25 agosto 2015
Contar el dolor
El dolor de mi amigo inunda lo cotidiano, estalla en sus silencios. Tiene eco en las palabras huidas de su madre y en la impotencia.
El dolor de él, se entierra en algún pasado apenas intuido.
Se reviste de rabia, de control, de suficiencia y de tantas necesidades no expresadas, que le ahoga. Me ahoga.
Ahoga
Y el de ella, se agita en cada una de sus risas rotas. También en sus despedidas. Y en su disfraz.
Mi dolor juega al escondite. Y se asoma a mis ojos, a mirar si lo descubres.
Y el tuyo te ha tallado. De la cabeza a los pies.
Con un cincel grueso de carpintero ha dejado sus trazos en tu rostro,
en tu espalda,
en tus pasos
y en un futuro incierto que se te asoma lleno de aristas.
Y así, poco a poco, línea a línea, en círculos concéntricos desiguales y definidos, vamos repujando nuestra propia huella digital de dolor.
Personal e intransferible.
28 julio 2015
11 julio 2015
28 junio 2015
noches de Africa
La ventana del antiguo hospital para tuberculosos me muestra cada tarde cielos que se tiñen de rosas, malvas y azules. Isak Dinesen me ayuda a pintarlos de África.
Mis noches se cubren de rostros igual que la noche africana se llena de estrellas y de movimientos furtivos, y de la intuición de pequeños ojos, huellas de moradores invisibles.
Sólo que allí existe un equilibrio tácito entre vida y muerte. Y aquí las fieras son quizá más descarnadas.
Sus víctimas más jóvenes y hermosas se van a casa con heridas invisibles de muerte y sin probabilidades de sobrevivir en esta realidad salvaje, mientras las presas mas fáciles, las más desgastadas, llenas de surcos y huellas y arrugas siguen arrastrándose por esta estepa aséptica, de árboles metálicos y ríos entubados.
Y pienso si también en África querrán creer en los milagros.
26 abril 2015
Soledad arrastrada
Hoy tiene un día de esos en los que le apetece contar. Le brotan pequeñas historias de las que parecen no tener importancia y que sin embargo van conformando lo más importante de cada uno.
Carmina. El día que se enteró que tenía un cancer terminal, comenzó a enseñar a su marido a cocinar, a planchar, a limpiar...Todo lo cotidiano lo puso en sus manos para que él pudiera afrontar la vida desde una independencia personal. Con el dolor al lado, pero con recursos para poder seguir caminando.
Clemencia. La abandonaron al nacer. No disfrutó de una vida fácil. Tuvo un hijo. Ya anciana tuvieron que acogerla en una residencia debido a su falta de recursos. Vivió hasta los 100 años. En todos los días pasados en aquel lugar de ternura y final, ni uno solo de ellos vino a visitarla ese hijo. Y sin embargo, su foto la acompañaba cada día desde la mesilla. Y ella alimentada del orgullo por aquel que surgió de su vientre, seguía viviendo en la esperanza de ese momento en que entrara por la puerta con la intención de verla.
El misterio del abandono, al principio y al final de una vida.
Carmen. Nos la encontramos en la calle y comentan ellas dos, algo relativo a una pérdida. Al seguir caminando me cuenta, que hace dos meses encontró a su hijo de 49 años ahorcado en su trastero. Esto el mismo día en que los medios de comunicación se hacen eco de la noticia del suicidio de dos jóvenes adolescentes que se arrojaron desde la terraza de un museo.
Soledades arrastradas envueltas en el misterio del corazón humano.
Y mientras la observo a ella.
Va sacando con paciencia, una a una, todas las fotos de las páginas de los álbumes y las va metiendo en una caja. Instantes sepia, blancos, negros y de vivos colores, boceto y collage de 90 años de vida.
Esta es su manera de ordenar pasado y presente.
La mezcla de todos esos personajes fijos en el papel, le ayudan a combatir su propia soledad y su proceso de despedida
30 marzo 2015
25 marzo 2015
Dejadme crecer en mi vida pequeña
Rodeada de esos hilos de oro de los ocultos
Rodeada de esos hilos de oro de los ocultos
Ensanchando el espacio de mi tienda a medidas que no son ni vuestras ni mías
No juzguéis los tiempos porque no se construyen de días sino de la materia que da vida a la vida
Y entended que cada uno, que cada cosa, que cada espacio se va erigiendo a base de capas. Y es necesario aprender a desnudarlas para escuchar el sonido de la fuente que nos da forma
Y si así lo deseáis, sentaos conmigo a escuchad mi silencio.
Ese que brota potente como el grito de los árboles cada primavera,
sumiso como el eco,
transparente como tu mirada
26 febrero 2015
atreverse a permanecer
Ya no sirven las definiciones de antes.
Ni siquiera las palabras.
Nada encaja donde los demás quieren hacerlo encajar. Ellos dicen conocer el lugar de las piezas del puzzle, cuando ni siquiera se definen sus formas.
¿Donde está aquello que en las huellas y en las raíces parecía tener tanta rotundidad?
Se diluyen las letras, lo que siempre estuvo, lo que siempre fue, para dejar paso a algo mordiente, a algo que se teme y no se quiere mirar porque es diferente.
Algo que forma parte de la esencia más profunda, la no aprendida. La que brota de los silencios.
¿Que nos hace permanecer juntos?
Soledades,
definiciones obsoletas sobre palabras desgastadas de tanto usarlas,
algo genético relacionado con la necesidad de tatuarnos en el tiempo,
el poder de la oscuridad y el miedo
o la fuerza brutal de la rutina y la cotidianidad.
O quizá...algo que brota de fuentes secretas, tan profundas que tan sólo con esfuerzo se pueden escuchar.
La brisa que se intuye al ir subiendo esta montaña, habla de lo inevitable. De aferrarse al tronco de los árboles porque tan sólo ellos y su esencia permanecen.
Todo lo demás forma parte del perfume que acaricia nuestros pasos.
Así de efímero
Así de real.
05 febrero 2015
entre días e hilvanes
Contemplo mi mano, mis dedos. Observo el hilo que sostengo y todo lo que voy hilvanando. Incluso aquello que no tengo conciencia de haberlo tejido yo , y que sin embargo parece tomar forma de ese todo con vida propia.
Y entre todo ello se desliza...
lo que sucede cuando alguien mantiene un roce sostenido a lo largo de nuestra frontera del miedo
esa sensación de un dedo frío deslizándose por lo que nos enraíza y sostiene
lo necesario para poder rellenar los huecos entre palabras, con aquellos a quien apreciamos en profundidad
el vórtice de una espiral de soledades escribiéndose despacio entre generaciones
la piel convertida en pergamino escrito y secreto
y mezcladas con el tejido, siguen llegando a través de las rejas, flores de papel. Aviones surcando cielos fronterizos, cargados de lo vivido y de lo que nunca sucedió. Cargados de sueños de la razón y la emoción.
A veces existen silencios tan pesados, que duelen en lugares insospechados.
Espero que el tuyo no sea uno de esos.
Porque mis dedos se resienten al tejer. Les falta el peso del hilo que solían formar tus palabras.
Y entre todo ello se desliza...
lo que sucede cuando alguien mantiene un roce sostenido a lo largo de nuestra frontera del miedo
esa sensación de un dedo frío deslizándose por lo que nos enraíza y sostiene
lo necesario para poder rellenar los huecos entre palabras, con aquellos a quien apreciamos en profundidad
el vórtice de una espiral de soledades escribiéndose despacio entre generaciones
la piel convertida en pergamino escrito y secreto
y mezcladas con el tejido, siguen llegando a través de las rejas, flores de papel. Aviones surcando cielos fronterizos, cargados de lo vivido y de lo que nunca sucedió. Cargados de sueños de la razón y la emoción.
A veces existen silencios tan pesados, que duelen en lugares insospechados.
Espero que el tuyo no sea uno de esos.
Porque mis dedos se resienten al tejer. Les falta el peso del hilo que solían formar tus palabras.
23 enero 2015
02 diciembre 2014
Se detuvo el tiempo. Y en su danza de silencio y niebla, comenzó
a tatuarse el dibujo del instante
Lo único importante era tu mano abriéndose camino
entre la selva de mi pelo. Con la
suavidad de un machetazo. Dejando
esa misma huella en lo frondoso. Permitiéndome respirar al ritmo de tus dedos,
en milímetros pautados y pausados
Todo dejo de tener importancia
la impotencia
aquella despedida sin sentido que se llevo mi voz
querer hacer y no poder
el cansancio
lo infinito
lo que pesa y lo que sé vuelve ligero
el querer que comprendas y comprender que no quieres
las letras de al otro lado del muro
Todo.
Hasta la realidad presente de la muerte de mi padre,
dejo de tener importancia en ese instante profundo
Tan
solo importaban tus dedos. Y mi
capacidad para recorrer con ellos la distancia infinita hasta mi esencia
oculta, hasta ese lugar donde las mariposas pueden dejar de ser livianas.
29 octubre 2014
quince rosas
se esconden a veces versos terribles
y corazones tan desgarrados que es difícil poder darles puntadas para que se mantengan unidos al tejido que les sostiene
y cristales tan transparentes que acaban volviéndose opacos
y secretos tan oscuros, ocultos bajo una masa de árboles inocentes,
que nadie quiere mirar, nadie quiere atreverse a franquear la barrera
que nadie quiere mirar, nadie quiere atreverse a franquear la barrera
porque tan sólo el mirar ya duele,
y el dolor resquebraja los muros que tanto nos ha costado construir y nos deja desnudos frente a la luz
y esa luz a veces es molesta,
porque hace rechinar los engranajes bien engrasados, como una piedrecita que decide pasear por lugares no correctos
Pero en alguna ocasión,
en un instante eterno y apenas perceptible,
un ave cruza ese cielo tapado,
y con ella se elevan
miradas, almas, libertades totalmente erosionadas,
reconfortadas por la caricia efímera
de atraverse a ser presencia.
Y quizá, el sueño de ese vuelo
se quede tatuado en algún muro.
En alguna piel
(Dedicado a mis quince rosas.
Vuestro perfume siempre impregnará mis días
Gracias)
24 septiembre 2014
movimientos inesperados
Tsunami
Palabra con extrañas resonancias. La suma de una raíz que significa "puerto o bahía" y de una terminación que significa "ola".
La raíz. Aquello que se aferra, lo que permite crecer, lo que nos nutre, y que aquí, se incrusta en un lugar que resguarda, en un lugar a donde llegar
La terminación, ola. Agua, movimiento, lo que arrastra, te inunda, te hunde. Lo que tiene el poder de sumergirte y conseguir que no sepas donde está tu arriba y tu abajo, donde comenzó tu cielo y cuando acabó tu tierra, si puedes respirar algo de día o tus burbujas se mueven hacia la noche.
¿El cambio, el movimiento, como algo no deseable, como algo que debemos evitar?
Quizá el problema sea nuestra tendencia a asentarnos demasiado en lo que nos resguarda, en un supuesto lugar al que creemos haber llegado.
Cuando en realidad lo que nos alimenta y nos permite estar vivos es ese cambio. Y la capacidad de asumirlo y hacerlo nuestro.
No sé cuantas han sido las olas que en este tsunami particular, me va pasando por encima. Cuantas me han rodeado o llevado a lugares sumergidos y particulares. Creo que llegué a contar hasta quince, y a partir de ahí, decidí que ya no era importante el número, como no lo era tampoco, el lugar en el que estaba.
Lo único que tenía importancia, era mantener los ojos abiertos.
Conseguir mantener un referente para que las burbujas pudieran continuar con su movimiento hacia el sol.
27 julio 2014
23 julio 2014
lo oscuro y lo profundo
Un sueño.
Nuestro interior es un manantial. Profundo. Intensamente oscuro. Negro.
No hay nada más. Sólo una masa viva de agua, latiendo a un ritmo tremendamente lento, pero perceptible.
Contemplo esa superficie.
Y me produce un sentimiento primigenio, como de vuelta a un lugar en el que no recuerdo haber estado, pero que sin duda conozco.
Y algo parecido a una paz difícilmente definible.
Empieza la semana.
Me voy moviendo en lugares desconocidos hasta ahora, donde tengo que ir aprendiendo los pasos que debo dar.
El sol de julio cae intransigente. Sin embargo, algo oscuro y frío se mueve entre la luz. Algo invisible y peligroso, porque tiene que ver con el miedo. Y con el poder mal entendido. Con lo más oculto del ser humano.
Percibo esas dos oscuridades tan distintas.
Y me doy cuenta de que ese algo intangible, puede tener capacidad para romper la calma del latido interno, que acaricia la superficie del manantial oculto.
Y siento incertidumbre al pensar en la entereza de la laguna, frente al frío azul profundo y poderoso de ese miedo moviéndose con urgencia.
Hoy ha llegado carta tuya.
Tu imagen entre naranjos y tierras cálidas, veladores y silencio.
Contemplar tu letra, deslizándose como un baile lento e íntimo, consigue llevarme de nuevo al interior de la laguna.
Nuestro interior es un manantial. Profundo. Intensamente oscuro. Negro.
No hay nada más. Sólo una masa viva de agua, latiendo a un ritmo tremendamente lento, pero perceptible.
Contemplo esa superficie.
Y me produce un sentimiento primigenio, como de vuelta a un lugar en el que no recuerdo haber estado, pero que sin duda conozco.
Y algo parecido a una paz difícilmente definible.
Empieza la semana.
Me voy moviendo en lugares desconocidos hasta ahora, donde tengo que ir aprendiendo los pasos que debo dar.
El sol de julio cae intransigente. Sin embargo, algo oscuro y frío se mueve entre la luz. Algo invisible y peligroso, porque tiene que ver con el miedo. Y con el poder mal entendido. Con lo más oculto del ser humano.
Percibo esas dos oscuridades tan distintas.
Y me doy cuenta de que ese algo intangible, puede tener capacidad para romper la calma del latido interno, que acaricia la superficie del manantial oculto.
Y siento incertidumbre al pensar en la entereza de la laguna, frente al frío azul profundo y poderoso de ese miedo moviéndose con urgencia.
Hoy ha llegado carta tuya.
Tu imagen entre naranjos y tierras cálidas, veladores y silencio.
Contemplar tu letra, deslizándose como un baile lento e íntimo, consigue llevarme de nuevo al interior de la laguna.
11 julio 2014
22 junio 2014
16 junio 2014
31 mayo 2014
23 mayo 2014
"La mala luz"
Estimado Carlos:
Me tomo la licencia de llamarte así, a pesar de que no nos conocemos (considero que el hecho de que nos hayamos visto durante apenas unos minutos, y hayamos intercambiado unas cuantas palabras, no implica, ni mucho menos, un conocimiento mutuo de ningún tipo).
No te conozco, es cierto. Aunque sí puedo decir, que poseo y guardo, tres imágenes tuyas.
Una primera imagen estática en blanco y negro. La que se encuentra en la solapa de tu libro, junto con unos pocos datos de tu vida, que intentar arrojar luz sobre tu biografía, pero que evidentemente son un vano intento. Seguramente cuenta mucho más sobre ti ese rostro serio, con gesto de aquel al que le toca afrontar algo que no le gusta, pero que sabe necesario: posar para un instante congelado, que al instante siguiente dejará de ser reflejo de lo que era, y que sin embargo, permanecerá ahí, al alcance de las miradas de tus lectores, cada vez que abran el libro. Imagen de tu ausencia, sin duda.
La segunda imagen, es la de ayer, mientras firmabas el libro, escondido tras tu timidez, tus gafas de pasta y tus ganas de marcharte, y sin embargo, interesado en las historias de aquellos que íbamos dejando caer junto a ti, el nombre de la persona que esperaba deseosa el tacto de esa primera página con olor a estreno, para poder desvelar el misterio de tu caligrafía y del pequeño tesoro escondido en una dedicatoria.
Fuiste generoso sin duda, al regalar, hilvanadas entre otras, la fuerza y el contacto de estas palabras: "oscura historia de luto y deseo". No distantes, sino absolutamente próximas.
Y la tercera imagen, eres tú, de pie, delante de dos inmensas fotografías de Almalé y Bondía, que juegan también a enmarcarte en un paisaje ficticio.
Vas dejando caer las palabras, que quieren brotar rápidas de tu boca, pero las contienes, para poder trazar con ellas, el boceto de ese, tu yo niño, fotografiado también como tu yo adulto, y quien sabe si, hasta con ese gesto tímido y serio en su rostro de pocos años, que se expresa a través de ese capítulo 11 de "La mala luz"
Y es ahora cuando me doy cuenta, de que realmente poseo otra imagen de ti.
Es la de tu niño, ahí de pie, frente a mi, leyendo ese capitulo que le cuenta, sin sus zapatos de hebilla, pero con ese mismo gesto inconsciente de curvar los pies hacia fuera y juntar las puntas, sostenido tan solo por el canto del zapato. En ese equilibrio inestable frente al mundo. En ese etcétera interminable.
Quizá, solo por esto, por poder tener el privilegio de contemplar un instante fugaz e impermanente, a ese adulto-niño, puedo atreverme a plantear que te conozco más de lo que suele conocerse a alguien con quien no se han intercambiado más que unas cuantas palabras, algún sueño roto, los calcetines de rombos, las postales almacenadas en una caja, los disfraces de adulto y esos paseos entre palomas de una plaza teñida de blanco y negro o sepia.
Y quizá, solo por esto, me atrevo a tener el privilegio de llamarte, estimado Carlos.
Me tomo la licencia de llamarte así, a pesar de que no nos conocemos (considero que el hecho de que nos hayamos visto durante apenas unos minutos, y hayamos intercambiado unas cuantas palabras, no implica, ni mucho menos, un conocimiento mutuo de ningún tipo).
No te conozco, es cierto. Aunque sí puedo decir, que poseo y guardo, tres imágenes tuyas.
Una primera imagen estática en blanco y negro. La que se encuentra en la solapa de tu libro, junto con unos pocos datos de tu vida, que intentar arrojar luz sobre tu biografía, pero que evidentemente son un vano intento. Seguramente cuenta mucho más sobre ti ese rostro serio, con gesto de aquel al que le toca afrontar algo que no le gusta, pero que sabe necesario: posar para un instante congelado, que al instante siguiente dejará de ser reflejo de lo que era, y que sin embargo, permanecerá ahí, al alcance de las miradas de tus lectores, cada vez que abran el libro. Imagen de tu ausencia, sin duda.
La segunda imagen, es la de ayer, mientras firmabas el libro, escondido tras tu timidez, tus gafas de pasta y tus ganas de marcharte, y sin embargo, interesado en las historias de aquellos que íbamos dejando caer junto a ti, el nombre de la persona que esperaba deseosa el tacto de esa primera página con olor a estreno, para poder desvelar el misterio de tu caligrafía y del pequeño tesoro escondido en una dedicatoria.
Fuiste generoso sin duda, al regalar, hilvanadas entre otras, la fuerza y el contacto de estas palabras: "oscura historia de luto y deseo". No distantes, sino absolutamente próximas.
Y la tercera imagen, eres tú, de pie, delante de dos inmensas fotografías de Almalé y Bondía, que juegan también a enmarcarte en un paisaje ficticio.
Vas dejando caer las palabras, que quieren brotar rápidas de tu boca, pero las contienes, para poder trazar con ellas, el boceto de ese, tu yo niño, fotografiado también como tu yo adulto, y quien sabe si, hasta con ese gesto tímido y serio en su rostro de pocos años, que se expresa a través de ese capítulo 11 de "La mala luz"
(...) Niño, perdóname por todo el daño que te he infligido, por lo que he acabado haciendo con tu vida. Perdóname por no haberte escuchado más, Rocamadour de mi novela, caballito de cartón, por no haber pasado más tiempo contigo. Miro esta foto y por primera vez en mi vida creo que te veo de verdad. No eres sólo yo, es decir, eres yo pero te me vas de dentro, te deslizas de la cárcel sucia de mi limitada identidad y pasas a ser un niño, sin más, ahí fuera, merecedor de toda la dulzura, de mucho amor, incluso del amor mío que es pobre ahora y un poco gris y que muchas veces acaba por manchar las cosas aunque yo no lo quiera. Si te viese desde fuera del todo querría protegerte, besarte, nadie iba a poder hacerte nada malo estando yo cerca. No sé por qué la cordura me dice que no puedo tener esos sentimientos sólo porque seas yo cuando era pequeño, no comprendo hoy el porqué de ese pudor extraño que debería sentir al quererte y de repente no siento quizá porque me deslizo ya por una rampa que no sé dónde me dejará caer, en medio de qué oleaje o de qué silencio terrible. Te contemplo y sé que podría llegar a amarte como a nadie. Por ningún ser podría haber hecho tanto como por ti, viviendo como he vivido dentro de tu piel, llevando el timón, sobre el papel al menos, de los pasos que calzas en esos zapatos de charol con hebilla en el costado que ahora dan un poco de risa. Podría haberte guiado como un Ángel de la Guarda, defendido tu risa y tu inocencia y las cuatro esquinitas de todas tus camas; y, sin embargo, a ningún otro ser arruiné la vida de semejante manera. Te pareces mucho a uno de mis hijos cuando tenía tu edad. Sois casi iguales. Por él habría dado la vida y lo seguiría haciendo y a ti apenas te he dado nada: estos pulmones negros, en todo caso, amores desgraciados y noches de terror; un hígado para el arrastre, unos pocos amigos pero siempre el mismo nudo rondando tan cerca de la garganta y todo ese peso que conoces con el que cargué tu espalda. Miro hoy mis rodillas, mis manos, y me cuesta trabajo pensar que son las mismas que las de la foto, los mismos ojos, las mismas piernas que te sostenían a ti. Apenas puedo creer que siga vivo. Es decir, sé que sigo vivo pero no lo entiendo (...)
Y es ahora cuando me doy cuenta, de que realmente poseo otra imagen de ti.
Es la de tu niño, ahí de pie, frente a mi, leyendo ese capitulo que le cuenta, sin sus zapatos de hebilla, pero con ese mismo gesto inconsciente de curvar los pies hacia fuera y juntar las puntas, sostenido tan solo por el canto del zapato. En ese equilibrio inestable frente al mundo. En ese etcétera interminable.
Quizá, solo por esto, por poder tener el privilegio de contemplar un instante fugaz e impermanente, a ese adulto-niño, puedo atreverme a plantear que te conozco más de lo que suele conocerse a alguien con quien no se han intercambiado más que unas cuantas palabras, algún sueño roto, los calcetines de rombos, las postales almacenadas en una caja, los disfraces de adulto y esos paseos entre palomas de una plaza teñida de blanco y negro o sepia.
Y quizá, solo por esto, me atrevo a tener el privilegio de llamarte, estimado Carlos.
11 mayo 2014
05 mayo 2014
norte y sur
Norte y sur.
Dos azucenas acariciando el sol. Jugando a alcanzarse, mientras despiden al mes de abril.
El silencio.
Como alimento. Como derecho.
Como molécula propia.
Como herida.
Como opción. Como certeza. Como búsqueda.
Leer que se paga para que otros hagan lo que no somos capaces de hacer: desconectarnos de nuestro propio mundo adictivo. Crear espacios sin cobertura en restaurantes, en trenes, que nos evadan de tener que afrontar la acción de algo tan aparentemente fácil como darle a un botón y apagar.
Decidir hacer o dejar que otros hagan.
Pretender pagar por un "silencio" ...que no es tal.
Silencio y sonido.
El regalo del mestizaje.
Un concierto sorprendente, amalgama de Norte y Sur.
La Jóven Orquesta del País Vasco, el Orfeón Donostiarra "Gazte" y los tambores del grupo Anidan-Bloko del Valle Junior's Band de Kenia.
El jazz de Schostakovitch, el "Te Deum" de Dvorak y el "África" de Goyeneche, mezclado con la calidez de un director, cercano a sus músicos y al público que escuchaba.
El agradecimiento, la alegría y la fuerza expresadas.
Un auditorio lleno puesto en pie y bailando.
Te hubiera gustado.
Y espero que de alguna manera, puedas sentir que estabas allí presente. En mi silencio.
Dos azucenas acariciando el sol. Jugando a alcanzarse, mientras despiden al mes de abril.
El silencio.
Como alimento. Como derecho.
Como molécula propia.
Como herida.
Como opción. Como certeza. Como búsqueda.
Leer que se paga para que otros hagan lo que no somos capaces de hacer: desconectarnos de nuestro propio mundo adictivo. Crear espacios sin cobertura en restaurantes, en trenes, que nos evadan de tener que afrontar la acción de algo tan aparentemente fácil como darle a un botón y apagar.
Decidir hacer o dejar que otros hagan.
Pretender pagar por un "silencio" ...que no es tal.
Silencio y sonido.
El regalo del mestizaje.
Un concierto sorprendente, amalgama de Norte y Sur.
La Jóven Orquesta del País Vasco, el Orfeón Donostiarra "Gazte" y los tambores del grupo Anidan-Bloko del Valle Junior's Band de Kenia.
El jazz de Schostakovitch, el "Te Deum" de Dvorak y el "África" de Goyeneche, mezclado con la calidez de un director, cercano a sus músicos y al público que escuchaba.
El agradecimiento, la alegría y la fuerza expresadas.
Un auditorio lleno puesto en pie y bailando.
Te hubiera gustado.
Y espero que de alguna manera, puedas sentir que estabas allí presente. En mi silencio.
04 mayo 2014
20 abril 2014
17 abril 2014
13 abril 2014
Así
Te quiero entera
y partida y rota,
y alzando las manos
y confundida.
Te quiero a risas.
y a saltos,
y a fuerza de pan y empuje,
y dándote entera y sin medidas.
Te quiero así,
conjugando heridas y albas,
abismos y locuras
y verbos no aprendidos.
Te quiero así,
sabiéndote rendir y entregada
y airosa y perdida,
sin saber bien qué o adonde,
pero volando infinitos.
24 marzo 2014
algunas búsquedas
La cara pegada al cristal de la puerta del vagón, mirando en la dirección en la que avanzaba el tren. Todo su cuerpo tensionado, como queriendo empujar para conseguir que avanzara más rápido.
Mira el reloj continuamente.
En su mano un papel arrugado que aprieta con fuerza. Casi tan arrugado como su gabardina clara.
Sus ojos jóvenes van de las manecillas del reloj, a algún lugar más allá de las vías. No mira nada más. No ve a nadie más.
Me pongo en pie. La próxima estación es mi parada e intuyo por su agitación, que también la suya.
Llegamos al andén. Y antes de que consiga descender, veo pasar su figura borrosa y blanca, saltando hacía algún destino que sigo pretendiendo adivinar.
Le sigo con la mirada los escasos segundos que me lo permite su carrera, y viene a mi cabeza la imagen del conejo blanco de Alicia...y también algo de lo que había en el fondo de las miradas de los protagonistas de "Lost in traslation".
Cierro los ojos y le deseo en silencio, suerte en su búsqueda.
21 marzo 2014
Tormenta de primavera.
Garzas confundiendo ovejas con los búfalos de la sabana africana, compitiendo unas y otras en blancura.
Una cita, en un lugar donde nadie queda, para intercambiar abrazos.
El gato del juego y el ratón. Imposible saber quién se disfraza de qué. Donde todo y nada, es lo que parece.
Agujas atravesando la piel. Y una voz cálida despertando a la bella durmiente.
Así empieza mi viaje.
Quizá mañana te cuente como continúa.
Garzas confundiendo ovejas con los búfalos de la sabana africana, compitiendo unas y otras en blancura.
Una cita, en un lugar donde nadie queda, para intercambiar abrazos.
El gato del juego y el ratón. Imposible saber quién se disfraza de qué. Donde todo y nada, es lo que parece.
Agujas atravesando la piel. Y una voz cálida despertando a la bella durmiente.
Así empieza mi viaje.
Quizá mañana te cuente como continúa.
16 marzo 2014
(...) o caminas por la realidad, abierto a ella de par en par, con los ojos asombrados de un niño, lealmente, llamando al pan, pan, y al vino, vino, y abrazas entonces toda su presencia acogiendo también su sentido; o te pones ante la realidad en una actitud defensiva, con el brazo delante del rostro para evitar golpes desagradables o inesperados, llamando a la realidad ante el tribunal de tu parecer, y entonces sólo buscas y admites de ella lo que está en consonancia contigo, estás potencialmente lleno de objeciones contra ella, y demasiado resabiado como para aceptar sus evidencias y sugerencias más gratuitas y sorprendentes.
Esta es la opción profunda que nosotros realizamos cotidianamente ante la lluvia y el sol, ante nuestro padre y nuestra madre, ante la bandeja del desayuno, ante el autobús y la gente que hay en él, ante los compañeros de trabajo, los textos de clase, los profesores, el amigo, la amiga... (...)
"El sentido Religioso" Luigi Giussani
Abrir los brazos y acoger cada día con lo que traiga...
o buscar atajos que te hagan creer en formulas mágicas para afrontar la vida.
Esta es la opción profunda que nosotros realizamos cotidianamente ante la lluvia y el sol, ante nuestro padre y nuestra madre, ante la bandeja del desayuno, ante el autobús y la gente que hay en él, ante los compañeros de trabajo, los textos de clase, los profesores, el amigo, la amiga... (...)
"El sentido Religioso" Luigi Giussani
Abrir los brazos y acoger cada día con lo que traiga...
o buscar atajos que te hagan creer en formulas mágicas para afrontar la vida.
14 marzo 2014
02 marzo 2014
20 febrero 2014
15 febrero 2014
resucitar
Y por fin, después de tanto tiempo, tengo un sueño.
En él, se te olvida el rencor y los miedos, y las heridas. Y algo de paz, puede cruzar entre tus manos.
En él, los que no tienen, pueden llegar a ser. A SER con mayúsculas. Y enseñarán a aquellos que un día creyeron que teniendo, serían.
Y ya no serán importantes los papeles donde se informa de que eres válido, de que sirves. (Esos que tienes que poner delante de ti, cuando vas a los lugares)
Será importante lo que tengas capacidad de leer cuando contemples unos ojos, y se valorará la sabiduría que esté impresa en ellos, el olor a vida que desprendas o la ternura que esté escrita en las lineas de tu mano.
Las cifras ya no serán las protagonistas de los telediarios. Tan sólo servirán para saber cuantas son las lágrimas que has sabido compartir, los compases de una canción o cuanto tienes que contar mientras yo me escondo.
Y gobernaran tan sólo aquellos que sepan expresarse en el silencio, los que hayan sabido dejarse atravesar por el dolor, o aquellos que conserven la inocencia de un niño brillando en su mirada.
Y en ese sueño todo estará entero y no se sentirá anclado .
Y nadie buscará que lo complementen porque se tendrá conciencia de que todo lo necesario está en nuestro bolsillo y en nuestra brújula. Eso sí, en cada uno la senda hasta encontrarlo, será diferente. No servirán atajos, ni recetas, ni formulas mágicas.
No esperaremos futuros mejores. Cada día será valorado y amado en todo su valor como deben de ser amados todos los que nacen.
Y entenderemos que la ruta al paraíso está tatuada en cada rostro que vemos.
Y que resucitar es posible.
13 febrero 2014
06 febrero 2014
Quince meses
disfrutar
gozo profundo
aprender
experimentar
dejarse sorprender
sentir
ser capaz
anhelo
Seguir teniendo capacidad de poder sentir todo esto.
Seguir teniendo en algún lugar, quince meses siempre.
Seguir teniendo capacidad de poder sentir todo esto.
Seguir teniendo en algún lugar, quince meses siempre.
Kayden + Rain from Nicole Byon on Vimeo.
30 enero 2014
posibilidades
Y así se deslizan los días,
suaves,
rozando apenas los tobillos,
posando una caricia en los hombros.
Con horas lánguidas, densas,
diáfanas, rotundas...
Incluso a ratos,
intuyendo
intuyendo
ese momento temido en el que amarguen.
Y los minutos
donde brota la incógnita
de qué tendrá la fuerza suficiente para despertar pasión.
O los segundos,
de sentir con fuerza el tirón del deseo,
sin más razón que una posibilidad.
Y así se deslizan tus pasos,
los míos.
Y los de algún rostro anónimo
en el que reconocerse,
al cruzarse las miradas en una calle abarrotada.
Y así se deslizan tus pasos,
los míos.
Y los de algún rostro anónimo
en el que reconocerse,
al cruzarse las miradas en una calle abarrotada.
18 enero 2014
06 enero 2014
una nueva ventana
En ocasiones hay ventanas que se quedan pequeñas.
Y tenemos que ampliarlas, agrandarlas, tirar paredes y abrir horizontes. Crear espacios abiertos para desplegar las alas y poder volar.
Hubo un día en que el lugar para mis "Instantes efímeros", empezó a quedarse pequeño.
Y emprendí la búsqueda de espacios para poder dar cabida a esas alas nuevas que estaban gestándose desde hacía un tiempo, creciendo, tomando color y forma.
Hoy por fín, llega el momento de abrir esa puerta, en un día de ilusiones y deseos.
Desde ahora, ese espacio acompañará "Espejos y ventanas", como un pequeña mirada abierta a otro espacio interior más amplio
"SOL LATORRE",
espera ser un paisaje donde puedas pasearte, entre algo de lo que nos atraviesa y algunas búsquedas y ecos. Donde transitar, y recorrer fronteras de mapas de silencio.
Un rincón al fin y al cabo, donde seguir encontrándonos.
Y tenemos que ampliarlas, agrandarlas, tirar paredes y abrir horizontes. Crear espacios abiertos para desplegar las alas y poder volar.
Hubo un día en que el lugar para mis "Instantes efímeros", empezó a quedarse pequeño.
Y emprendí la búsqueda de espacios para poder dar cabida a esas alas nuevas que estaban gestándose desde hacía un tiempo, creciendo, tomando color y forma.
Hoy por fín, llega el momento de abrir esa puerta, en un día de ilusiones y deseos.
Desde ahora, ese espacio acompañará "Espejos y ventanas", como un pequeña mirada abierta a otro espacio interior más amplio
"SOL LATORRE",
espera ser un paisaje donde puedas pasearte, entre algo de lo que nos atraviesa y algunas búsquedas y ecos. Donde transitar, y recorrer fronteras de mapas de silencio.
Un rincón al fin y al cabo, donde seguir encontrándonos.
31 diciembre 2013
un brindis para agradecer
Una noche más. Tan sólo, una más.
Iba a escribirte. Pero estando tan lejos, seguramente no llegaría la carta
En una noche así, en esta calma, me gusta pararme y contemplar todo aquello que ha ido girando en mi pequeño mundo.
Escuchar los rostros nuevos que he podido descubrir en este año.
Los aromas a tierras nuevas nunca antes pisadas.
La riqueza de las experiencias y de lo aprendido.
Seguir saboreando esa sensación de hambre y de alimento. De querer más.
Acariciar el recuerdo de los que se fueron. Y el sosiego que me produce, haberme podido despedir de alguno de ellos.
Apreciar la calidez de aquellos que se quedan formando parte del laberinto de mi interior.
Agradecer los reencuentros. Y el calor generado que alimenta ahora los noches de mi invierno.
Y las ilusiones compartidas. O simplemente, las capacidad de crearlas. Su poder, la fuerza regeneradora que proporcionan.
Las historias nuevas. Y los capítulos nuevos en viejas historias.
También algunos paisajes desolados y mucha belleza continua alimentando algo que me constituye y me permite seguir naciendo. Algo que es difícil describir.
Hubo también un abrazo. Uno en el que me perdí, y pude volver a encontrarme. Germen de un nuevo camino.
El mapa de mis propios silencios sigue creciendo. Y quiero pensar que pequeñas gotas de sabiduría van perlando algunas de sus fronteras.
Hay gente a borbotones, brotando dentro de mí. Tantos rostros, manos, y huellas, que puedo decir que estoy poblada.
Con todo esto...brindaremos juntos.
Para que los sueños encuentren su materia prima.
Y para que las lágrimas y las sonrisas surquen libres el rostro.
Y también, porque no, para tener el valor de descubrir quien somos...y atrevernos a serlo.
Iba a escribirte. Pero estando tan lejos, seguramente no llegaría la carta
En una noche así, en esta calma, me gusta pararme y contemplar todo aquello que ha ido girando en mi pequeño mundo.
Escuchar los rostros nuevos que he podido descubrir en este año.
Los aromas a tierras nuevas nunca antes pisadas.
La riqueza de las experiencias y de lo aprendido.
Seguir saboreando esa sensación de hambre y de alimento. De querer más.
Acariciar el recuerdo de los que se fueron. Y el sosiego que me produce, haberme podido despedir de alguno de ellos.
Apreciar la calidez de aquellos que se quedan formando parte del laberinto de mi interior.
Agradecer los reencuentros. Y el calor generado que alimenta ahora los noches de mi invierno.
Y las ilusiones compartidas. O simplemente, las capacidad de crearlas. Su poder, la fuerza regeneradora que proporcionan.
Las historias nuevas. Y los capítulos nuevos en viejas historias.
También algunos paisajes desolados y mucha belleza continua alimentando algo que me constituye y me permite seguir naciendo. Algo que es difícil describir.
Hubo también un abrazo. Uno en el que me perdí, y pude volver a encontrarme. Germen de un nuevo camino.
El mapa de mis propios silencios sigue creciendo. Y quiero pensar que pequeñas gotas de sabiduría van perlando algunas de sus fronteras.
Hay gente a borbotones, brotando dentro de mí. Tantos rostros, manos, y huellas, que puedo decir que estoy poblada.
Con todo esto...brindaremos juntos.
Para que los sueños encuentren su materia prima.
Y para que las lágrimas y las sonrisas surquen libres el rostro.
Y también, porque no, para tener el valor de descubrir quien somos...y atrevernos a serlo.
29 diciembre 2013
28 diciembre 2013
belleza no programada
¿Recuerdas aquella conversación que tuvimos sobre el hecho de que nos programan para contemplar una determinada belleza, unos cánones concretos ante los que emocionarnos y extasiarnos?
Nos enseñan que es lo bello.
Y estamos rodeados de belleza no programada que no conseguimos ver.
Oculta en lo muerto, en lo apenas visible, en lo de cada día, en los de cada día. Belleza que desaparece porque no hay almas que quieran recrearse en su contemplación y se emocionen ante ella.
No puedo evitar que la tristeza me acaricie, al ver miradas y corazones vacíos, cuando podían llenarse, tan sólo con pararse y ver.
Hay días que me siento tan llena de esa belleza de afuera, que pagaría por saber compartirla.
Pero me temo que no hay gente dispuesta a cobrar por eso.
20 diciembre 2013
15 diciembre 2013
lo invisible
Él estaba sentado a la puerta de la hospedería.
Su hogar a su lado, en forma de mochila, envejecida y desteñida por miles de lluvias.
Su acento, mestizaje de fronteras, dificultaba a ratos el entender las razones que le empujaban a querer recorrer la via de la Plata.
Juntar Sevilla y Santiago, en pos de un rumor interno que le hacía querer contemplar las vias de tren que se vistieron de cristales rotos, hierros y lágrimas. Lágrimas semejantes a las que querían brotar de sus ojos al imaginar su camino.
Y ante un bocadillo compartido, lección increíble de generosidad. La de aquel que da, cuando no le sobra. La que solo puede brotar de los pobres.
Ella se sentaba a la puerta del supermercado.
Parte de su hogar, en el carro que le acompañaba como grito mudo de esperanza, como boca abierta esperando el alimento para sus hijos, pajarillos en el nido.
Su color contrastaba entre el ir y el venir de la gente y sus compras. Sus ojos sin más sueños que algo que llevar a casa.
Y en un momento, esa boca sin dientes, historia no hablada de lo mucho sufrido, iluminó la calle. Sonrisa de Dios que brotó al contemplar los pasitos y saltos, de una pequeña niña rubia que pasaba junto a ella. Sus ojos tras la blancura de la niña, su propio cuerpo pareció cobrar vida, en ese impulso de madre universal, de hacerse abrazo con el indefenso e inocente.
Lección de belleza emocionada y vibrante, de un corazón vivo, con capacidad de contemplar y ver.
Ambos similares a la belleza y la pobreza de las últimas hojas amarillas de los chopos. Invisibles porque no hay ojos que se paren a contemplarlas.
09 diciembre 2013
07 diciembre 2013
05 diciembre 2013
Amos durante el invierno
Observo como la luz sobre mi mano se va retirando de manera tímida pero decidida, a medida que el sol opta por esconderse tras el edificio de enfrente.
Un pequeño estremecimiento del cuerpo, al sentir la falta del calor que hasta entonces recogía, casi como cuando intuyes una mala noticia aún por llegar.
Amos Oz me acompaña desde el interior de un bolso donde conviven dos libros, apuntes de palabras inconexas caligrafiados con tintas de colores variados, el cacao para crear murallas contra el frio, libretas con esbozos de futuro, una caracola, una fiambrera con la comida de hoy y los guantes que no recuerdo nunca ponerme.
Incorporado a todas esas cosas, me gusta sentir su presencia, su manera de decir y callar, de conseguir dibujar aquellos espacios huecos que las palabras generalmente no llenan. Como cuando te llega un aroma que no identificas, pero que sabes que forma parte de tu historia.
Sentir que alguien, de alguna manera extrañamente conocido e íntimo, desde otro interior que no me pertenece, crea con su propio compás, otras cotidianidades, otras rutinas, otras vidas pausadas que se van hilvanando con la mía.
27 noviembre 2013
23 noviembre 2013
19 noviembre 2013
el sonido de la nieve y las mariposas
A veces me muerde con fuerza la conciencia de no conquistar palabras para compartir contigo.
De haberte dicho ya todo lo importante.
De que quizá sea el momento de consentir, y dejar al silencio adueñarse de todo.
Y quedarme mirándome hacia adentro, metida en cauces y murallas, vestida de mi necesidad de palabra.
Terminar y cerrar puertas y ventanas.
Más cada vez que me rindo, algo pasa.
Esta vez me hizo volver aquí,
el sonido de la nieve sobre el otoño.
Y el roce de los copos sobre la lengua,
y el dejarlos posar sobre los párpados con ese descanso perpetuo que ofrece la nieve,
hasta sentir la dificultad de abrirlos,
hasta sentir que nieve y luz es uno y que también a esto puedo consentir y rendirme.
Y entretejer todo esto, con el silencio punteado por el murmullo de las alas de una mariposa en un día de agosto.
14 noviembre 2013
El otoño derramado fuera
La misma crisálida de colores,
en el cielo que se oculta,
en el fuego que susurra,
en las hojas que bailan en el viento con un ritmo que no es el propio.
Sentir que se puede burlar el frío tras la coraza del cristal de la ventana.
La voz de algún pájaro ayudando a recomponer la conciencia de "exterior".
Madera y tacto suave de manta.
El peso de un libro sobre las piernas.
El cuerpo pesa sobre un sillón añejo y se tiñe de los mismos años que él.
Trazar un mapa de silencios.
La ciudad cubierta de paño y lana.
Los árboles recobrando su voz perdida, lanzando al mundo sus secretos íntimos.
Un vecino con taladro nuevo.
Se oye el perro de siempre, cansado de su soledad continua.
Cañerias.
Los cubiertos sonando anunciando una cena.
Voces de noticias en estéreo que mañana no recordará nadie.
El olor de un guiso ajeno escoltado por las voces que se sumergirán en él.
El llanto de un bebé buscando el sueño.
Acaba el día.
Trazar un mapa de silencios.
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