26 julio 2013
20 julio 2013
18 julio 2013
17 julio 2013
Lecciones de Anatomía
Alguien ha dicho hoy que los científicos han descubierto que el corazón tiene memoria. El mío ya lo sabía.
Hay una marca de navaja que recorre mi dedo pulgar desde la yema hasta la palma. Aprender a defenderse deja huella.
Me tengo que recordar que a mi dignidad le gusta vivir en el hueco que queda, entre mis costillas y mi cintura...si le dejo espacio, claro.
Y que es bueno caminar como una reina.
El mapa que mejor muestra mi recorrido geográfico...mis talones.
Y mientras me disfruto, el sol se dedica a dibujar nuevas constelaciones en mi piel.
03 julio 2013
lo que no se debe aferrar
Tan solo lo liviano,
lo que no se aferra
(el aire en los pulmones
silencio
ternura
un copo de nieve en la ropa
las oraciones
tus libélulas
agradecimiento
un olor
sueños
el deseo
música
mis mariposas
compasión
los huesos de los pájaros
diente de león
risas
lo que merece ser amado
otoño
lágrimas cálidas)
tiene capacidad para emprender vuelo.
30 junio 2013
Entre mujeres
Dos cuerpos de mujer en la inmensidad de unas sábanas niveas.
La suave caricia de la brisa de un ventilador sobre los trozos de piel desnuda.
Por la ventana se desliza, intentando introducirse, el sonido de lo cotidiano. Pero en el interior de esa habitación, es el silencio el que juega a disfrazarse con las sombras que danzan en la pared.
Alguien acaricia una guitarra.
Sobre la cama, una pregunta: cual será el temor de un hombre sabio.
Entre las manos de ambas, un planteamiento infinito: conocer a una mujer.
Y en el largo camino entre noche y día, la posibilidad de dibujar respuestas a todas esas palabras que escapan de sus dedos.
La oportunidad de asomarse al abismo q supone conocerse y dejarse conocer.
Atreverse a tender puentes.
La suave caricia de la brisa de un ventilador sobre los trozos de piel desnuda.
Por la ventana se desliza, intentando introducirse, el sonido de lo cotidiano. Pero en el interior de esa habitación, es el silencio el que juega a disfrazarse con las sombras que danzan en la pared.
Alguien acaricia una guitarra.
Sobre la cama, una pregunta: cual será el temor de un hombre sabio.
Entre las manos de ambas, un planteamiento infinito: conocer a una mujer.
Y en el largo camino entre noche y día, la posibilidad de dibujar respuestas a todas esas palabras que escapan de sus dedos.
La oportunidad de asomarse al abismo q supone conocerse y dejarse conocer.
Atreverse a tender puentes.
27 junio 2013
amar las sombras
Así es.
En ocasiones he actuado como la hiedra, buscando atarme a aquello que deseo que continúe.
Y como ella, trepo, me agarro y a veces... ahogo.
Al menos ahora cuando me veo echando ese tipo de raíces, respiro y suelto, desde el convencimiento de ir asentando el valor de la existencia en lugar del de la posesión.
Quizá hubo momentos en que pensaba en futuros, y los esperaba. Pero he aprendido a conjugar escucha y decisión. Y si veo el camino, aunque sea entre la niebla, aun sin final ni horizonte, tengo claro que lo emprendo.
Mis duelos no son eternos.
Lloro a escondidas y en la calle. A veces cuando duermo.
Mis mejillas están esculpidas en parte por ese agua salada que cura heridas.
Y mi voz por tantos nombres gritados.
Y mi alrededor por el eco de las risas resonando en mis montañas.
No oculto lo que siento.
No sé hacerlo. No quiero hacerlo.
Procuro que no haya dobleces en mi esencia.
No quiero jugar a protegerme ante ti.
Aunque a veces me obligas a ello.
Mis impulsos me siguen llevando a dar saltos no calculados.
Pero también me traen sabores nuevos que quiero memorizar.
¿Quieres buscar cosas para mejorar en mí? Las encontrarás siempre.
Pero si te dedicas a esa búsqueda, te perderás lo mejor de mí.
Mi esencia.
Y solo llegarás a ella, pudiendo amar mis sombras.
En ocasiones he actuado como la hiedra, buscando atarme a aquello que deseo que continúe.
Y como ella, trepo, me agarro y a veces... ahogo.
Al menos ahora cuando me veo echando ese tipo de raíces, respiro y suelto, desde el convencimiento de ir asentando el valor de la existencia en lugar del de la posesión.
Quizá hubo momentos en que pensaba en futuros, y los esperaba. Pero he aprendido a conjugar escucha y decisión. Y si veo el camino, aunque sea entre la niebla, aun sin final ni horizonte, tengo claro que lo emprendo.
Mis duelos no son eternos.
Lloro a escondidas y en la calle. A veces cuando duermo.
Mis mejillas están esculpidas en parte por ese agua salada que cura heridas.
Y mi voz por tantos nombres gritados.
Y mi alrededor por el eco de las risas resonando en mis montañas.
No oculto lo que siento.
No sé hacerlo. No quiero hacerlo.
Procuro que no haya dobleces en mi esencia.
No quiero jugar a protegerme ante ti.
Aunque a veces me obligas a ello.
Mis impulsos me siguen llevando a dar saltos no calculados.
Pero también me traen sabores nuevos que quiero memorizar.
¿Quieres buscar cosas para mejorar en mí? Las encontrarás siempre.
Pero si te dedicas a esa búsqueda, te perderás lo mejor de mí.
Mi esencia.
Y solo llegarás a ella, pudiendo amar mis sombras.
24 junio 2013
19 junio 2013
poder amar
Estoy cruzando, por un paso de cebra y de pronto, escucho mi nombre.
Veo una sonrisa inmensa, y me echo a correr, para evitar que el cuerpecillo que lo ha pronunciado, se abalance en la calzada. Tengo el tiempo justo de acogerlo entre mis brazos, mientras cuatro manos más, me abrazan y me rodean.
El amor, brotando de seis pequeños bracitos, que agradecidos se quedan prendidos en mi ropa, y alrededor de mí, mientras me miran desde abajo, con unos ojos oscuros y profundos, con esa mirada limpia que solo los pequeños y sencillos son capaces de producir.
Sonrío a la persona que les acompaña, y contesto a sus preguntas, en un intento de poder alargar un poco más ese momento.
Son solo unos segundos. El colegio les espera.
Pero son suficientes como para que su aroma y su tacto se quede grabado.
Y la imagen de sus manitas y sus sonrisas diciéndome adiós.
"Son cinco minutos
la vida es eterna,
en cinco minutos"
Leo una frase que dice: "Ama a la persona que te vio, cuando eras invisible para el resto"
Quizás deberíamos empezar a decir: "Aprende a amar a aquellos que son invisibles".
No porque te amen a ti.
Sino porque necesitan poder amar.
17 junio 2013
14 junio 2013
beber en fuentes de silencio
Ciertos contenidos frágiles,
(de esos que habitan en lo íntimo y que se esfuerzan en salir al exterior para intentar ser certeros),
cuando los exponemos a los límites de la palabra,
corren el riesgo de quebrarse.
En ocasiones (en muchas)
es imprescindible el esfuerzo estoico de soportar la necesidad de buscar comprensión y entendimiento,
y aprender a beber del manantial que brota de la certeza interior, de la convicción personal.
Atrevernos a hacer ese movimiento, puede ayudarnos a recorrer el camino que nos permite SER.
11 junio 2013
la impronta de muchas huellas
Sí, es verdad.
Mi mirada te confirma que he disfrutado de estos días.
Me ha gustado escuchar el sonido tenue de las barreras que solemos construirnos, cuando se van derrumbando en una conversación cálida y cercana, rodeados del humo de un cigarro y el olor a café.
He podido adquirir una nueva pieza para mi colección de colecciones ajenas. La de alguien que recolecta infinitos.
Y pienso ponerla en la estantería donde residen, la colección de nidos y de sones extraños con capacidad para hacer vibrar hilos invisibles. Y la de silencios en la nieve.
He perdido una apuesta, lo sé. Y una sonrisa brota en mí.
(El perder, a veces, solo a veces, puede ser muy dulce)
Y también esa conversación sobre el rastro de dolor que a veces dejan las personas. Y del anhelo de muchos, esperando una caricia que no llega nunca.
A partir de ahí, mi mirar hacia atrás, acariciando aunque sea en la lejanía, aquellos dolores que causé.
Huellas que imprimimos en otros, aunque no sea nuestro deseo, y cuyo dolor, si nos dejamos (y estoy convencida de que es bueno que así sea), nos acompañará siempre.
Y desde ese espacio, confiar en el poder del amor de esa mirada, aunque sea lejana, para restaurar espacios y traer alivio a las heridas.
Mi mirada te confirma que he disfrutado de estos días.
Me ha gustado escuchar el sonido tenue de las barreras que solemos construirnos, cuando se van derrumbando en una conversación cálida y cercana, rodeados del humo de un cigarro y el olor a café.
He podido adquirir una nueva pieza para mi colección de colecciones ajenas. La de alguien que recolecta infinitos.
Y pienso ponerla en la estantería donde residen, la colección de nidos y de sones extraños con capacidad para hacer vibrar hilos invisibles. Y la de silencios en la nieve.
He perdido una apuesta, lo sé. Y una sonrisa brota en mí.
(El perder, a veces, solo a veces, puede ser muy dulce)
Y también esa conversación sobre el rastro de dolor que a veces dejan las personas. Y del anhelo de muchos, esperando una caricia que no llega nunca.
A partir de ahí, mi mirar hacia atrás, acariciando aunque sea en la lejanía, aquellos dolores que causé.
Huellas que imprimimos en otros, aunque no sea nuestro deseo, y cuyo dolor, si nos dejamos (y estoy convencida de que es bueno que así sea), nos acompañará siempre.
Y desde ese espacio, confiar en el poder del amor de esa mirada, aunque sea lejana, para restaurar espacios y traer alivio a las heridas.
10 junio 2013
06 junio 2013
05 junio 2013
04 junio 2013
nidos y cielos
Los nidos se están vaciando.
Escucho la canción de cuna
que entonan las mujeres desde tiempos ancestrales,
para conseguir acallar al deseo.
Envuelto en sus sones,
el manantial subterráneo, un ser vivo y con fuerza,
sigue su búsqueda.
Un milano juega con el viento encima de mi.
Y el halcón pasa tan cerca, que puedo observar las plumas que faltan en su cola.
Baja a beber, mientras yo contemplo el fluir del agua.
Ambos estamos en la misma orilla y podemos mirarnos un momento.
Y tras reconocernos, seguir camino.
¿Sabes? Creo que es tiempo de dejarse llevar.
Tiempo de sumergirse en la corriente y escuchar.
29 mayo 2013
la respiración de la Tierra
Aires del sur que me acercan sones de vida y amores,
y de capas ocultas
y de rasgueos de guitarras que no se rinden.
Vientos del norte que traen el grito de la añoranza y de los lastres,
y de los marineros que quedan en los puertos llorando barcos.
Sin ser capaces de volar.
La tramontana calla, y a veces cuesta respirar tanto silencio.
Y el viento de poniente siempre es cálido,
recorre bosques y recoge huellas profundas de vida y luna.
Desde el oeste,
en alas de primavera y lluvia, a través de la estepa y la ternura,
sopla la caricia de lo cotidiano,
de lo que es, sin búsqueda o necesidades.
Plumas de confianza e intimidad.
De allende los mares, a lomos de olas valientes,
el viento trae historias de mujeres que se atreven a mirar,
a ver hondo y escuchar lo difícil,
a desnudarse ante su historia y ante lo imposible.
Y de aquellas tierras de hielo
llega el susurro de algún copo blanco posándose en lo blanco de un flor recién abierta,
luchando por encontrar el pulso de la primavera brotando dentro,
luchando por captar su fuerza.
Y aquí...
aquí el cierzo habla de la fuerza de las búsquedas y de las decepciones,
y de semillas nuevas que brotaron sin saber nadie que lo hacían.
El empuje de los vientos reunidos todos en un fugaz momento.
Vientos que no dejan de ser, los pequeños movimientos de respiración de la Tierra, que se sigue empeñando en recordar a mi piel desnuda,
que amar en la distancia, me enraiza en ella.
Que amar en la distancia, me da sentido.
y de capas ocultas
y de rasgueos de guitarras que no se rinden.
Vientos del norte que traen el grito de la añoranza y de los lastres,
y de los marineros que quedan en los puertos llorando barcos.
Sin ser capaces de volar.
La tramontana calla, y a veces cuesta respirar tanto silencio.
Y el viento de poniente siempre es cálido,
recorre bosques y recoge huellas profundas de vida y luna.
Desde el oeste,
en alas de primavera y lluvia, a través de la estepa y la ternura,
sopla la caricia de lo cotidiano,
de lo que es, sin búsqueda o necesidades.
Plumas de confianza e intimidad.
De allende los mares, a lomos de olas valientes,
el viento trae historias de mujeres que se atreven a mirar,
a ver hondo y escuchar lo difícil,
a desnudarse ante su historia y ante lo imposible.
Y de aquellas tierras de hielo
llega el susurro de algún copo blanco posándose en lo blanco de un flor recién abierta,
luchando por encontrar el pulso de la primavera brotando dentro,
luchando por captar su fuerza.
Y aquí...
aquí el cierzo habla de la fuerza de las búsquedas y de las decepciones,
y de semillas nuevas que brotaron sin saber nadie que lo hacían.
El empuje de los vientos reunidos todos en un fugaz momento.
Vientos que no dejan de ser, los pequeños movimientos de respiración de la Tierra, que se sigue empeñando en recordar a mi piel desnuda,
que amar en la distancia, me enraiza en ella.
Que amar en la distancia, me da sentido.
24 mayo 2013
nueve cartas
Nueve cartas atadas por un cordel, sobre mi mesa.
Alguien jugando (llámalo azar, destino, vida, suerte, Dios...) coloca juntos a nueve desconocidos para que compartan nueve papeles, nueve formas de vivir, de expresar, de amar, de respirar, de afrontar...
El esbozo a base de palabras, del compartir pequeños retazos de vida una vez por semana.
De la reserva a la entrega.
De la desconfianza a la mirada agradecida.
De la obligación, al deseo de estar.
Hora deseada de los domingos.
Rozar el misterio inaccesible de cada vida.
El preciado regalo de quien se esfuerza en recoger aquello que habita su corazón: agradecimiento, sorpresa, confianza, recorrido, trayecto, escucha, entrega...
La pureza del sonido que emiten los sencillos.
Nueve luces y sombras, formando parte de un pequeño entramado familiar y cercano, del ramaje de un bosque habitado y fermentado, que seguirá emitiendo voces y sones.
Que seguirá emitiendo vida.
23 mayo 2013
Habitar algo de lo que deseas.
Habitar en el sudor escondido,
en los silencios de tu respiración.
Y en el cajón donde guardas aquello que es tesoro,
y en un sabor intenso que te perdure en la mirada limpia,
y en aquel olor que eriza tu piel al rozarla.
Habitar,
tan solo una vez más,
tan solo un leve instante...
tus pliegues.
21 mayo 2013
19 mayo 2013
17 mayo 2013
Tan solo un par de mayos o tres.
Hace frio. El cierzo vuelve a soplar con fuerza.
Me muevo por la cocina, preparando la verdura. Borraja.
Es el día perfecto para saborearla. Así lo he decidido.
¿Te conté que en un escaparate vi una colección de joyas inspirada en la flor de la borraja?. Es una pequeña flor de un color muy especial.
Dicen que mayo es el mes de las flores.
Recordar el olor de esas flores que se van abriendo. Despacio.
¿Te has dado cuenta de que han sido un par de mayos o tres?
Tan solo eso.
No es mucho si contemplamos la cantidad de meses que hemos vivido ¿no?
Y sin embargo, han bastado para crear un hito, un antes y un después, una frontera sin barreras ni guardianes. Simplemente una línea que señaliza, desde lo tenue e invisible.
Atravesar espacios que suponen cambios en el paisaje.
Atreverse a dejarse atravesar.
Que algo (que alguien) recorra espacios ocultos hasta para ti mismo.
Conjugar la ternura, la confianza, el agradecimiento y el amor, y dejar que sean ellos quienes decidan, en que momento se hace visible cada uno.
Memorizar olores.
Un par de mayos o tres.
Y seguir combatiendo a la fiera en tus noches oscuras. Como arma, tan sólo unas alas.
Y seguir buscando a la que permanece todavía oculta en mis bosques. Aunque algunas noches puedo reconocer ya sus fauces.
Bueno, ya está.
A veces es real lo de que "el tiempo vuela".
¿Para acompañar la verdura?
Sí, un vino estaría bien.
Ese de nombre impronunciable sería estupendo...si no fuera por el precio.
Pero siempre podemos paladear su recuerdo.
Me muevo por la cocina, preparando la verdura. Borraja.
Es el día perfecto para saborearla. Así lo he decidido.
¿Te conté que en un escaparate vi una colección de joyas inspirada en la flor de la borraja?. Es una pequeña flor de un color muy especial.
Dicen que mayo es el mes de las flores.
Recordar el olor de esas flores que se van abriendo. Despacio.
¿Te has dado cuenta de que han sido un par de mayos o tres?
Tan solo eso.
No es mucho si contemplamos la cantidad de meses que hemos vivido ¿no?
Y sin embargo, han bastado para crear un hito, un antes y un después, una frontera sin barreras ni guardianes. Simplemente una línea que señaliza, desde lo tenue e invisible.
Atravesar espacios que suponen cambios en el paisaje.
Atreverse a dejarse atravesar.
Que algo (que alguien) recorra espacios ocultos hasta para ti mismo.
Conjugar la ternura, la confianza, el agradecimiento y el amor, y dejar que sean ellos quienes decidan, en que momento se hace visible cada uno.
Memorizar olores.
Un par de mayos o tres.
Y seguir combatiendo a la fiera en tus noches oscuras. Como arma, tan sólo unas alas.
Y seguir buscando a la que permanece todavía oculta en mis bosques. Aunque algunas noches puedo reconocer ya sus fauces.
Bueno, ya está.
A veces es real lo de que "el tiempo vuela".
¿Para acompañar la verdura?
Sí, un vino estaría bien.
Ese de nombre impronunciable sería estupendo...si no fuera por el precio.
Pero siempre podemos paladear su recuerdo.
15 mayo 2013
caminos de ida
He hecho el recorrido de ida de un viaje de despedidas.
Situarme frente a una línea intermitente que atraviesa en destellos fugaces toda mi infancia, toda mi vida.
Y decirle adiós.
Cruzar el umbral 312.
Y tener que decidir el juego al que quiero jugar. Y respetar por supuesto, el juego del otro.
Jugar a lo de siempre: a la cortesía, a los rodeos, a lo políticamente correcto.
O jugar a desnudarnos y atrevernos a tocar, aunque sea con la punta de los dedos, esa esencia que se encuentra tan protegida en nuestro interior. A pesar de no haberlo hecho nunca antes.
Y optamos por jugar a desnudar.
Y me encontré con el misterio de la capacidad del ser humano de mirar a los ojos, al pasillo oscuro de la propia muerte, dándole la mano a la esperanza y la serenidad, para poder bailar con ellas una danza última que nadie sabe cuanto puede durar.
Y descubrí la capacidad del ser humano de tejer redes de afectos, sostenidos en multiples puntos, para que no sea solo uno el que tenga que mantener el peso. Puntos que se apiñan y se aúnan, cuando hay que sostener. Desde el calor, el afecto, lo vivido a través de los años.
Y dejé, y dejamos, que las palabras se hundieran en esas profundidades nunca profanadas antes.
Y fuiste capaz de conjurar miedos, dudas y certezas.
Y barrimos dogmas, y reconocimos el amor que protege y empuja y cuida.
Y situamos a Dios en aquel cuarto.
Y nos reconocimos como islas comunicadas por debajo.
Y los Beatles en el año 65, y Michael Jackson, y los musicales en Madrid, y el mejor concierto de Maná, y los viajes y los postales de todo el mundo, y Alemania, y los S.S., y los bolsos de plástico con setas dibujadas, y mi muñeca japonesa preciosa, y las visitas, y los sueños...todo junto, se fue apiñando en el espacio alrededor nuestro, tiñendo de un color precioso las ultimas horas de esa tarde.
Y pude sostener por primera y por ultima vez entre mis manos, las manos de alguien que respondía a mi caricia y a la desnudez.
Después, emprender el viaje de vuelta.
El cansancio debería de haber llenado todos los espacios. Pero otras cosas con más calado se empeñaban en estar ahí. Gritando para que las escuchara, para que absorbiera todo lo vivido, para que nada se perdiera.
Un nuevo legado.
Y entre tanto grito, no conseguía ver el camino.
Entonces, en mitad de la noche, desde el arcén de una carretera, con el sonido de un intermitente acunándome de fondo, una voz me fue ayudando a encontrar donde estaba el camino de vuelta a casa.
Situarme frente a una línea intermitente que atraviesa en destellos fugaces toda mi infancia, toda mi vida.
Y decirle adiós.
Cruzar el umbral 312.
Y tener que decidir el juego al que quiero jugar. Y respetar por supuesto, el juego del otro.
Jugar a lo de siempre: a la cortesía, a los rodeos, a lo políticamente correcto.
O jugar a desnudarnos y atrevernos a tocar, aunque sea con la punta de los dedos, esa esencia que se encuentra tan protegida en nuestro interior. A pesar de no haberlo hecho nunca antes.
Y optamos por jugar a desnudar.
Y me encontré con el misterio de la capacidad del ser humano de mirar a los ojos, al pasillo oscuro de la propia muerte, dándole la mano a la esperanza y la serenidad, para poder bailar con ellas una danza última que nadie sabe cuanto puede durar.
Y descubrí la capacidad del ser humano de tejer redes de afectos, sostenidos en multiples puntos, para que no sea solo uno el que tenga que mantener el peso. Puntos que se apiñan y se aúnan, cuando hay que sostener. Desde el calor, el afecto, lo vivido a través de los años.
Y dejé, y dejamos, que las palabras se hundieran en esas profundidades nunca profanadas antes.
Y fuiste capaz de conjurar miedos, dudas y certezas.
Y barrimos dogmas, y reconocimos el amor que protege y empuja y cuida.
Y situamos a Dios en aquel cuarto.
Y nos reconocimos como islas comunicadas por debajo.
Y los Beatles en el año 65, y Michael Jackson, y los musicales en Madrid, y el mejor concierto de Maná, y los viajes y los postales de todo el mundo, y Alemania, y los S.S., y los bolsos de plástico con setas dibujadas, y mi muñeca japonesa preciosa, y las visitas, y los sueños...todo junto, se fue apiñando en el espacio alrededor nuestro, tiñendo de un color precioso las ultimas horas de esa tarde.
Y pude sostener por primera y por ultima vez entre mis manos, las manos de alguien que respondía a mi caricia y a la desnudez.
Después, emprender el viaje de vuelta.
El cansancio debería de haber llenado todos los espacios. Pero otras cosas con más calado se empeñaban en estar ahí. Gritando para que las escuchara, para que absorbiera todo lo vivido, para que nada se perdiera.
Un nuevo legado.
Y entre tanto grito, no conseguía ver el camino.
Entonces, en mitad de la noche, desde el arcén de una carretera, con el sonido de un intermitente acunándome de fondo, una voz me fue ayudando a encontrar donde estaba el camino de vuelta a casa.
10 mayo 2013
la profundidad de las huellas que no vemos
¿Sabes?
Me gustaría saber que hace el cuerpo con todo aquello que no ha podido sacar fuera de él, que no ha conseguido brotar, que necesitaba traspasar las barreras de la piel pero no llega a ver la luz.
¿Realmente tiene capacidad de reabsorberlo?
¿Queda en el interior, latiendo despacio, hasta que se va apagando poco a poco?
¿O estará latente, agazapado, dispuesto a brotar en cuanto tenga ocasión de ello?
La risa rota.
El beso apagado en los propios labios.
El llanto retenido en un pozo interno durante años.
El deseo sin otra piel que lo escuche.
La pronunciación de un rostro amado.
Los sueños consumidos.
De lo que estoy convencida es de que todo lo que queda dentro,
lo que cae,
lo que se posa,
lo que espera,
acaba dejando una huella.
Quizás, más profunda de lo que creemos.
Me gustaría saber que hace el cuerpo con todo aquello que no ha podido sacar fuera de él, que no ha conseguido brotar, que necesitaba traspasar las barreras de la piel pero no llega a ver la luz.
¿Realmente tiene capacidad de reabsorberlo?
¿Queda en el interior, latiendo despacio, hasta que se va apagando poco a poco?
¿O estará latente, agazapado, dispuesto a brotar en cuanto tenga ocasión de ello?
La risa rota.
El beso apagado en los propios labios.
El llanto retenido en un pozo interno durante años.
El deseo sin otra piel que lo escuche.
La pronunciación de un rostro amado.
Los sueños consumidos.
De lo que estoy convencida es de que todo lo que queda dentro,
lo que cae,
lo que se posa,
lo que espera,
acaba dejando una huella.
Quizás, más profunda de lo que creemos.
05 mayo 2013
04 mayo 2013
en las alas de una oropéndola
Mis dedos acaban de recorrer un largo tramo por tu columna.
De abajo a arriba.
Despacio. Parándome en ella y dejando que su tacto me inundara.
Cada vértebra es una emoción reflejada.
Unas tienen fuerza, otras se diluyen. O te difuminan.
Con sabor a tierras conocidas. Con olor a huellas de tus pisadas.
Una extraña mezcla de cansancio y tranquilidad me va acunando, al compás de unas olas que se mueven muy despacio.
Como en ese mar del que hablábamos un día.
Y mientras me quedo quieta, pero sin aguardar ya, sin esperar, sin calcular, sin confiar,
sigo contemplando la superficie de un lago en el que las ondas de la piedra que ha caído, van diluyéndose, perdiéndose poco a poco, en una orilla habitada.
Dejo que el misterio de escuchar a la piel, siga creciendo a sus anchas.
Y permanezco a la escucha de la sabiduría de la intuición y de la voz del agua.
Me he ido en busca de la oropéndola que ví ayer.
Sus colores son siempre para mí, señal de advertencia: el peligro de no proteger(me), de no escuchar(me).
No he conseguido verla. Tan solo escucharla, mientras ella me contemplaba a mí, escondida entre los árboles.
Parece que no todo lo que se desea, se puede conseguir.
Y al llegar a casa, un regalo inesperado:
anémonas.
Su blancura, ha terminado de mecer mis sueños.
01 mayo 2013
30 abril 2013
29 abril 2013
el eco de tus pasos por las calles de Tokyo
Un pequeño pajarillo, un herrerillo común, me contempla desde su pequeña ventana cuadrada y me trae en su pico, noticias tuyas.
70 NIPPON.
Monte Fuji.
Santuario de Arakura.
La blancura de la cumbre blanca, se entremezcla con la de las flores del cerezo.
Todo trae aromas lejanos. Desconocidos.
A veces se anhela lo que no se conoce.
Te imagino paseando por aquellas calles de Tokyo, ordenadas y pulcras, llenas de gentes, cosmopolitas, agobiantes a veces, llenas de encanto y misterio otras.
Esa cultura extraña para nosotros, y que sin embargo nos atrae de una manera tan especial.
Aprender la valiosa lección de recibir lo que el presente nos trae y no, lo que nuestra mente organiza y desea.
Dar los pasos en función del camino, y no de nuestros sueños.
Ser feliz incluso a pesar de nosotros mismos.
Hoy me apetece ponerte a ti, en este canto.
Quizás por que mandaste hasta los rincones de mis parajes, aires con sabores diferentes.
Quizás por la impronta que deja la huella de tu vida. O la huella de la vida en ti.
O simplemente, por ser el eco de un sueño, de un silencio, al otro lado del mundo.
25 abril 2013
Me preguntan por ti
y no se bien que decirles.
Quizás que alguna isla
se enamoró de tu cuerpo
y lo convirtió en su istmo.
O que una princesa
de algún cuento, de alguna noche,
te cosio al borde de su falda.
Quizás te perdiste
entre las letras de un mapa equivocado
y no sabes regresar.
A mí me gusta imaginarte
rodeado de tierra roja,
sumergido en agua luminiscente
con el sol y la lluvia acariciando tus mejillas,
en un lugar donde las olas no pueden golpearte.
Respiro tu silencio y tu ausencia
y sigo pidiendole a tus dioses
que te dejen volver
y no se bien que decirles.
Quizás que alguna isla
se enamoró de tu cuerpo
y lo convirtió en su istmo.
O que una princesa
de algún cuento, de alguna noche,
te cosio al borde de su falda.
Quizás te perdiste
entre las letras de un mapa equivocado
y no sabes regresar.
A mí me gusta imaginarte
rodeado de tierra roja,
sumergido en agua luminiscente
con el sol y la lluvia acariciando tus mejillas,
en un lugar donde las olas no pueden golpearte.
Respiro tu silencio y tu ausencia
y sigo pidiendole a tus dioses
que te dejen volver
23 abril 2013
20 abril 2013
18 abril 2013
abril
Nos hemos adentrando
en las sombras prometedoras de cinco, seis árboles.
Los primeros del bosque.
Buscando bajo sus copas alguna brisa
que trajera rincones comunes,
posibilidades y deseos a nuestras manos.
Quizás no haya sido nuestro tiempo.
Quizás las necesidades estuvieran equivocadas.
Pero agradezco que en algún momento,
tu sabor haya dejado la impronta de la alquimia de los sueños.
09 abril 2013
Sólo el rumor del viento fresco
se cuela por las ventanas entreabiertas,
en una caricia continua
a una piel
cada vez más desnuda,
cada vez más atravesada.
La orilla del manantial va cambiando.
Se producen ondas
con cada respiración profunda.
Entre piedras y barro,
van brotando semillas azarosas.
No digas que me echas de menos.
Tus pasos ya no se oyen en los pasillos.
se cuela por las ventanas entreabiertas,
en una caricia continua
a una piel
cada vez más desnuda,
cada vez más atravesada.
La orilla del manantial va cambiando.
Se producen ondas
con cada respiración profunda.
Entre piedras y barro,
van brotando semillas azarosas.
No digas que me echas de menos.
Tus pasos ya no se oyen en los pasillos.
03 abril 2013
01 abril 2013
31 marzo 2013
22 marzo 2013
Claudio Abbado
Raices.
La esencia encarnada del árbol.
Raices que de pronto se convierten en ramas.
Ramas mecidas por el viento o la brisa suave.
Raices con alas
extendiendose por cada respiración.
Me han cautivado unas manos.
Manos con alma de raiz,
capaces de dar vida al aire,
de dibujar brotes de música.
Manos meciendo al mundo,
al compás de un susurro
y de las entrañas de la primavera.
Manos espejo,
de aquel que las mueve y las habita.
¿Y sabes?
Esas manos eran,
como serán las tuyas.
Boceto de la misma vida brotando.
La esencia encarnada del árbol.
Raices que de pronto se convierten en ramas.
Ramas mecidas por el viento o la brisa suave.
Raices con alas
extendiendose por cada respiración.
Me han cautivado unas manos.
Manos con alma de raiz,
capaces de dar vida al aire,
de dibujar brotes de música.
Manos meciendo al mundo,
al compás de un susurro
y de las entrañas de la primavera.
Manos espejo,
de aquel que las mueve y las habita.
¿Y sabes?
Esas manos eran,
como serán las tuyas.
Boceto de la misma vida brotando.
05 marzo 2013
02 marzo 2013
01 marzo 2013
26 febrero 2013
pequeño canto de adios
Me resulta difícil, cantarte a ti y a todo lo que has sido.
Complicado transmitir,
lo que tu presencia, como la de tantos otros pequeños habitantes en otras muchas casas, significa.
Cariño, reconocimiento, compañía, lealtad, dependencia e independencia, responsabilidad, juego, alegría, calor, risas...
Vínculos.
Pequeñas aportaciones a la rutina de un hogar, a lo cotidiano, a lo de cada día.
Ahí estabas. Tumbado en la silla de mi cuarto, vigilando mis idas y venidas.
Desde tu negrura infinita, desde tu pose de pantera pequeña. Desde tu papel de gato de bruja.
Mi canto se dirige a ti, en una acción de gracias, a todo lo que nos has dado.
Descansa.
Y que la tierra te acoja ahora, en sus mullidos brazos.
Complicado transmitir,
lo que tu presencia, como la de tantos otros pequeños habitantes en otras muchas casas, significa.
Cariño, reconocimiento, compañía, lealtad, dependencia e independencia, responsabilidad, juego, alegría, calor, risas...
Vínculos.
Pequeñas aportaciones a la rutina de un hogar, a lo cotidiano, a lo de cada día.
Ahí estabas. Tumbado en la silla de mi cuarto, vigilando mis idas y venidas.
Desde tu negrura infinita, desde tu pose de pantera pequeña. Desde tu papel de gato de bruja.
Mi canto se dirige a ti, en una acción de gracias, a todo lo que nos has dado.
Descansa.
Y que la tierra te acoja ahora, en sus mullidos brazos.
24 febrero 2013
confianza y fe
Me gustan las posibilidades de los encuentros nuevos.
Y los movimientos inesperados de la marea que generan.
Algo fuerte y poderoso, porque nace del reflejo de la ilusión en unos ojos, en una voz.
Esa ilusión germina, y trae confluencias, palabras, gestos, posibilidades, fantasía, realidades, sueños y deseos.
Y trae también, el calor y la calma de un abrazo.
Movimientos de búsqueda germinados en los corazones que no se conforman, y van en pos de aquello que les alimenta.
Desde la confianza más pura.
Aquella que se asienta en la fe.
No necesita ver. Tan sólo creer.
17 febrero 2013
15 febrero 2013
coincidencias y oportunidades
¿Te acuerdas de las conversaciones que hemos tenido sobre el tema de las coincidencias que en ocasiones se dan en la vida?
En la misma semana, tres reencuentros.
Volvió a acercarse hasta mi ventana, alguien con quien he compartido muchos cafés de sabores, muchos "pitis", muchas reflexiones sobre la vida. Y que como la luna, mengua y crece, aparece y desaparece.
Escuché de nuevo la voz, de alguien que se había llevado el viento.
Y venía con la fuerza de los torrentes en primavera.
Y a mitad de semana, en mitad del pasillo, una sonrisa de aquellas que pueden acercar el infinito, iluminó las horas.
Mi dulce niño me miraba desde sus ojos llenos de cariño y hambre.
Juntos otras vez, compartiendo otro pequeño tramo del sendero.
En ocasiones lo más importante del día, puede ser el saber dar un simple abrazo.
En otras, solo puedes guardarlo en el bolsillo de los deseos sabiendo, que las coincidencias no son fortuitas.
13 febrero 2013
10 febrero 2013
09 febrero 2013
07 febrero 2013
corteza y piel
Frío intenso.
Apenas luna. Y las estrellas brillando con fuerza anunciando una noche de hielo en los cristales.
Anoche pensé en llamarte.
Contarte que había conseguido desnudarme un poco más.
Que había logrado deshacer otra prenda de espera, de las que han estado adheridas a mi piel tanto tiempo.
Labor como la del carpintero. Quitar corteza y lijar lo áspero. Llegar a la veta.
Al lugar donde es posible que vaya quedando grabada la vida.
Donde reside la belleza a base de desnudez.
El alivio de sentir que en la piel comienzan a residir multitud de ahoras.
O quizás solo sea un ahora infinito.
No te llamé. Quizás dormías.
Salí fuera y caminé, en busca de otros olores a madera desnuda.
Y te lo conté esta mañana, con los ojos cerrados, mientras el sol calentaba nuestra piel y rincones.
Me miraste, y te confesaste diciendo, algo que ya intuía.
Que los árboles que pierden su corteza, que exhiben su madera desnuda en el bosque, suelen acabar creciendo altos, pero solitarios en mitad de la estepa.
05 febrero 2013
31 enero 2013
como un aniversario
¿Te has fijado al entrar en los colores que tenía ahora mismo el cielo? Que momento más bello has elegido para llegar.
Es una alegría que hayas podido acercarte finalmente a celebrar esta especie de aniversario
Me gusta verte. Y sentir el calor de tus manos.
Son muchos días compartiendo ¿verdad?
En ese impulso que mueve al ser humano de dejar huella de su voz, de encontrar un eco que resuene en otro.
No había hecho consciente la cantidad de vida que hay aquí.
Anocheceres y huellas de sombras. Mañanas y delicias de silencio.
El olor de los colores cuando brotan con fuerza desde el mismo centro del día.
Incomprensiones mudas y el deleite de muchas bellezas surgidas y encontradas.
Y todo aquello que no podía contarte a ti.
Te aseguro que hay días en los que me gustaría ser lo suficientemente fuerte como para no necesitar contar nada.
Dejar que las palabras no dichas permaneciesen en mi retina.
O que esas imágenes fugaces se quedaran prendidas sin más, en ese cajón secreto de las cosas bellas y preciadas.
Como se quedan guardados casi siempre, los olores a viejo o a dolor. O aquellos sabores amargos que no apetece ofrecer a nadie.
Pero no suelo conseguirlo.
Y me acerco hasta aquí en tu busca. Anhelando un encuentro aunque sea efímero.
En esa necesidad de gritar el silencio
Me alegra sentir el goce de poder contarte esto a ti, mientras aspiro ese olor leve y sutil, a lavanda y jabón suave, a escucha y cercanía.
No se porqué, los diálogos imaginarios, suelen ser los más bellos.
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