24 mayo 2013
nueve cartas
Nueve cartas atadas por un cordel, sobre mi mesa.
Alguien jugando (llámalo azar, destino, vida, suerte, Dios...) coloca juntos a nueve desconocidos para que compartan nueve papeles, nueve formas de vivir, de expresar, de amar, de respirar, de afrontar...
El esbozo a base de palabras, del compartir pequeños retazos de vida una vez por semana.
De la reserva a la entrega.
De la desconfianza a la mirada agradecida.
De la obligación, al deseo de estar.
Hora deseada de los domingos.
Rozar el misterio inaccesible de cada vida.
El preciado regalo de quien se esfuerza en recoger aquello que habita su corazón: agradecimiento, sorpresa, confianza, recorrido, trayecto, escucha, entrega...
La pureza del sonido que emiten los sencillos.
Nueve luces y sombras, formando parte de un pequeño entramado familiar y cercano, del ramaje de un bosque habitado y fermentado, que seguirá emitiendo voces y sones.
Que seguirá emitiendo vida.
23 mayo 2013
Habitar algo de lo que deseas.
Habitar en el sudor escondido,
en los silencios de tu respiración.
Y en el cajón donde guardas aquello que es tesoro,
y en un sabor intenso que te perdure en la mirada limpia,
y en aquel olor que eriza tu piel al rozarla.
Habitar,
tan solo una vez más,
tan solo un leve instante...
tus pliegues.
21 mayo 2013
19 mayo 2013
17 mayo 2013
Tan solo un par de mayos o tres.
Hace frio. El cierzo vuelve a soplar con fuerza.
Me muevo por la cocina, preparando la verdura. Borraja.
Es el día perfecto para saborearla. Así lo he decidido.
¿Te conté que en un escaparate vi una colección de joyas inspirada en la flor de la borraja?. Es una pequeña flor de un color muy especial.
Dicen que mayo es el mes de las flores.
Recordar el olor de esas flores que se van abriendo. Despacio.
¿Te has dado cuenta de que han sido un par de mayos o tres?
Tan solo eso.
No es mucho si contemplamos la cantidad de meses que hemos vivido ¿no?
Y sin embargo, han bastado para crear un hito, un antes y un después, una frontera sin barreras ni guardianes. Simplemente una línea que señaliza, desde lo tenue e invisible.
Atravesar espacios que suponen cambios en el paisaje.
Atreverse a dejarse atravesar.
Que algo (que alguien) recorra espacios ocultos hasta para ti mismo.
Conjugar la ternura, la confianza, el agradecimiento y el amor, y dejar que sean ellos quienes decidan, en que momento se hace visible cada uno.
Memorizar olores.
Un par de mayos o tres.
Y seguir combatiendo a la fiera en tus noches oscuras. Como arma, tan sólo unas alas.
Y seguir buscando a la que permanece todavía oculta en mis bosques. Aunque algunas noches puedo reconocer ya sus fauces.
Bueno, ya está.
A veces es real lo de que "el tiempo vuela".
¿Para acompañar la verdura?
Sí, un vino estaría bien.
Ese de nombre impronunciable sería estupendo...si no fuera por el precio.
Pero siempre podemos paladear su recuerdo.
Me muevo por la cocina, preparando la verdura. Borraja.
Es el día perfecto para saborearla. Así lo he decidido.
¿Te conté que en un escaparate vi una colección de joyas inspirada en la flor de la borraja?. Es una pequeña flor de un color muy especial.
Dicen que mayo es el mes de las flores.
Recordar el olor de esas flores que se van abriendo. Despacio.
¿Te has dado cuenta de que han sido un par de mayos o tres?
Tan solo eso.
No es mucho si contemplamos la cantidad de meses que hemos vivido ¿no?
Y sin embargo, han bastado para crear un hito, un antes y un después, una frontera sin barreras ni guardianes. Simplemente una línea que señaliza, desde lo tenue e invisible.
Atravesar espacios que suponen cambios en el paisaje.
Atreverse a dejarse atravesar.
Que algo (que alguien) recorra espacios ocultos hasta para ti mismo.
Conjugar la ternura, la confianza, el agradecimiento y el amor, y dejar que sean ellos quienes decidan, en que momento se hace visible cada uno.
Memorizar olores.
Un par de mayos o tres.
Y seguir combatiendo a la fiera en tus noches oscuras. Como arma, tan sólo unas alas.
Y seguir buscando a la que permanece todavía oculta en mis bosques. Aunque algunas noches puedo reconocer ya sus fauces.
Bueno, ya está.
A veces es real lo de que "el tiempo vuela".
¿Para acompañar la verdura?
Sí, un vino estaría bien.
Ese de nombre impronunciable sería estupendo...si no fuera por el precio.
Pero siempre podemos paladear su recuerdo.
15 mayo 2013
caminos de ida
He hecho el recorrido de ida de un viaje de despedidas.
Situarme frente a una línea intermitente que atraviesa en destellos fugaces toda mi infancia, toda mi vida.
Y decirle adiós.
Cruzar el umbral 312.
Y tener que decidir el juego al que quiero jugar. Y respetar por supuesto, el juego del otro.
Jugar a lo de siempre: a la cortesía, a los rodeos, a lo políticamente correcto.
O jugar a desnudarnos y atrevernos a tocar, aunque sea con la punta de los dedos, esa esencia que se encuentra tan protegida en nuestro interior. A pesar de no haberlo hecho nunca antes.
Y optamos por jugar a desnudar.
Y me encontré con el misterio de la capacidad del ser humano de mirar a los ojos, al pasillo oscuro de la propia muerte, dándole la mano a la esperanza y la serenidad, para poder bailar con ellas una danza última que nadie sabe cuanto puede durar.
Y descubrí la capacidad del ser humano de tejer redes de afectos, sostenidos en multiples puntos, para que no sea solo uno el que tenga que mantener el peso. Puntos que se apiñan y se aúnan, cuando hay que sostener. Desde el calor, el afecto, lo vivido a través de los años.
Y dejé, y dejamos, que las palabras se hundieran en esas profundidades nunca profanadas antes.
Y fuiste capaz de conjurar miedos, dudas y certezas.
Y barrimos dogmas, y reconocimos el amor que protege y empuja y cuida.
Y situamos a Dios en aquel cuarto.
Y nos reconocimos como islas comunicadas por debajo.
Y los Beatles en el año 65, y Michael Jackson, y los musicales en Madrid, y el mejor concierto de Maná, y los viajes y los postales de todo el mundo, y Alemania, y los S.S., y los bolsos de plástico con setas dibujadas, y mi muñeca japonesa preciosa, y las visitas, y los sueños...todo junto, se fue apiñando en el espacio alrededor nuestro, tiñendo de un color precioso las ultimas horas de esa tarde.
Y pude sostener por primera y por ultima vez entre mis manos, las manos de alguien que respondía a mi caricia y a la desnudez.
Después, emprender el viaje de vuelta.
El cansancio debería de haber llenado todos los espacios. Pero otras cosas con más calado se empeñaban en estar ahí. Gritando para que las escuchara, para que absorbiera todo lo vivido, para que nada se perdiera.
Un nuevo legado.
Y entre tanto grito, no conseguía ver el camino.
Entonces, en mitad de la noche, desde el arcén de una carretera, con el sonido de un intermitente acunándome de fondo, una voz me fue ayudando a encontrar donde estaba el camino de vuelta a casa.
Situarme frente a una línea intermitente que atraviesa en destellos fugaces toda mi infancia, toda mi vida.
Y decirle adiós.
Cruzar el umbral 312.
Y tener que decidir el juego al que quiero jugar. Y respetar por supuesto, el juego del otro.
Jugar a lo de siempre: a la cortesía, a los rodeos, a lo políticamente correcto.
O jugar a desnudarnos y atrevernos a tocar, aunque sea con la punta de los dedos, esa esencia que se encuentra tan protegida en nuestro interior. A pesar de no haberlo hecho nunca antes.
Y optamos por jugar a desnudar.
Y me encontré con el misterio de la capacidad del ser humano de mirar a los ojos, al pasillo oscuro de la propia muerte, dándole la mano a la esperanza y la serenidad, para poder bailar con ellas una danza última que nadie sabe cuanto puede durar.
Y descubrí la capacidad del ser humano de tejer redes de afectos, sostenidos en multiples puntos, para que no sea solo uno el que tenga que mantener el peso. Puntos que se apiñan y se aúnan, cuando hay que sostener. Desde el calor, el afecto, lo vivido a través de los años.
Y dejé, y dejamos, que las palabras se hundieran en esas profundidades nunca profanadas antes.
Y fuiste capaz de conjurar miedos, dudas y certezas.
Y barrimos dogmas, y reconocimos el amor que protege y empuja y cuida.
Y situamos a Dios en aquel cuarto.
Y nos reconocimos como islas comunicadas por debajo.
Y los Beatles en el año 65, y Michael Jackson, y los musicales en Madrid, y el mejor concierto de Maná, y los viajes y los postales de todo el mundo, y Alemania, y los S.S., y los bolsos de plástico con setas dibujadas, y mi muñeca japonesa preciosa, y las visitas, y los sueños...todo junto, se fue apiñando en el espacio alrededor nuestro, tiñendo de un color precioso las ultimas horas de esa tarde.
Y pude sostener por primera y por ultima vez entre mis manos, las manos de alguien que respondía a mi caricia y a la desnudez.
Después, emprender el viaje de vuelta.
El cansancio debería de haber llenado todos los espacios. Pero otras cosas con más calado se empeñaban en estar ahí. Gritando para que las escuchara, para que absorbiera todo lo vivido, para que nada se perdiera.
Un nuevo legado.
Y entre tanto grito, no conseguía ver el camino.
Entonces, en mitad de la noche, desde el arcén de una carretera, con el sonido de un intermitente acunándome de fondo, una voz me fue ayudando a encontrar donde estaba el camino de vuelta a casa.
10 mayo 2013
la profundidad de las huellas que no vemos
¿Sabes?
Me gustaría saber que hace el cuerpo con todo aquello que no ha podido sacar fuera de él, que no ha conseguido brotar, que necesitaba traspasar las barreras de la piel pero no llega a ver la luz.
¿Realmente tiene capacidad de reabsorberlo?
¿Queda en el interior, latiendo despacio, hasta que se va apagando poco a poco?
¿O estará latente, agazapado, dispuesto a brotar en cuanto tenga ocasión de ello?
La risa rota.
El beso apagado en los propios labios.
El llanto retenido en un pozo interno durante años.
El deseo sin otra piel que lo escuche.
La pronunciación de un rostro amado.
Los sueños consumidos.
De lo que estoy convencida es de que todo lo que queda dentro,
lo que cae,
lo que se posa,
lo que espera,
acaba dejando una huella.
Quizás, más profunda de lo que creemos.
Me gustaría saber que hace el cuerpo con todo aquello que no ha podido sacar fuera de él, que no ha conseguido brotar, que necesitaba traspasar las barreras de la piel pero no llega a ver la luz.
¿Realmente tiene capacidad de reabsorberlo?
¿Queda en el interior, latiendo despacio, hasta que se va apagando poco a poco?
¿O estará latente, agazapado, dispuesto a brotar en cuanto tenga ocasión de ello?
La risa rota.
El beso apagado en los propios labios.
El llanto retenido en un pozo interno durante años.
El deseo sin otra piel que lo escuche.
La pronunciación de un rostro amado.
Los sueños consumidos.
De lo que estoy convencida es de que todo lo que queda dentro,
lo que cae,
lo que se posa,
lo que espera,
acaba dejando una huella.
Quizás, más profunda de lo que creemos.
05 mayo 2013
04 mayo 2013
en las alas de una oropéndola
Mis dedos acaban de recorrer un largo tramo por tu columna.
De abajo a arriba.
Despacio. Parándome en ella y dejando que su tacto me inundara.
Cada vértebra es una emoción reflejada.
Unas tienen fuerza, otras se diluyen. O te difuminan.
Con sabor a tierras conocidas. Con olor a huellas de tus pisadas.
Una extraña mezcla de cansancio y tranquilidad me va acunando, al compás de unas olas que se mueven muy despacio.
Como en ese mar del que hablábamos un día.
Y mientras me quedo quieta, pero sin aguardar ya, sin esperar, sin calcular, sin confiar,
sigo contemplando la superficie de un lago en el que las ondas de la piedra que ha caído, van diluyéndose, perdiéndose poco a poco, en una orilla habitada.
Dejo que el misterio de escuchar a la piel, siga creciendo a sus anchas.
Y permanezco a la escucha de la sabiduría de la intuición y de la voz del agua.
Me he ido en busca de la oropéndola que ví ayer.
Sus colores son siempre para mí, señal de advertencia: el peligro de no proteger(me), de no escuchar(me).
No he conseguido verla. Tan solo escucharla, mientras ella me contemplaba a mí, escondida entre los árboles.
Parece que no todo lo que se desea, se puede conseguir.
Y al llegar a casa, un regalo inesperado:
anémonas.
Su blancura, ha terminado de mecer mis sueños.
01 mayo 2013
30 abril 2013
29 abril 2013
el eco de tus pasos por las calles de Tokyo
Un pequeño pajarillo, un herrerillo común, me contempla desde su pequeña ventana cuadrada y me trae en su pico, noticias tuyas.
70 NIPPON.
Monte Fuji.
Santuario de Arakura.
La blancura de la cumbre blanca, se entremezcla con la de las flores del cerezo.
Todo trae aromas lejanos. Desconocidos.
A veces se anhela lo que no se conoce.
Te imagino paseando por aquellas calles de Tokyo, ordenadas y pulcras, llenas de gentes, cosmopolitas, agobiantes a veces, llenas de encanto y misterio otras.
Esa cultura extraña para nosotros, y que sin embargo nos atrae de una manera tan especial.
Aprender la valiosa lección de recibir lo que el presente nos trae y no, lo que nuestra mente organiza y desea.
Dar los pasos en función del camino, y no de nuestros sueños.
Ser feliz incluso a pesar de nosotros mismos.
Hoy me apetece ponerte a ti, en este canto.
Quizás por que mandaste hasta los rincones de mis parajes, aires con sabores diferentes.
Quizás por la impronta que deja la huella de tu vida. O la huella de la vida en ti.
O simplemente, por ser el eco de un sueño, de un silencio, al otro lado del mundo.
25 abril 2013
Me preguntan por ti
y no se bien que decirles.
Quizás que alguna isla
se enamoró de tu cuerpo
y lo convirtió en su istmo.
O que una princesa
de algún cuento, de alguna noche,
te cosio al borde de su falda.
Quizás te perdiste
entre las letras de un mapa equivocado
y no sabes regresar.
A mí me gusta imaginarte
rodeado de tierra roja,
sumergido en agua luminiscente
con el sol y la lluvia acariciando tus mejillas,
en un lugar donde las olas no pueden golpearte.
Respiro tu silencio y tu ausencia
y sigo pidiendole a tus dioses
que te dejen volver
y no se bien que decirles.
Quizás que alguna isla
se enamoró de tu cuerpo
y lo convirtió en su istmo.
O que una princesa
de algún cuento, de alguna noche,
te cosio al borde de su falda.
Quizás te perdiste
entre las letras de un mapa equivocado
y no sabes regresar.
A mí me gusta imaginarte
rodeado de tierra roja,
sumergido en agua luminiscente
con el sol y la lluvia acariciando tus mejillas,
en un lugar donde las olas no pueden golpearte.
Respiro tu silencio y tu ausencia
y sigo pidiendole a tus dioses
que te dejen volver
23 abril 2013
20 abril 2013
18 abril 2013
abril
Nos hemos adentrando
en las sombras prometedoras de cinco, seis árboles.
Los primeros del bosque.
Buscando bajo sus copas alguna brisa
que trajera rincones comunes,
posibilidades y deseos a nuestras manos.
Quizás no haya sido nuestro tiempo.
Quizás las necesidades estuvieran equivocadas.
Pero agradezco que en algún momento,
tu sabor haya dejado la impronta de la alquimia de los sueños.
09 abril 2013
Sólo el rumor del viento fresco
se cuela por las ventanas entreabiertas,
en una caricia continua
a una piel
cada vez más desnuda,
cada vez más atravesada.
La orilla del manantial va cambiando.
Se producen ondas
con cada respiración profunda.
Entre piedras y barro,
van brotando semillas azarosas.
No digas que me echas de menos.
Tus pasos ya no se oyen en los pasillos.
se cuela por las ventanas entreabiertas,
en una caricia continua
a una piel
cada vez más desnuda,
cada vez más atravesada.
La orilla del manantial va cambiando.
Se producen ondas
con cada respiración profunda.
Entre piedras y barro,
van brotando semillas azarosas.
No digas que me echas de menos.
Tus pasos ya no se oyen en los pasillos.
03 abril 2013
01 abril 2013
31 marzo 2013
22 marzo 2013
Claudio Abbado
Raices.
La esencia encarnada del árbol.
Raices que de pronto se convierten en ramas.
Ramas mecidas por el viento o la brisa suave.
Raices con alas
extendiendose por cada respiración.
Me han cautivado unas manos.
Manos con alma de raiz,
capaces de dar vida al aire,
de dibujar brotes de música.
Manos meciendo al mundo,
al compás de un susurro
y de las entrañas de la primavera.
Manos espejo,
de aquel que las mueve y las habita.
¿Y sabes?
Esas manos eran,
como serán las tuyas.
Boceto de la misma vida brotando.
La esencia encarnada del árbol.
Raices que de pronto se convierten en ramas.
Ramas mecidas por el viento o la brisa suave.
Raices con alas
extendiendose por cada respiración.
Me han cautivado unas manos.
Manos con alma de raiz,
capaces de dar vida al aire,
de dibujar brotes de música.
Manos meciendo al mundo,
al compás de un susurro
y de las entrañas de la primavera.
Manos espejo,
de aquel que las mueve y las habita.
¿Y sabes?
Esas manos eran,
como serán las tuyas.
Boceto de la misma vida brotando.
05 marzo 2013
02 marzo 2013
01 marzo 2013
26 febrero 2013
pequeño canto de adios
Me resulta difícil, cantarte a ti y a todo lo que has sido.
Complicado transmitir,
lo que tu presencia, como la de tantos otros pequeños habitantes en otras muchas casas, significa.
Cariño, reconocimiento, compañía, lealtad, dependencia e independencia, responsabilidad, juego, alegría, calor, risas...
Vínculos.
Pequeñas aportaciones a la rutina de un hogar, a lo cotidiano, a lo de cada día.
Ahí estabas. Tumbado en la silla de mi cuarto, vigilando mis idas y venidas.
Desde tu negrura infinita, desde tu pose de pantera pequeña. Desde tu papel de gato de bruja.
Mi canto se dirige a ti, en una acción de gracias, a todo lo que nos has dado.
Descansa.
Y que la tierra te acoja ahora, en sus mullidos brazos.
Complicado transmitir,
lo que tu presencia, como la de tantos otros pequeños habitantes en otras muchas casas, significa.
Cariño, reconocimiento, compañía, lealtad, dependencia e independencia, responsabilidad, juego, alegría, calor, risas...
Vínculos.
Pequeñas aportaciones a la rutina de un hogar, a lo cotidiano, a lo de cada día.
Ahí estabas. Tumbado en la silla de mi cuarto, vigilando mis idas y venidas.
Desde tu negrura infinita, desde tu pose de pantera pequeña. Desde tu papel de gato de bruja.
Mi canto se dirige a ti, en una acción de gracias, a todo lo que nos has dado.
Descansa.
Y que la tierra te acoja ahora, en sus mullidos brazos.
24 febrero 2013
confianza y fe
Me gustan las posibilidades de los encuentros nuevos.
Y los movimientos inesperados de la marea que generan.
Algo fuerte y poderoso, porque nace del reflejo de la ilusión en unos ojos, en una voz.
Esa ilusión germina, y trae confluencias, palabras, gestos, posibilidades, fantasía, realidades, sueños y deseos.
Y trae también, el calor y la calma de un abrazo.
Movimientos de búsqueda germinados en los corazones que no se conforman, y van en pos de aquello que les alimenta.
Desde la confianza más pura.
Aquella que se asienta en la fe.
No necesita ver. Tan sólo creer.
17 febrero 2013
15 febrero 2013
coincidencias y oportunidades
¿Te acuerdas de las conversaciones que hemos tenido sobre el tema de las coincidencias que en ocasiones se dan en la vida?
En la misma semana, tres reencuentros.
Volvió a acercarse hasta mi ventana, alguien con quien he compartido muchos cafés de sabores, muchos "pitis", muchas reflexiones sobre la vida. Y que como la luna, mengua y crece, aparece y desaparece.
Escuché de nuevo la voz, de alguien que se había llevado el viento.
Y venía con la fuerza de los torrentes en primavera.
Y a mitad de semana, en mitad del pasillo, una sonrisa de aquellas que pueden acercar el infinito, iluminó las horas.
Mi dulce niño me miraba desde sus ojos llenos de cariño y hambre.
Juntos otras vez, compartiendo otro pequeño tramo del sendero.
En ocasiones lo más importante del día, puede ser el saber dar un simple abrazo.
En otras, solo puedes guardarlo en el bolsillo de los deseos sabiendo, que las coincidencias no son fortuitas.
13 febrero 2013
10 febrero 2013
09 febrero 2013
07 febrero 2013
corteza y piel
Frío intenso.
Apenas luna. Y las estrellas brillando con fuerza anunciando una noche de hielo en los cristales.
Anoche pensé en llamarte.
Contarte que había conseguido desnudarme un poco más.
Que había logrado deshacer otra prenda de espera, de las que han estado adheridas a mi piel tanto tiempo.
Labor como la del carpintero. Quitar corteza y lijar lo áspero. Llegar a la veta.
Al lugar donde es posible que vaya quedando grabada la vida.
Donde reside la belleza a base de desnudez.
El alivio de sentir que en la piel comienzan a residir multitud de ahoras.
O quizás solo sea un ahora infinito.
No te llamé. Quizás dormías.
Salí fuera y caminé, en busca de otros olores a madera desnuda.
Y te lo conté esta mañana, con los ojos cerrados, mientras el sol calentaba nuestra piel y rincones.
Me miraste, y te confesaste diciendo, algo que ya intuía.
Que los árboles que pierden su corteza, que exhiben su madera desnuda en el bosque, suelen acabar creciendo altos, pero solitarios en mitad de la estepa.
05 febrero 2013
31 enero 2013
como un aniversario
¿Te has fijado al entrar en los colores que tenía ahora mismo el cielo? Que momento más bello has elegido para llegar.
Es una alegría que hayas podido acercarte finalmente a celebrar esta especie de aniversario
Me gusta verte. Y sentir el calor de tus manos.
Son muchos días compartiendo ¿verdad?
En ese impulso que mueve al ser humano de dejar huella de su voz, de encontrar un eco que resuene en otro.
No había hecho consciente la cantidad de vida que hay aquí.
Anocheceres y huellas de sombras. Mañanas y delicias de silencio.
El olor de los colores cuando brotan con fuerza desde el mismo centro del día.
Incomprensiones mudas y el deleite de muchas bellezas surgidas y encontradas.
Y todo aquello que no podía contarte a ti.
Te aseguro que hay días en los que me gustaría ser lo suficientemente fuerte como para no necesitar contar nada.
Dejar que las palabras no dichas permaneciesen en mi retina.
O que esas imágenes fugaces se quedaran prendidas sin más, en ese cajón secreto de las cosas bellas y preciadas.
Como se quedan guardados casi siempre, los olores a viejo o a dolor. O aquellos sabores amargos que no apetece ofrecer a nadie.
Pero no suelo conseguirlo.
Y me acerco hasta aquí en tu busca. Anhelando un encuentro aunque sea efímero.
En esa necesidad de gritar el silencio
Me alegra sentir el goce de poder contarte esto a ti, mientras aspiro ese olor leve y sutil, a lavanda y jabón suave, a escucha y cercanía.
No se porqué, los diálogos imaginarios, suelen ser los más bellos.
27 enero 2013
25 enero 2013
madera y musgo
Camino a tu lado.
El sol de frente nos hace entrecerrar los ojos.
No sé donde está tu mirada.
En algunas ocasiones me resultas oscuro.
Las tinieblas visten ciertas estancias
en las que no quieres que penetre la luz.
No importa.
Me gusta pensar,
que quizás es el mismo aire
el que penetra en nuestros pulmones.
Soy mi propia cotidianidad.
De ella me alimento.
Tu solo eres lo extraordinario.
Llegas desde ese punto al que no puedo acceder.
Como esas pequeñas aves
que consienten a que mi mirada se pose en ellas,
cuando camino junto al agua.
Estaría bien descansar un poco
en algún claro de este bosque.
Siento la certeza profunda
del acallar, del aquietar, como horizonte.
Y a la vez, necesito expresar el silencio.
Gritarlo para que no se rompa.
Me gustaría que cuando caminamos
me cogieses de la mano.
Sobretodo cuando huele a madera y musgo.
23 enero 2013
20 enero 2013
a la sombra de un café
Me gusta imaginar a veces, que estas sentado frente a mí en alguna mesa de un café soleado, con las nubes recorriendo tranquilas el cielo.
Así podría contarte, mirandote a los ojos, mientras remuevo el azucar en mi taza, que ya no me sirven las rutinas.
Que la intención ha de ser puesta en los actos.
Y la conciencia.
Somos nosotros los que decidimos luchar o rendirnos.
Somos nosotros los que, con valentía, seguimos haciendonos preguntas.
¿Tienes respuestas al "¿para qué"? ¿Todavía las buscas?
Quizás solo sea, que me gustaría que me contaras, en ese instante fugaz en que el sol se recorta tras tu espalda, si lo que te importa es favorecer mi luz, o alargar tu sombra.
19 enero 2013
18 enero 2013
algo vivo
Hoy me apetecía contarte, que he conseguido ponerle nombre a otra vivencia que me gusta.
Disfrutar del placer de compartir algo intenso y vivo.
Una pasión.
una alegría,
unos segundos,
un silencio.
Y recrearme en lo genuino del goce de esa corriente interna.
15 enero 2013
dejarme
Yo no hablo.
Tan solo dejo que me hablen.
Permito que ese barboteo
de magma y palabras incandescentes
broten y llenen mi torrente
del color de lo que apasiona.
Yo no hablo,
tan solo dejo que me lleve aquello que brota,
que dirige, que gobierna y avanza,
hasta simas que no se abarcan.
Desde un lugar recóndito
al que no tengo acceso,
del que no se el camino
al que no puedo llegar si quiero hacerlo.
Tan solo si me dejo hacer,
tan solo si no hablo...
me hablan.
14 enero 2013
12 enero 2013
11 enero 2013
lo pequeño, lo callado, lo invisible
El mensaje de un viejo lobo, que sigue recorriendo bosques por latitudes del sur.
La cercanía de su aullido callado y cálido.
El saber de ambos, que las huellas de nuestras pisadas, siempre tendrán sabor a los cuentos y leyendas compartidos. A la tierra de los mismos caminos.
Un correo en el ordenador.
Ese sobresalto en el corazón, de querer que quien llama a la puerta, sea ese alguien que no quieres reconocer que esperas.
La visión fugaz de alguien guardado en el corazón, a quien los kilómetros han llevado lejos. Muy, muy lejos.
Un sobre marrón.
Pequeño, acolchado, suave...
Capas blancas que acogen y guardan.
Su tesoro más preciado: el tiempo.
Tiempo de delicada dedicación.
De atenta atención volcada.
Instrucciones para construir alas. Y dos pequeños latidos que son motores.
Un gesto.
El de alguien a quien no puedo poner cara, pero sí cariño.
El de alguien que en la lejanía, se hace eco de mi voz, y me propaga.
Me lleva más allá de mis fronteras, con generosidad y silencio.
Me multiplica.
Acoger en mi interior cada una de estas pequeñas señales en mi mapa.
Disfrutar de este momento de agradecimiento.
Y del reconocimiento de lo que son.
La importancia de lo pequeño, de lo callado, a veces de lo invisible.
06 enero 2013
05 enero 2013
tener el corazón a la espera
Si tienes la fortuna
de perderte en la mirada de un niño hoy,
podrás quizás llevarte adherida a los zapatos,
parte de la ilusión que sus ojos derraman.
Solo es necesario que aquel día
en que dejaste su mundo,
para pasar al tuyo,
tuvieras la precaución de dejar una rendija abierta.
Y con la confianza
de ese niño que aun habita en ti,
podrás acoger
aquello que no escribiste.
Sabrás tener el corazón a la espera
de lo imprevisible.
subsuelos interiores
Un vagón.
Una madre sentada, con su hija, de unos seis u ocho meses en brazos.
Tiene la mirada perdida en el suelo. Ni una sonrisa se esboza en su boca ni en sus ojos.
La pequeña mira todo con atención. Se fija en cada rostro que distingue. Sonrie, con esa alegría desbordante que solo pueden sentir los bebés.
De pronto, detiene su recorrido.
Sus ojos se han encontrado con otros. Los del anciano que está sentado justo al lado.
Ambos se contemplan durante un par de segundos.
Y dos sonrisas despuntan a la par.
Dos sonrisas muy distintas.
Cansada del recorrido la una, abierta al horizonte la otra.
Entre ellas, el camino de la vida que compartimos todos.
Y en medio, la mirada de la madre, que sigue en un punto infinito e invisible de algun subsuelo interior.
La mano de la niña se alza, buscando al anciano. Él levanta la suya, y la agita saludando a la niña.
Cuando la madre se percata del gesto, hace un gesto mínimo pero perceptible, de retirar a su hija de esa corriente de cariño.
Y el anciano vuelve su mirada a otro punto cualquier, de ese suelo infinito donde se pierden las miradas y las almas.
Una madre sentada, con su hija, de unos seis u ocho meses en brazos.
Tiene la mirada perdida en el suelo. Ni una sonrisa se esboza en su boca ni en sus ojos.
La pequeña mira todo con atención. Se fija en cada rostro que distingue. Sonrie, con esa alegría desbordante que solo pueden sentir los bebés.
De pronto, detiene su recorrido.
Sus ojos se han encontrado con otros. Los del anciano que está sentado justo al lado.
Ambos se contemplan durante un par de segundos.
Y dos sonrisas despuntan a la par.
Dos sonrisas muy distintas.
Cansada del recorrido la una, abierta al horizonte la otra.
Entre ellas, el camino de la vida que compartimos todos.
Y en medio, la mirada de la madre, que sigue en un punto infinito e invisible de algun subsuelo interior.
La mano de la niña se alza, buscando al anciano. Él levanta la suya, y la agita saludando a la niña.
Cuando la madre se percata del gesto, hace un gesto mínimo pero perceptible, de retirar a su hija de esa corriente de cariño.
Y el anciano vuelve su mirada a otro punto cualquier, de ese suelo infinito donde se pierden las miradas y las almas.
04 enero 2013
alas
Ser capaz de dejar al asombro
que alcance lo más profundo que habitas
Que cree allí,
el goce de lo que el otro es en si mismo.
Y la admiración por lo minúsculo
y el respeto a aquello
inaccesible que le da forma.
Tener la capacidad de dar alas
es otorgar algo sobre la libertad.
Tener la generosidad de ver y creer
es hacer posible la utopía de engendrar.
No importa si lo que separa
es algo traslucido
o lo árido de la estepa.
Mientras haya un latido unísono
en busca de lo bello,
de lo imperceptible,
de lo efímero y profundo.
Mientras silencio y música,
puedan palpitar
en un vuelo inaprensible
y por eso mismo,
amado.
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