente?
Mis balizas luminosas.

Esas señales que me hacen situarme (o situar al mundo).
Que me hacen encontrarme (o encontrar un trozo de mundo).

Que dan testimonio de la existencia de algo más allá de mí.

Que son la prueba de una realidad (no siempre palpable).

Me ayudan a ver.
Me ayudan a seguir, cuando me siento perdida.
O aunque me siga sientiendo perdida.


Hoy, Hugo Mújica, poeta argentino, ha puesto en mi horizonte, una de sus pequeñas señales (para mi, luminosa).



OSADÍA
 
Ver no es abrir los ojos,
                     es arrojar a un lado el bastón blanco:
                                   osar andar‭
                  sobre el saberse perdido.
                        

acallar y escuchar




 
 
 
 






28 agosto 2012

hay en nosotros

Seis de la mañana.
Otro asiento de autobus.
Otro recorrido.
Otro viaje.

Hay poca luz en el autobus.
Y muy pocos los que nos aventuramos a viajar en horas tan tempranas.

Me acomodo en mi asiento, disfrutando de no tener que compartir con nadie al lado, ni el espacio, ni el tiempo, ni la charla.

Se sienta delante de mí, una mujer musulmana.
Me fijo en la tela de su pañuelo, en su estampado colorido y alegre. Un toque de color, en medio de esa oscuridad que aún no se pelea con los primeros rayos de sol.

Veo como se coloca bien la ropa y se cubre por completo los pocos mechones de pelo que escapan de ese arco iris que la viste.
Mira hacia un lado.
Coloca su cuerpo mirando hacia allí. Y comienza sus oraciones.

Su perfil queda justo entre el hueco de los dos asientos, y no puedo evitar mirarla.
Junta las manos y se inclina. La veo mover sus labios en una cadencia de palabras, indescifrables para mí. Sus ojos permanecen cerrados, y su expresión indica que su mente está en otro lugar muy diferente a éste.

Me siento como una intrusa, con esa sensación interna de estar en un lugar o un momento, que no me corresponde, que no es mio.

Pero no puedo marcharme.
Y no tiene sentido que me ponga en otro lugar.

Asi que, opto por hacer, lo único que creo que es oportuno.

Orar con ella.

27 agosto 2012

orar con ella

Seis de la mañana.
Otro asiento de autobus.
Otro recorrido.
Otro viaje.

Hay poca luz en el autobus.
Y muy pocos los que nos aventuramos a viajar en horas tan tempranas.

Me acomodo en mi asiento, disfrutando de no tener que compartir con nadie al lado, ni el espacio, ni el tiempo, ni la charla.

Se sienta delante de mí, una mujer musulmana.
Me fijo en la tela de su pañuelo, en su estampado colorido y alegre. Un toque de color, en medio de esa oscuridad que aún no se pelea con los primeros rayos de sol.

Veo como se coloca bien la ropa y se cubre por completo los pocos mechones de pelo que escapan de ese arco iris que la viste.
Mira hacia un lado.
Coloca su cuerpo mirando hacia allí. Y comienza sus oraciones.

Su perfil queda justo entre el hueco de los dos asientos, y no puedo evitar mirarla.
Junta las manos y se inclina. La veo mover sus labios en una cadencia de palabras, indescifrables para mí. Sus ojos permanecen cerrados, y su expresión indica que su mente está en otro lugar muy diferente a éste.

Me siento como una intrusa, con esa sensación interna de estar en un lugar o un momento, que no me corresponde, que no es mio.

Pero no puedo marcharme.
Y no tiene sentido que me ponga en otro lugar.

Asi que, opto por hacer, lo único que creo que es oportuno.

Orar con ella.

26 agosto 2012

21 agosto 2012

el lenguaje de lo casi invisible

Estoy viendo una película.
La cámara se adentra en un pequeño dormitorio de un monasterio. Una habitación muy pequeña, con lo imprescindible.
Me doy cuenta de que mi mirada, se dirige rápidamente, a los pequeños detalles que pueblan la habitación.
Una imagen en la pared, unas flores en el alfeizar, los libros sobre la mesa...

Los busco porque son algo importante para mí.
Cuando viajo, cuando tengo que pasar unos dias en otro lugar, me gusta tener un lugar que pueda "hacer mio".
Una mesa, una mesita de noche, un rincón en una estantería...
Un espacio donde colocar esos objetos que me acompañan y que tienen la cualidad de transformar un lugar insípido, en un pequeño hogar.
El libro que me esté leyendo, mi cuaderno de notas, la cámara de fotos, la música...pasarán a ser habitantes íntimos.

Miro ahora mismo, la mesa de trabajo de estos dias.
Está repleta de pequeñas cosas.
De todo lo nombrado, y además, de otro pequeño universo de objetos con vida propia, que deciden venirse conmigo, y poblar mis espacios.


"El lenguaje carece de sentido si no hay mentes abiertas y corazones silenciosos" dice Pierre Lacourt.

Y yo hoy me atrevería a añadir, que es importante también, la existencia de miradas atentas.
Miradas que sepan captar, las palabras no dichas, que rompen el silencio a través de esos pequeños, minúsculos detalles.
Casi imperceptibles, invisibles, insignificantes.
Pero que igualmente siguen lanzando su grito silencioso de existencia sutil

mi cita de ayer

Hoy te canto a tí.
Mi cita de ayer.

Llegas tarde. Te has dormido.
Solo tu juventud inexorable te salva.
Ya no espero más de quince minutos. He aprendido a quererme.

Ojitos dormilones.
La fuerza de tus dieciocho.
Caminamos hasta el rio.
No te importa que te vean conmigo. Y a mí tampoco.

Hace calor.
Tu fumas.
Yo te miro y te escucho.
Vas desgranando tus dias, tu vida, tus ilusiones y frustraciones.
Esas pequeñas cosas que te dan forma.
Tu mirada camina por tus recuerdos y tu futuro. Y a veces se ilumina.

Mariposas azules nos rodean.

Un melocotón compartido.
Una foto robada.

Tenemos poco tiempo.
Debemos volver para evitar enfados.

En la esquina de la Iglesia, un cruce de miradas cubierto de cariño compartido.
Y un abrazo.

Te canto ahora, y sonrio.
Desde la confianza que pongo en tí.
En la certeza de que tus errores, tu lucha, tus frustraciones, la ternura que brota de tí, tus ganas de ser tú, tu mirada inocente e inquisitiva, estan tejiendo un camino.

Y que esa senda nos llevará a otra cita.
Una en la que, estaremos sentados frente a frente, en una mesa de un lugar especial, rodeados de pequeñas creaciones tuyas, hechas de exquisita dulzura y sueños.
Y no llegarás tarde.

Espero que hasta que llegue ese dia,
melocotones, mariposas, y rios, sigan compartiendo nuestro caminar.

Y espero también, que tu sigas pensando, que no te importa que nos vean juntos.

16 agosto 2012

De libros, piedras y largos inviernos

Te cuento lo descubierto hoy.

1.Si te abrazas fuerte a un libro, y te duermes, quizás tengas suerte, y como Alicia, consigas pasar al otro lado del espejo.

2.Las piedras son unas buenas narradoras de historias.
No todas, eso es cierto.
Pero si escuchas con atención, podrás encontrarlas y pedirles que te las cuenten.

3. "El baile que no te eches...ya no te lo echarás".
Y el invierno es largo y duro.

Y ya está.

¡Ah sí!
Y que a veces, hasta las golondrinas vuelan solas.

14 agosto 2012

Sucede que me canso

Un murmullo constante de voces fuera.
Las calles llenas.
Agosto y pueblo.
Fiestas.

La alegria supuesta
que el alcohol regala.
Idas y venidas.
"Cumplir con parroquia".
Alargar el reloj.
Música o estruendo.
Fiestas.

Tengo la fortuna de que hoy,
pasea por aqui Neruda,


"...solo quiero un descanso de piedras o de lana...
 Sucede que me canso de mis pies y  mis uñas,
 y mi pelo y mi sombra.
 Sucede que me canso de ser hombre."


Gracias Pablo, por tu compañia callada

12 agosto 2012

modelar con sombras

Ya te conté, que por distintas vias, había llegado hasta mí la recomendación de leer el libro "El elogio de la sombra", de Tanikazi.

Es un libro pequeñito, un ensayo de lectura fácil. Ha ido acompañandome este verano en mis viajes, pero aun no lo he terminado. Me gusta pararme, cada vez que alguna frase me llega de una manera especial. Y así, que vaya calando lento.

"Crear belleza haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes"

Esta frase, este concepto que es la médula del ensayo, la esencia del libro, hizo que volviera a mí, un recuerdo de los tiempos de instituto.
Uno de esos que se quedan impresos.

Estaba en clase de dibujo.  Teníamos que dibujar del natural, una rama de pino.
Acabé, y me sentí muy satisfecha. Lo miraba, y pensaba que me había quedado realmente bien.
Cuando me lo devolvieron, una vez ya corregido, me sorprendió enormemente la nota que me habían puesto. No era, desde luego, lo que yo esperaba. Asi que, me fui a preguntar al profesor, el porqué de esa calificación.
Y su respuesta fué, que el dibujo estaba bien realizado, pero que le faltaba fuerza. No tenía sombras, era plano. No había contraste ni volumen. Le faltaba la parte de oscuridad.
Le faltaba vida.

Creo que todavía lo tengo guardado. De estas cosas que conservas sin saber muy bien porqué.

Y estos dias, al leer el libro de Tanizaki, me he dado cuenta, de que no solo me pasaba esto con los dibujos. En la vida he funcionado de la misma forma.

He procurado no ver las sombras. Siempre he tendido a quedarme con la luz.
Ver una parte y obviar la otra.
Sin ser consciente de que, para que haya luz, tiene que haber oscuridad. Solo pueden ser y existir, la una en la otra.
Que es el conjunto de ambas, lo que conforma la realidad.
Y lo que puede llegar a crear belleza.

"...al contemplar las tinieblas ocultas tras la viga superior, en torno a un jarrón de flores, bajo un anaquel, y aun sabiendo que solo son sombras insignificantes, experimentamos el sentimiento de que el aire en esos lugares encierra una espesura de silencio, que en esa oscuridad reina una serenidad eternamente inalterable"

Creo que para aprobar con buena nota la asignatura, voy a tener que aprender a modelar con sombras, aquellas partes ocultas que pueden llegar a susurrar la serenidad anhelada. Y mostrar desde allí, la belleza oculta que a veces la luz, no permite ver.

Aprender a modelarme.
Y a modelarte.

11 agosto 2012

te canto a tí...

Miro la foto de hace tantos años, y me cuesta reconocerme.
No tanto a tí. Tu mirada sigue siendo la misma.
Cuantos cafés compartidos desde entonces. Cuanta vida hemos ido gastando.

Comparo esa foto con las que te hice hace poco, ¿te acuerdas?. En tu casa una mañana, porque había buena luz. Y luego en el bar de abajo, que son las que mejor quedaron.
Te miro y me digo que es cierto. Que la vida te ha tatuado ampliamente.

Desde que te conozco, has luchado duramente. Por conseguir trabajo, por salir adelante, por no recaer, por cuidar las amistades, pero sobretodo, por mantener tu casa.

Cursos y cursillos. Patear, recorrer, mover curriculum...
Pero está dificil. Y esas huellas que la vida te ha dejado, no te ayudan.
Mucho tiempo ya, sobreviviendo con la ayuda que da el gobierno, invertida practicamente toda, en pagar el alquiler. Eso siempre. Por encima de todo.
Y comer...pues en un sitio o en otro, te dan. Las cenas son lo de menos, con un poco de leche, tienes suficiente.
Vas apañandote para tener que fumar.
Y si necesitas algo más...pues supongo que te lo callas, lo consigues como sea, y no me lo cuentas.

Pero vas compartiendo tus temores, el  ver que cada vez, esto se pone cada vez peor.
La ayuda mensual se va a agotar. Dejarán de dartela, eso ya casi se palpa.
¿Y entonces?
"Robar no, ¿para qué si no hay dinero?"
Lo tienes claro.

Y aunque has pisado muchos pasillos carcelarios, aunque te conoce la secreta, aunque ya has cumplido tu condena y sabes lo que pasa entre aquellos muros...por encima de eso, está tu casa.
Y antes que ir a la calle, me cuentas que te pondrás a traficar.
Con tres o cuatro clientes fijos, tienes bastante.
Y me vas contando con calma, el proceso de "ir a pillar", subirla para acá... y todo lo demás.

Te miro desde el otro lado de la mesa, con un café de por medio, y no sé bien que decir.
¿Te suelto, a estas alturas de la vida, una lección de moralina sobre lo inconveniente de traficar con drogas?
Creo que eso sobra.
Para mí, lo dificil es, que después de tantos años de verte luchar, yo tampoco se, que puedes hacer ya.

Asi que, me dedicó sin más, a animarte a seguir buscando curro, a preguntarte si necesitas algo...y a admirar, desde algun punto profundo en mi interior, esa necesidad de proteger y mantener tu casa.
Y también, decido dedicarte este canto, el primero, aún sabiendo, que casi con total seguridad, no lo leeras nunca.
O quizás, precisamente por eso.

09 agosto 2012

fuego y tierra

Mucho calor.
Hoy me toca limpiar un jardín, que no hemos podido cuidar desde el año pasado.
Arrancar malas hierbas.
Quitar todo lo seco.
Cortar las ramas de parra, que han invadido los balcones.

Y a la par... encender fuego.
Y así, ir quemando, las ramas secas del rosal podado, los restos de plantas y flores muertas, todo lo inservible tras un invierno y una primavera sin agua.

Iba a ponerme música.

Pero me he dado cuenta de que el propio sonido del fuego, era la mejor banda sonora que podía escuchar.
El crepitar de las ramas secas.
La limpieza radical y profunda que consigue dejar una tierra preparada para sembrar.

Una pieza musical compuesta de sudor, tierra, fuego, agua...y entonada una y mil veces por el ser humano.

06 agosto 2012

vuelo callado

Viento amigo,
que por un instante eterno
pintaste mi sueño
de pájaro alado.
Creaste mis plumas,
mi vuelo callado,
me alzaste imparable
sin despertar al cielo.

Fui por tí,
pude ser,
aquello que hasta ahora
no me estaba permitido.

Fui más.
Fui la esencia
de ese anhelo profundo
que en mi calma,
estaba retenido








01 agosto 2012

el nacimiento de algo

Quería contarte esta noche, antes de acostarme, que hoy he podido contemplar una pequeña mariposa, diminuta, que posada en la hierba, al lado de mis pies, extendía sus alas al sol para secarlas, y poder así, emprender por primera vez su vuelo.

Puede que parezca algo sin importancia.
Pero creo que todo nacimiento, todo inicio, merece  que haya alguien cerca, que pueda contemplarlo con ternura y emoción, que pueda ser testigo de ese instante fugaz irrepetible.
La importancia de lo compartido.

Y quizás,  poder contar un día. en una reunión nocturna, con una taza de café en la mano, o un buen vaso de whisky, a la luz de la hoguera, que estuvo presente en ese momento único en la historia del universo.
Incluso narrar, como ayudo a que emprendiera vuelo, a que diera sus primeras pasos.
A que llorara o riera, por primera vez.

28 julio 2012

de color verde y agua

Salgo muy temprano.
La luz tiene ese calidez especial de primeras horas de la mañana, que parece, te recibe, con la soledad y la plenitud, del primer habitante que se pone en camino.
Al llegar a la calle, me rodean y me invaden, infinidad de olores nuevos, recien estrenados.
La lluvia de anoche ha hecho su trabajo, y todo está limpio, a estrenar, como la caja de pinturas que nos compraban cuando comenzaba el curso.

Me gustaría identificar alguno de los aromas, pero no lo consigo.
Verde y agua. Mis colores preferidos. Mis olores preferidos.
Los escribía ayer en un papel, cuando intentaba plasmar un sueño. Mi sueño.

Ojalá estuvieras aqui paseando conmigo. Te gustaría este rincón, el silencio en el que puedes sumergirte, mientrás los árboles te cubren con sus abrazo de hojas, y la tierra, acolchada y suave, silencia el ruido de los pies cansados.

Me acompaña en el pensamiento,  la carta que recibí de un amigo que partía de viaje.
No sé porqué, esta mañana me llegaba, con la misma fuerza que los olores, su recuerdo.
Se despidió diciendome que partía, pero sin conocer el lugar de su destino, ni la duración de su viaje.
Embarcaba.
Y lo imagino ahora, cruzando mares en calma, disfrutando de las nuevas primaveras que estallan con fuerza en otras tierras, desconocidas para mí.
Situado en la proa del barco, rodeado de agua ena calma, aspirando con deleite los aromas que le traiga el viento de otras tierras que aun no se perfilan en el horizonte. Disfrutando de los delfines que le acompañan en su trayecto. Y consultando las cartas de navegación, para no perder el rumbo.

Quien sabe.
Quizás estemos compartiendo olores y tierras nuevas.
Quizás un dia el viento, me traiga noticias suyas.

Mientrás tanto, lo pongo en mis oraciones. Así descanso.

La tierra sigue silenciando el ruido y el cansancio de mis pies.
Y la luz dibuja mi silueta, perfilada en verde y agua.

26 julio 2012

el estado de ánimo de las piedras

Me levanto temprano, e intento escribir algo que recoja, aquello con lo que me visto a estas horas, esta mezcla de todo y nada, de emoción y razón, de locura y caricia.
Pero todo lo que esbozo me sabe a dicho ya.
El alma poeta no ha querido, dormir conmigo hoy.

Asi que, inclino mi cabeza ante aquellos que supieron expresar antes que yo, (bien por su paciencia y sabiduria, bien porque supieron ofrecer a la musa aquello que deseaba), y me limito a dejar aqui sus huellas, en vez de las mias.



Estados de ánimo
    A veces me siento
    como un águila en el aire.
    (De una canción de Pablo Milanés).

    Unas veces me siento
    Como pobre colina
    Y otras como montaña
    De cumbres repetidas

    Unas veces me siento
    Como un acantilado
    Y en otras como un cielo
    Azul pero lejano

    A veces uno es
    Manantial entre rocas
    Y otras veces un árbol
    Con las últimas hojas

    Pero hoy me siento apenas
    Como laguna insomne
    Con un embarcadero
    Ya sin embarcaciones

    Una laguna verde
    Inmóvil y paciente
    Conforme con sus algas
    Sus musgos y sus peces

    Sereno en mi confianza
    Confiado en que una tarde
    Te acerques y te mires
    Te mires al mirarme


                      (MARIO BENEDETTI)


    O mejor quizás, recoger las palabras de mi ancestro, de aquel que cuando habla parece permanente, tallado en piedra y árbol, brotado de la tierra, y poniendo en su voz, todo aquello que los pájaros no pueden cantar. 
    Confiar en que el canto de las piedras, sepa decir aquello que hoy no consigo expresar.



    Y cantaban las piedras en el río

     
    Y cantaban las piedras en el río
    mientras mi corazón buscaba en vano
    las palabras exactas en la tarde.
    El Cerro Colorado soltó sus aguiluchos
    y se quedó en silencio como un nido vacío.
    El agua tiene pájaros; yo siento sus gorjeos,
    El agua tiene penas, insomnios y delirios.
    El agua es la conseja del abuelo
    que midió el mundo con su paso firme
    hasta encontrar la arena,
    y envejecer tranquilo.
    Y cantaban las piedras en el río.
    En el arpa dorada de la tarde
    guardé mi copla de guijarro antiguo.
    Vino la noche al fin,
    distinta en cada uno, para el caballo,
    para el aire, la piedra y el camino.
    Yo construyo la noche dentro mío.
    Corro de estrella a estrella y las enciendo
    Bebo en copa de ocaso los sueños y mi vida.
    Mía es la noche azul y su misterio.
    Veo como retornan los pájaros al monte.
    Yo custodié sus nidos.
    Los pastores ya bajan la montaña.
    Los pastores construyen en la sierra su silbo.
    Ya olvidé la belleza de la tarde.
    Triunfó la noche azul sobre mis ojos.
    La noche me salió como una estatua.
    Para hacer su hermosura me salí de mí mismo.
    Yo repartí en pedazos mi noche sobre el mundo.
    Y me quedé esperando con la mano tendida.
    Contemplando la arena, pura sombra infinita.
    Yo, que hice la noche, me quedé sin mi noche.
    Me quedé sin mí mismo.
    Y el sueño me rondaba sin alcanzarme nunca.
    Y cantaban las piedras en el río.
     
                                     (ATAHUALPA YUPANQUI)

22 julio 2012

mariposas en el metro


Ví una mariposa blanca en el metro.
Pensé en que haría algo tan frágil y etéreo, perdido en medio de un rio de gente.

Hasta que miré bien.

Lo pérdido y frágil, eran las personas que formaban ese rio humano.
Y las historias que arrastraban cada una de ellas.


dos miradas

Los asientos del metro estan ocupados.
El cansancio de la gente ocupa el aire.

Ojos cerrados que rozan el sueño antes de llegar a su estación de destino.


Cuatro asientos.
A un lado, él agarrado a la barra, mira su móvil, y juega.
A otro, ella, agarrada a la barra, mira su mp3 y escucha música.

Parada del metro.
Y un asiento queda libre.

En ese momento, movimiento previsible.
Él rápidamente se dirige al asiento.
Ella rápidamente hace lo mismo.

Dan dos pasos...y en ese mismo instante son conscientes, el uno del otro.

Él inclina la cabeza y la hace un gesto a ella para que se siente.
Ella, declina con un gesto, y en silencio, le cede a él, el asiento.

Él se vuelve a agarrar a la barra.
Ella, retrocede al mismo lugar que estaba.

Se miran.
Y vuelven a desviar la mirada.

El asiento queda libre.

Estoy cansada.
Pero no soy capaz de ocuparlo.

voz humana

Es un chico jóven.
Extranjero.

Tiene ensayado su discurso.

Rodeado de disculpas, va lanzando al aire, palabras que intentan dibujar su realidad, la de su hija, la falta de trabajo, la necesidad...

Como tantos otros que cada dia, suben a los vagones y desgranan sus historias, como medio de subsistencia.

Pero no se porqué, a él le creo.

invierno en un vagón

Me siento.
Es el principio de línea y quedan lugares.

El vagón se va llenando poco a poco.

Me golpea con fuerza una sensación extraña.
Siento de alguna forma, las historias de cada uno de los que alli estan.


Me traspasa la tristeza de tantas miradas, el cansancio en tantos hombros y rostros, el sueño acumulado...

Y el silencio.
Un silencio extraño y pesado, en un lugar tan pequeño y tan lleno de gente.

Busco alguna sonrisa, algun gesto amable...
Pero en este viaje no consigo encontrarlo.


Salgo a la calle, anhelando la caricia del sol, a pesar de que es agosto.


 

un pequeño viajero

Vuelvo a casa.
Al bajar del vagón, me dirijo a las escaleras mecánicas.
En el hueco que se forma entre ellas, veo un pequeño gorrión.
Lo había escuchado ese misma tarde, pero no conseguí verlo.

Intenta volar y no consigue salir del hueco.
Intento cogerlo y no consigo llegar hasta él, sin que me lleven las escaleras hacia arriba.

Se acerca finalmente un agente de seguridad del metro, que puede atraparlo.

Me hubiera gustado ser yo, la que lo hubiera puesto finalmente en lugar seguro y libre.
Pero no pudo ser.

En cualquier caso, la sonrisa y la ilusión del hombre que lo llevaba entre sus manos me dió tranquilidad.




17 julio 2012

verano en compañia

Me preguntas que he hecho este fin de semana.
Y no se bien que responderte.

Creo que prefiero contarte lo que he aprendido. Lo que me queda dentro de lo vivido en estos tres dias.

Me queda, el sonido rotundo, ronco, envolvente, de las alas del buitre al comenzar su vuelo.
La tranquilidad del pájaro carpintero, sabiendose en su dominios, mirándome con indolencia mientrás yo me tomo mi café.

Me quedan puertas y corazones abiertos. Cariño que el tiempo no consigue ajar. Silencios de los que pesan, que se convierten en piedras, y son imposibles de disolver ya.
Y el sentirme espectadora privilegiada de la senda que van trazando mis hijos.

He aprendido que los corzos, ladran. Y que a los sapos les gusta ponerse en mitad del camino, y jugar a dar sustos en la oscuridad.
He intuido la suavidad de las plumas de la cabeza del alimoche. Y he querido vestirme con el mismo precioso amarillo con el que se adorna.

He experimentado, como las horas nocturnas disfrutan saliendo a bailar con emociones y sentimientos.
Y así, tristeza, agradecimiento, respeto, miedo, confusión, serenidad y cariño profundo, van trazando pequeños minuetos con las manecillas del reloj.


He comprobado que los revisores de trenes pueden ser barómetros de temperaturas externas e internas.
Que con un lápiz en la mano, puedes conseguir acortar o alargar los mapas, a voluntad.
Y también, que por mucho que yo espere frente al agua, si ella no quiere, no me mostrará lo que se oculta entre las hierbas. Incógnita permanente, la identidad de ese sonido, de esa vida.

Me queda, lo fácil que puede ser renunciar a una parte, cuando sentía que perdía un todo.
Y también,
la dulzura del respeto,
la maestría del cariño para disolver heridas,
la certeza de lo incuestionable frente al poder de la inseguridad,
lo efímero y equívoco de la distancia,
el valor incuestionable de las palabras...y de los silencios.
Junto con la confirmación de que la confianza en aquello que habita, crece y se expande en manantiales internos, tiene que ser más fuerte que los vientos inciertos que a veces imagino afuera.


Y el saber que el deseo de todo un verano en compañia, como camino natural...es un anhelo inapreciable no reconocido, que deja un gusto extraño en mi interior.

11 julio 2012

madrid

Voy en el autobus, de vuelta a casa. Cuatro horas de camino por delante.
El sol pega con fuerza en los cristales.
Charles Chaplin se mueve en las pantallas de la televisión, aunque sus gracias no consiguen siquiera esbozar una sonrisa en tantos rostros concentrados en otras pequeñas pantallas.

Me gustaría dormirme, aletargarme un rato, pero no encuentro una postura que me lo permita.
Alguien detrás de mí, comienza una conversación por el móvil.
Es un hombre jóven, con acento de algún lugar que no identifico.

Habla del viaje que está haciendo. Del trayecto que estamos compartiendo.
Se va a Madrid.
A vivir.

Le dice a la persona que le escucha al otro lado del teléfono, que no quiere pensar, que ha decidido dar ese giro a su vida, y que está convencido del paso que ha dado.
Que está contento.
Ha encontrado un piso compartido, junto con dos chicos más.
Y comienza a describirle en que zona de Madrid se encuentra, como es, sus planes allí...

Hay ilusión en su voz.
Mucha.
Y una clara determinación.

Pienso en girarme, para poder ver su cara. Para poder ver el reflejo de ese futuro en sus ojos, en la expresión de su cuerpo.

Pero no lo hago.
No es necesario.

Con el esbozo que se dibuja en mí de su rostro, es suficiente.
Con los ecos que tiene ese giro, ese cambio de vida, me basta.

Quizás sea porque yo también me siento de mudanza.

Dejo de escuchar, y miro por la ventanilla.

Un halcón mediano de tonos terrosos, vuela sobre los campos de trigo, en mi misma dirección.


10 julio 2012

peso específico

Estoy tumbada.
Siento murmullos de miles de conversaciones a mi alrededor.Me llegan las palabras, pero no las comprendo.
Desisto de seguir intentandolo, y dejo que la arena se deslice entre mis dedos. Sin más.
Dudo entre hacer un viaje al silencio o buscar el elogio de la sombra.
Estoy inquieta y me cuesta que el placer de la lectura encuentre eco hoy en mí.

Me tumbo soltando un suspiro.
Miro hacia arriba y abro los ojos.
Me doy cuenta entonces, de que las nubes tienen una nueva propiedad: pesan.

Pesan mucho

07 julio 2012

prefiero que quieras

Ayer iba en el autobus, de vuelta a casa, leyendo.
Sentadas, delante de mí, dos personas hablando.

Inevitablemente, llegó a mis oidos parte de la conversación.
Trozos relativos a alguien, sujeto protagonista, que pasaba por una situación delicada, y frente al cual, una de esas personas, se planteaba que "tenía que" llamarle, o ir a verle, porque, aunque no le apetecía mucho, sentía que "tenía que" hacerlo. Junto con un "es que, pobre, fijate que mal lo está pasando"

Tener que

Sentí una tristeza infinita.
No por la persona que supuestamente estaba atravesando esa momento delicado.
Si no por esa situación en la que alguien, se siente en la obligación de ver a otro alguien, por pena, caridad, deber, compasión...o no se que rebuscado sentimiento.

Creo que tendemos (yo me incluyo, por supuesto) a caer con relativa facilidad en el uso del verbo "tener que". Sin darnos cuenta que al pronunciarlo estamos mandandonos a nosotros mismos un mensaje de obligatoriedad, que no tiene por que ser tal.
Caemos en convencionalismos sociales que al intentar cumplirlos desde ese deber, desde esa obligación, muchas veces causan más mal que bien al otro...y a nosotros mismos.
¿Tu crees que esa persona sobre la que hablaban, tendrá ganas de que alguien vaya a verla por obligación, por pena, sin ganas?
No me des la respuesta.

Como estas situaciones, tantas otras.
Pero creo que en ninguna cobra tanta importancia esta frase, como en las relaciones personales.

Me he hecho el firme proposito, de intentar dejar de pronunciar esas dos palabras juntas.
En cuanto a relaciones se refiere, voy a empezar a usar el "quiero", el "me apetece", el "voy a". Desde mi consentimiento. Desde mi afirmación personal de estar de acuerdo con dar ese paso, y hacerlo de manera consciente y plena. Para que no haya cargas negativas escondidas detrás de mis palabras y mis actitudes. Para que mi sonrisa pueda ser plena, sincera y profunda.

Por eso, si no te molesta, quiero pedirte un favor.

Que entre nosotros no haya nunca un "tener que".
Que cuando pienses en mí, no te surja el decir, "tengo que...llamar, escribir, estar atento, comentar", en base a un estado concreto mio, al propio paso del tiempo, a una sensación de obligatoriedad por cuidar las formas, las amistades, los compromisos.
Que nuestra relación pueda partir siempre de un paralelismo, de un encontrarnos al mismo nivel para poder mirarnos a los ojos. Que no haya nadie que se encuentre por encima del otro, para poder verlo desde allí. Que no haya penas, compasiones, deberes, compromisos...

Prefiero que conmigo te surja, la sonrisa amplia cuando me mires.
Prefiero poder mirarte a los ojos de frente

Prefiero que quieras, a que tengas


05 julio 2012

presencia

No siempre es igual.
Es hábil y sabe disfrazar su presencia para que adquiera formas diversas.

En ocasiones es, como una tormenta de verano. Imprevista, ruidosa y breve.
Otras, como el llanto de un niño que perdió su juguete. Inconsolable.

Puede llegar como el rumor sordo del viento frente al mar en plena galerna. Potencias enfrentadas creando una sinfonía única e irrepetible.
O bien, como esa callada melancolía que invade a veces en las tardes de primavera en un jardín.

Puede ser ese algo callado que susurra en la mirada de los ancianos.
O disfrazarse de aquello que se encuentra en el fondo de los ojos de una madre desbordada por las energias de sus hijos.

Suele soplar su aliento con levedad, de manera tan sutil e imperceptible, que tardas en darte cuenta de que está a tu lado desde tiempos inmemoriables.
O arañar con fuerza hasta quedar enganchada para no caer, causando heridas tan profundas, que son imposibles de curar.

Si abres tu puerta, y le haces un hueco en tu dormitorio, en tu salón, en tu cocina, puedes llegar a experimentar el bálsamo de su consuelo, de su amistad.
Pero también es cierto, que puede doler, como nada en el mundo.

Es la causa del grito más callado, ese que brota de fondos oscuros absolutamente desconocidos e inexplorados.
Y también del silencio más desgarrador, aquel que surge con fuerza del pecho y se arroja a los abismos de las presencias humanas que le rodean encontrando eco en cada una de ellas.

En ocasiones, está distante.
Pero la mayoria de las veces, como me ha dicho hoy mi amigo Héctor Roberto, el único que se ha atrevido a acompañarme en esta tarde:
 "Todo me queda cerca. Hasta la soledad"

Cerca, muy cerca.
Presencia implacable hoy

tres o cuatro paradas

Me dije a mi misma, que quería contar su historia.
Y eso me dispongo a hacer.

Duró tan solo tres o cuatro paradas de tranvía.

Ella estaba parada ante la máquina expendedora.
Supuse que era una turista, aunque su indumentaria no hiciera pensar que lo fuera.
Vestido elegante, bolso marrón, tacones infinitos, gafas grandes de sol.
Un cierto aire a Audrey Hepburn.
Se la veía un poco perdida ante la pantalla, sin saber muy bien que hacer, intentando sacar un billete.
En aquel momento, oimos acercarse el tranvía a la parada.
Se veía que no le iba a dar tiempo a sacarlo y validarlo.
Y en aquel momento se acercó él.

Un hombre joven, sencillo, con ropa de sport. Supuse que de la ciudad.

Mientrás el tranvía paraba, y los que estabamos allí ibamos subiendo, él la ayudó a sacar el billete, arriesgandose a perderlo y quedarse en el andén.
Y en el último segundo, antes de que las puertas se cerraran, consiguió subir con ella.

Se quedaron de pie en la puerta, justo al lado de donde yo me había sentado. Por eso pude observarlos.

Estuvieron comentando lo ocurrido.
Él le comentó que no había validado el billete, y que debía hacerlo en la propia parada del tranvía, que era bueno que lo supiera para lo próxima vez.
Ella le preguntó algo sobre el museo. Él le respondió.
Cosas banales. Típicas de la conversación entre dos desconocidos.

Ella se colocó las gafas en la cabeza, dejandole ver unos ojos impecablemente maquillados, igual que sus  rojos labios. Con una pose de mujer acostumbrada a que la admirasen.
Y él, así lo hizo.

Poco más pudieron decirse.

Ella se apeó enseguida.
Bajó del tranvía, y comenzó a caminar calle arriba, moviendo sus caderas al compás de sus altos tacones, sujetando el bolso en mitad de su brazo, y colocando sus gafas de sol en el lugar pertinente, con elegancia.
Él se quedó.

Ví como la miraba mientrás se alejaba.
El tranvía arrancó de nuevo, y la adelantamos.
Él dejó  de mirarla.

En aquel momento, inclinó la cabeza, miró al suelo...y sonrió.

Una sonrisa dulce e intensa se dibujó en su rostro.
Y ya no volvió la vista para buscarla.
No hacía falta.
Se veía claramente como, la huella de ella, había quedada dibujada en el fondo de su retina.

Me gusta pensar que quizás perdure ahí, durante mucho tiempo.
Tanto como él quiera alargar ese dulce sueño de una imagen fugaz y etérea que su memoria seguramente, ya habrá comenzado a distorsionar.

En la mia quedará, sin duda, la huella de esa sonrisa en su rostro.



21 junio 2012

enraizada





Algo así, era yo esta mañana.
A primera hora, antes de que el sol calentase con fuerza, con música suave acompañandome en mi caminar (me aporta una extraña serenidad), me daba cuenta, de que me sentía "enraizada".

Es una sensación extraña. De tener los pies fuertemente asentados en el suelo, sabiendo que cada cosa está en su sitio, y tiene su ritmo propio.
Que mis tareas, como las del árbol, son nutrirme,
y crecer hacia lo profundo y hacia arriba y hacia los lados,
y ofrecer cobijo y alimento,
y observar la vida y respetar el ritmo, tanto el mio, como el de todo aquel que habita el bosque.
Sintiendo que hay fortaleza suficiente en aquello que me sustenta, como para que el viento no me desplace. Y a la vez, sabiendo que las ramas son flexibles para ir adaptandose a lo que pueda venir.

Pero también...siendo consciente, de que, parte de esas raices, estan al aire, y requieren una cuidado especial. Reclaman más atención. Y a la vez, son más delicadas.

Conjunción extraña.
Todo está en su sitio.
Y a la vez...todo puede ser inestable.
El árbol más robusto del bosque, corre el riesgo de tambalearse


09 junio 2012

telas de araña

Tarde de nombres propios.

Gewürztraminer
Sarah Maitland
Churchill
Saraband
Val do Sosego

Quizás me falte la banda sonora de esta tarde extraña, de soledad alrededor, de posibilidades multiples. Pero no me veo con fuerzas para escuchar a Bach. Tengo que buscar otra cosa.

Me siento en la terraza.
Oculta tras el sombreador, escucho a alguien batir los huevos para hacer una tortilla. Se acerca la hora de cenar.
Me rodea el canto de los gorriones, de las palomas, de las urracas, y de algun otro pajarillo que no puedo identificar.
El vecino con la compra llega a su cocina.
La vecina de al lado riega las plantas.
Estoy en una pequeña selva, porque en mis macetas crece todo aquello que decide venirse a vivir aqui. Y cada año llega un inquilino nuevo. Violetas, espliego, menta, campanillas...
Soledades paralelas


Hay nubes.
Ojala lloviera.
Pero no va a ocurrir.

Tener una tarde así, es un lujo. Pero mi cerebro aun se empeña en hacerme sentir culpable, por "perder el tiempo" viendo una película y leyendo un buen libro.

Telas de araña.

Últimamente siento muchas veces, la lucha interior entre un sentimiento fuerte de frustración por no haber hecho muchas cosas que hubiera debido/querido hacer en otros tiempos. Y la consciencia plena, de que he vivido lo que he podido/querido.
Pero esas tantas cosas pendientes, a veces consiguen convertirse en pesada roca, más que en poderosas alas.
Y aunque yo misma me digo que hay tiempo para todo, que nunca es tarde...bla,bla,bla... soy consciente de que no es así.
Hay tiempo para lo que hay tiempo. Y ya está.
Desde luego, para todo seguro que no.
El tiempo que tenemos, es éste.
Solo éste.
Asi que... mejor será aprovecharlo.

Y eso le digo a mi mente, cuando sigo con mi vaso de vino, mi libro en la mano, tumbada en la terraza, y con el buen sabor de la pelicula en mi interior.
Que estoy aprovechando el tiempo.

Hay demasiadas telas de araña alrededor, como para perderlo


08 junio 2012

llamalo como quieras

Me hablan de amor,
y yo sonrio y callo.
Hablan de nuevos comienzos,
oportunidades, no cerrar puertas...

Qué es el amor y quien lo define.
Eso me pregunto.

¿El amor es sentir fuego en las entrañas?
¿El amor es la necesidad insaciable de alguien?
¿El amor es sentir que no puedes vivir si no estas a su lado?
¿El amor es perderte en sus ojos y no necesitar ver más alla?
¿El amor es ese compromiso permanente de futuro y ese juramento de fidelidad eterna?

Si esto es el amor, creo que no lo necesito. Gracias


Prefiero sentir,
que hay alguien con quien puedo hablar y para quien es importante lo que yo expreso
que hay alguien en quien reclinarme y sentir su cercania, su escucha, su comprensión...
que existe alguien con quien puedo contar, cuando las cosas fallan
que hay alguien con quien poder reir...y también llorar
que sé con quien puedo tomarme un café
que hay con quien compartir aficiones, escuchas, gustos, miradas, ...
que existe alguien, con quien todo es fácil, y cuando no lo es...el respeto mutuo ayuda a limar asperezas.
que hay un lugar donde compartir silencios y no solo palabras.

Poder experimentar esto,
a ráfagas,
en pequeños o grandes momentos,
con uno, tres, cinco o varios,
con hombres o mujeres,
de mi edad o de la edad de mi madre o de la edad de mi hija,
aqui o a 800 kilómetros,
como una suave brisa, o como la ola que te inunda entera.

Eso sí lo busco.
¿Es amistad? ¿Es amor?.
Y yo respondo...¿acaso importa?

Da igual. Llamalo como quieras.
Ya no quiero poner nombres, cuadricular,  tener que encajar dentro de un marco, lo que vivo, lo que siento, lo que experimento.

Simplemente, permiteme un consejo.
Si lo encuentras, si reconoces esto en tu vida...saborealo con gusto, guarda su recuerdo y da gracias por tener o por haber tenido, la dicha de poder sentirlo.
Su esencia, siempre acompañará tu caminar

06 junio 2012

sueños

Si alguien te dice un dia: "Quizás sea el momento de que tires tu sueño a la papelera", seguramente tu respuesta sea algo parecido a "¿Pero estas loco? ¡Con lo que me ha costado conservar este sueño, mantenerlo vivo, lograr que me acompañara durante tantísimo tiempo!!! ¿como lo voy a tirar?".
Casi con total seguridad, te darías la vuelta y obviarías el consejo

Si ese mismo alguien te dice: "El peligro que tienen los sueños, es que, si por un casual consigues realizarlo, corres el riesgo de ver solo el sueño, pero no, a la persona que tienes al lado".
Entonces, casi con total seguridad, te quedarias pensando en esas sabias palabras. Acto seguido, valorarías la importancia de ese sueño, lo que pensabas que podría aportarte, las posibilidades de que se cumpliera segun querías...y lo pondrías en la balanza frente al riesgo de que se pudiera darse ese no ser capaz de ver.

Y optarías.
Por uno de los dos caminos.

Mantener tu sueño pese a todo.

O...hacer una hermosa bolita de papel con él, lanzarlo con parábola, y meter canasta en la papelera.

No hace falta que te cuente que hice yo, ¿verdad?



Correr riesgos.
Confiar.
Optar.
Atreverse.
Renunciar.

Dejar en el camino los utensilios que no se usan y que estan oxidados de tantos sueños acarreados y envejecidos...y crear espacio suficiente para que nuevas posibilidades puedan florecer.

Quizás, si optas por hacerlo, puedas descubrir en tu ventana, el fruto de una renuncia y de la confianza entregada.

Flores abiertas












04 junio 2012

concierto para clarinete


Locura de tarde.
Lo que menos pensaba era, haber hecho lo que he hecho.

Ha venido una amiga a visitarme, para ver como estaba.
La he acompañado al Auditorio paseando tranquilamente, porque ella tiene su abono para los conciertos de primavera, y hoy era el último.
La he dejado alli, feliz por lo que iba a poder disfrutar, y me he ido, con cierto pesar, porque sabía que era una ocasión que merecia la pena.
El Requiem de Mozart. 
Pero estaba casi segura de que no había entradas, y además... era muy caro.

Y cuando ya estaba en la entrada del parque, en la parada del bus, con el autobus llegando... me llama para decirme que habia gente en el coro, que seguramente quedarían entradas...y que iban a tocar el concierto para clarinete y orquesta KV 622.
Conocido porque forma parte de la banda sonora de la pelicula "Memorias de Africa"

Y al decirme esto, no lo he pensado más
Me he ido para allá.
Quedaba menos de un cuarto de hora.
Sube corriendo la cuesta, cruza con el semáforo en rojo, llega a la taquilla, aguarda a que atiendan a los que estan delante, y pregunta
-¿Hay entradas de coro?
-No, solo quedan de anfiteatro.

Ya no te cuento, lo que costaban
Solo te digo, que he entrado al concierto.

He pensado que, si había llegado hasta allí, era por algo.
Y que merecería la pena.


Y debo confesarte, que el Requiem para Mozart, me ha gustado.  Sobretodo, la parte Lacrimosa de la Sequentia.
(Aunque creo, que si hubiera podido escucharlo en otro lugar, en una catedral seguramente, me hubiera gustado más)

Pero el concierto para clarinete...ha sido muy especial.
Y no precisamente, porque viera a Robert Reford, lavandole la cabeza  con tanta ternura, a Meryl Streep.

Esa música me traia, muchos otros recuerdos.
Esas notas resonaban con otras imagenes muy diferentes en mi cabeza
Y mi corazón ha disfrutado gozoso, de esa interpretación en directo, de ese clarinete vertiendo con tanta maestría, tantas cosas dificiles de poner en palabras.

Ha merecido la pena.
Aunque solo haya sido por poder revivir algunas cosas.
Aunque solo sea, por poder pasear de nuevo por las estepas de África.