29 agosto 2016
12 julio 2016
Háblame.
De los demonios que habitan tu hombro,
de la piel de la mujer que durmió entre tus brazos,
de la desconfianza que te deja desnudo y desvanecido,
de ese mundo oscuro que se enfrenta en ti.
Háblame.
Del amor que te aporta un suspiro para sostenerte,
de tus castillos en el aire, de tus imposibles,
de todos los rotos que tu corazón dibujan,
de la sombra y luz de esas ganas de morir.
Háblame.
Porque si no lo haces no entenderé tu lucha,
ni tu rendición, ni tu suicidio, ni tus noches en vela,
ni la locura que dices que no anida en ti.
Háblame.
Porque un día escuché tu corazón bramando
De los demonios que habitan tu hombro,
de la piel de la mujer que durmió entre tus brazos,
de la desconfianza que te deja desnudo y desvanecido,
de ese mundo oscuro que se enfrenta en ti.
Háblame.
Del amor que te aporta un suspiro para sostenerte,
de tus castillos en el aire, de tus imposibles,
de todos los rotos que tu corazón dibujan,
de la sombra y luz de esas ganas de morir.
Háblame.
Porque si no lo haces no entenderé tu lucha,
ni tu rendición, ni tu suicidio, ni tus noches en vela,
ni la locura que dices que no anida en ti.
Háblame.
Porque un día escuché tu corazón bramando
envuelto en gritos sordos,
y no fui capaz de dejar de hablarte para entenderme a mí.
09 junio 2016
01 junio 2016
con mis ojos
Subo al bus y tomo asiento, camino del trabajo.
Junto a mí, descubro un papel doblado. Me puede la curiosidad y lo abro.
Sonrío, ante la letra redonda y grande, los dibujos y los corazones, que hablan de la juventud del autor de esa apasionada carta de amor escrita a lápiz..
Y me doy cuenta de que a pesar de no conocernos, compartimos algo que él ha escrito. Un deseo común.
"Ojala pudieras verte con mis ojos, para que te dieras cuenta de lo especial que eres"
08 mayo 2016
20 abril 2016
lo que no sabes
Hace mucho que no me siento a hablar contigo.
Y si lo hago hoy es, seguramente, por miedo a cerrar los ojos y que vengan los sueños.
Prefiero quedarme aquí a oscuras, remendando rotos invisibles preñados de ese silencio que voy amando a sorbos, y que todo acaricia y conforta.
Aunque todo esto, tú no lo sabes.
Ahí afuera, la batalla continua. Luz y oscuridad se entrelazan en un pulso que arrastra a tantos invisibles y desahuciados (carne de cañón, dirán algunos), mientras yo emito mi gemido cobarde y sordo tras el cristal.
Y sigo cosiendo, intentando unir el pulso de tus ojos, para que no termine de romperse. Para que siga latiendo, aunque sea de forma tan suave e imperceptible, como ese pequeño latido en la comisura de mi mano. O como el latir lento del neón del club de la acera de enfrente, alumbrando esas caderas en la acera, que fuman esperando a que llegue el alba.
Apenas puedo respirarte ya.
Y me sumerjo en otros mundos, buscando consuelos imposibles, para ver si consigo dibujar lo que no he podido definir en este paréntesis de vida. Este paréntesis brutal y hermoso, lleno del dolor hondo de la impotencia y de la vida encarnada de los que nada tienen.
Este paréntesis que ha conseguido crujir cada una de mis vertebras. Que se ha ido infiltrando en mi esencia, para ver si soy capaz de renacer.
Y todo esto va sucediendo, aunque tu no lo sepas .
De nuevo solo el silencio conforta mis manos, en las que pueden leerse cada día, cada alma cercana, cada dolor respirado...
Y sigo anhelando ese rincón cálido del mundo donde podía descansar al escuchar un latido que no me pertenecía.
Y sigo buscando esa esperanza pequeña que se empeña en jugar al escondite y sumergirse como una niña, en una batalla de hombres salvajes.
Y sigo adivinando lo que me da forma para poder agarrarme a ello y no dejar que las aguas me arrastren contra las rocas.
Todo esto va pasando oculto en lo cotidiano...aunque tu no puedas saberlo ya.
Todo esto va pasando oculto en lo cotidiano...aunque tu no puedas saberlo ya.
08 abril 2016
28 marzo 2016
11 marzo 2016
22 enero 2016
bocetos de vuelos
Construimos un nido pequeño
Para qué más.
Sólo necesitábamos respirar el aliento mutuo,
abrir los ojos y acariciar una sonrisa,
alimentarnos de paz, silencio, ternura...
tejidos con el esfuerzo y la conciencia de la necesidad viva.

desde ese infinito lugar,
extender ambos las alas a nuestros horizontes:
camino de las nubes,
senderos de oscura tierra.
Equilibrios eternos de lo que nos sostiene y nos detiene

29 noviembre 2015
Azul oscuro

Intentar habitar la calidez de un refugio y hallar los grises de un paisaje desdibujado por el movimiento
Todo tiende a ser azul oscuro casi negro
Lo que se quiebra
Descubrir que las grandes sombras pueden retroceder ante la fuerza de una minúscula luz
Seguir creyendo.
05 octubre 2015
30 septiembre 2015
el canto del cisne
Lo frágil
una pequeña fisura
los cristales que parecen protegernos se resquebrajan
"Amen, amen, amen", dice la canción.
Y no reconoce la dificultad de expresar ese " QUE ASÍ SEA"
¿Que es lo mejor y lo peor?
Anhelar la niebla
porque obliga a buscar a los árboles del bosque.
Aunque no los veas
Buscar una posición para acomodarse y esperar.
Con mucho mimo y cuidado.
Con lentitud.
Con total atención.
Para desde allí contemplar el canto del cisne.
24 septiembre 2015
06 septiembre 2015
huele a café
Lo cotidiano de cada hogar. Las camas, barrer, fregar...
Todo igual. Todo distinto.
Huele a café.
Por la ventana se escucha la musiquilla de arranque de un ordenador. Y una silla acercándose a una mesa.
Todo igual. Todo distinto.
Huele a café.
Por la ventana se escucha la musiquilla de arranque de un ordenador. Y una silla acercándose a una mesa.
También una emisora en árabe y las voces de unos niños jugando.
Respiro profundo y agradezco el canto de ese pájaro escondido que me eleva.
Respiro profundo y agradezco el canto de ese pájaro escondido que me eleva.
Me ha extrañado no ver hoy al muchacho africano que duerme cada día en su banco, envuelto en una manta de leopardo. Sin embargo, los cristales empañados de aquel coche, son testigos del respirar de un hombre que lleva semanas durmiendo en él. Su hogar.
Las cosas importantes suelen llegar en momentos anodinos, de forma discreta, sin darse importancia. Como la niebla que comienza a deslizarse por las raíces del bosque, acariciándolo, apenas dejándose notar. Hasta que llega a cubrirlo entero.
Aquello que produce el cambio. De toda la vida. De solo un fragmento.
Una libélula roja hace equilibrios sobre la antena de un automóvil. Perdida. Sin encontrar el agua que la sostiene.
Me he sentido vestida de ese mismo rojo. Haciendo los mismos equilibrios y buscando aquello que me sostiene a mí.
Me he sentido vestida de ese mismo rojo. Haciendo los mismos equilibrios y buscando aquello que me sostiene a mí.
25 agosto 2015
Contar el dolor
El dolor de mi amigo inunda lo cotidiano, estalla en sus silencios. Tiene eco en las palabras huidas de su madre y en la impotencia.
El dolor de él, se entierra en algún pasado apenas intuido.
Se reviste de rabia, de control, de suficiencia y de tantas necesidades no expresadas, que le ahoga. Me ahoga.
Ahoga
Y el de ella, se agita en cada una de sus risas rotas. También en sus despedidas. Y en su disfraz.
Mi dolor juega al escondite. Y se asoma a mis ojos, a mirar si lo descubres.
Y el tuyo te ha tallado. De la cabeza a los pies.
Con un cincel grueso de carpintero ha dejado sus trazos en tu rostro,
en tu espalda,
en tus pasos
y en un futuro incierto que se te asoma lleno de aristas.
Y así, poco a poco, línea a línea, en círculos concéntricos desiguales y definidos, vamos repujando nuestra propia huella digital de dolor.
Personal e intransferible.
28 julio 2015
11 julio 2015
28 junio 2015
noches de Africa
La ventana del antiguo hospital para tuberculosos me muestra cada tarde cielos que se tiñen de rosas, malvas y azules. Isak Dinesen me ayuda a pintarlos de África.
Mis noches se cubren de rostros igual que la noche africana se llena de estrellas y de movimientos furtivos, y de la intuición de pequeños ojos, huellas de moradores invisibles.
Sólo que allí existe un equilibrio tácito entre vida y muerte. Y aquí las fieras son quizá más descarnadas.
Sus víctimas más jóvenes y hermosas se van a casa con heridas invisibles de muerte y sin probabilidades de sobrevivir en esta realidad salvaje, mientras las presas mas fáciles, las más desgastadas, llenas de surcos y huellas y arrugas siguen arrastrándose por esta estepa aséptica, de árboles metálicos y ríos entubados.
Y pienso si también en África querrán creer en los milagros.
26 abril 2015
Soledad arrastrada
Hoy tiene un día de esos en los que le apetece contar. Le brotan pequeñas historias de las que parecen no tener importancia y que sin embargo van conformando lo más importante de cada uno.
Carmina. El día que se enteró que tenía un cancer terminal, comenzó a enseñar a su marido a cocinar, a planchar, a limpiar...Todo lo cotidiano lo puso en sus manos para que él pudiera afrontar la vida desde una independencia personal. Con el dolor al lado, pero con recursos para poder seguir caminando.
Clemencia. La abandonaron al nacer. No disfrutó de una vida fácil. Tuvo un hijo. Ya anciana tuvieron que acogerla en una residencia debido a su falta de recursos. Vivió hasta los 100 años. En todos los días pasados en aquel lugar de ternura y final, ni uno solo de ellos vino a visitarla ese hijo. Y sin embargo, su foto la acompañaba cada día desde la mesilla. Y ella alimentada del orgullo por aquel que surgió de su vientre, seguía viviendo en la esperanza de ese momento en que entrara por la puerta con la intención de verla.
El misterio del abandono, al principio y al final de una vida.
Carmen. Nos la encontramos en la calle y comentan ellas dos, algo relativo a una pérdida. Al seguir caminando me cuenta, que hace dos meses encontró a su hijo de 49 años ahorcado en su trastero. Esto el mismo día en que los medios de comunicación se hacen eco de la noticia del suicidio de dos jóvenes adolescentes que se arrojaron desde la terraza de un museo.
Soledades arrastradas envueltas en el misterio del corazón humano.
Y mientras la observo a ella.
Va sacando con paciencia, una a una, todas las fotos de las páginas de los álbumes y las va metiendo en una caja. Instantes sepia, blancos, negros y de vivos colores, boceto y collage de 90 años de vida.
Esta es su manera de ordenar pasado y presente.
La mezcla de todos esos personajes fijos en el papel, le ayudan a combatir su propia soledad y su proceso de despedida
30 marzo 2015
25 marzo 2015
Dejadme crecer en mi vida pequeña
Rodeada de esos hilos de oro de los ocultos
Rodeada de esos hilos de oro de los ocultos
Ensanchando el espacio de mi tienda a medidas que no son ni vuestras ni mías
No juzguéis los tiempos porque no se construyen de días sino de la materia que da vida a la vida
Y entended que cada uno, que cada cosa, que cada espacio se va erigiendo a base de capas. Y es necesario aprender a desnudarlas para escuchar el sonido de la fuente que nos da forma
Y si así lo deseáis, sentaos conmigo a escuchad mi silencio.
Ese que brota potente como el grito de los árboles cada primavera,
sumiso como el eco,
transparente como tu mirada
26 febrero 2015
atreverse a permanecer
Ya no sirven las definiciones de antes.
Ni siquiera las palabras.
Nada encaja donde los demás quieren hacerlo encajar. Ellos dicen conocer el lugar de las piezas del puzzle, cuando ni siquiera se definen sus formas.
¿Donde está aquello que en las huellas y en las raíces parecía tener tanta rotundidad?
Se diluyen las letras, lo que siempre estuvo, lo que siempre fue, para dejar paso a algo mordiente, a algo que se teme y no se quiere mirar porque es diferente.
Algo que forma parte de la esencia más profunda, la no aprendida. La que brota de los silencios.
¿Que nos hace permanecer juntos?
Soledades,
definiciones obsoletas sobre palabras desgastadas de tanto usarlas,
algo genético relacionado con la necesidad de tatuarnos en el tiempo,
el poder de la oscuridad y el miedo
o la fuerza brutal de la rutina y la cotidianidad.
O quizá...algo que brota de fuentes secretas, tan profundas que tan sólo con esfuerzo se pueden escuchar.
La brisa que se intuye al ir subiendo esta montaña, habla de lo inevitable. De aferrarse al tronco de los árboles porque tan sólo ellos y su esencia permanecen.
Todo lo demás forma parte del perfume que acaricia nuestros pasos.
Así de efímero
Así de real.
05 febrero 2015
entre días e hilvanes
Contemplo mi mano, mis dedos. Observo el hilo que sostengo y todo lo que voy hilvanando. Incluso aquello que no tengo conciencia de haberlo tejido yo , y que sin embargo parece tomar forma de ese todo con vida propia.
Y entre todo ello se desliza...
lo que sucede cuando alguien mantiene un roce sostenido a lo largo de nuestra frontera del miedo
esa sensación de un dedo frío deslizándose por lo que nos enraíza y sostiene
lo necesario para poder rellenar los huecos entre palabras, con aquellos a quien apreciamos en profundidad
el vórtice de una espiral de soledades escribiéndose despacio entre generaciones
la piel convertida en pergamino escrito y secreto
y mezcladas con el tejido, siguen llegando a través de las rejas, flores de papel. Aviones surcando cielos fronterizos, cargados de lo vivido y de lo que nunca sucedió. Cargados de sueños de la razón y la emoción.
A veces existen silencios tan pesados, que duelen en lugares insospechados.
Espero que el tuyo no sea uno de esos.
Porque mis dedos se resienten al tejer. Les falta el peso del hilo que solían formar tus palabras.
Y entre todo ello se desliza...
lo que sucede cuando alguien mantiene un roce sostenido a lo largo de nuestra frontera del miedo
esa sensación de un dedo frío deslizándose por lo que nos enraíza y sostiene
lo necesario para poder rellenar los huecos entre palabras, con aquellos a quien apreciamos en profundidad
el vórtice de una espiral de soledades escribiéndose despacio entre generaciones
la piel convertida en pergamino escrito y secreto
y mezcladas con el tejido, siguen llegando a través de las rejas, flores de papel. Aviones surcando cielos fronterizos, cargados de lo vivido y de lo que nunca sucedió. Cargados de sueños de la razón y la emoción.
A veces existen silencios tan pesados, que duelen en lugares insospechados.
Espero que el tuyo no sea uno de esos.
Porque mis dedos se resienten al tejer. Les falta el peso del hilo que solían formar tus palabras.
23 enero 2015
02 diciembre 2014
Se detuvo el tiempo. Y en su danza de silencio y niebla, comenzó
a tatuarse el dibujo del instante
Lo único importante era tu mano abriéndose camino
entre la selva de mi pelo. Con la
suavidad de un machetazo. Dejando
esa misma huella en lo frondoso. Permitiéndome respirar al ritmo de tus dedos,
en milímetros pautados y pausados
Todo dejo de tener importancia
la impotencia
aquella despedida sin sentido que se llevo mi voz
querer hacer y no poder
el cansancio
lo infinito
lo que pesa y lo que sé vuelve ligero
el querer que comprendas y comprender que no quieres
las letras de al otro lado del muro
Todo.
Hasta la realidad presente de la muerte de mi padre,
dejo de tener importancia en ese instante profundo
Tan
solo importaban tus dedos. Y mi
capacidad para recorrer con ellos la distancia infinita hasta mi esencia
oculta, hasta ese lugar donde las mariposas pueden dejar de ser livianas.
29 octubre 2014
quince rosas
se esconden a veces versos terribles
y corazones tan desgarrados que es difícil poder darles puntadas para que se mantengan unidos al tejido que les sostiene
y cristales tan transparentes que acaban volviéndose opacos
y secretos tan oscuros, ocultos bajo una masa de árboles inocentes,
que nadie quiere mirar, nadie quiere atreverse a franquear la barrera
que nadie quiere mirar, nadie quiere atreverse a franquear la barrera
porque tan sólo el mirar ya duele,
y el dolor resquebraja los muros que tanto nos ha costado construir y nos deja desnudos frente a la luz
y esa luz a veces es molesta,
porque hace rechinar los engranajes bien engrasados, como una piedrecita que decide pasear por lugares no correctos
Pero en alguna ocasión,
en un instante eterno y apenas perceptible,
un ave cruza ese cielo tapado,
y con ella se elevan
miradas, almas, libertades totalmente erosionadas,
reconfortadas por la caricia efímera
de atraverse a ser presencia.
Y quizá, el sueño de ese vuelo
se quede tatuado en algún muro.
En alguna piel
(Dedicado a mis quince rosas.
Vuestro perfume siempre impregnará mis días
Gracias)
24 septiembre 2014
movimientos inesperados
Tsunami
Palabra con extrañas resonancias. La suma de una raíz que significa "puerto o bahía" y de una terminación que significa "ola".
La raíz. Aquello que se aferra, lo que permite crecer, lo que nos nutre, y que aquí, se incrusta en un lugar que resguarda, en un lugar a donde llegar
La terminación, ola. Agua, movimiento, lo que arrastra, te inunda, te hunde. Lo que tiene el poder de sumergirte y conseguir que no sepas donde está tu arriba y tu abajo, donde comenzó tu cielo y cuando acabó tu tierra, si puedes respirar algo de día o tus burbujas se mueven hacia la noche.
¿El cambio, el movimiento, como algo no deseable, como algo que debemos evitar?
Quizá el problema sea nuestra tendencia a asentarnos demasiado en lo que nos resguarda, en un supuesto lugar al que creemos haber llegado.
Cuando en realidad lo que nos alimenta y nos permite estar vivos es ese cambio. Y la capacidad de asumirlo y hacerlo nuestro.
No sé cuantas han sido las olas que en este tsunami particular, me va pasando por encima. Cuantas me han rodeado o llevado a lugares sumergidos y particulares. Creo que llegué a contar hasta quince, y a partir de ahí, decidí que ya no era importante el número, como no lo era tampoco, el lugar en el que estaba.
Lo único que tenía importancia, era mantener los ojos abiertos.
Conseguir mantener un referente para que las burbujas pudieran continuar con su movimiento hacia el sol.
27 julio 2014
23 julio 2014
lo oscuro y lo profundo
Un sueño.
Nuestro interior es un manantial. Profundo. Intensamente oscuro. Negro.
No hay nada más. Sólo una masa viva de agua, latiendo a un ritmo tremendamente lento, pero perceptible.
Contemplo esa superficie.
Y me produce un sentimiento primigenio, como de vuelta a un lugar en el que no recuerdo haber estado, pero que sin duda conozco.
Y algo parecido a una paz difícilmente definible.
Empieza la semana.
Me voy moviendo en lugares desconocidos hasta ahora, donde tengo que ir aprendiendo los pasos que debo dar.
El sol de julio cae intransigente. Sin embargo, algo oscuro y frío se mueve entre la luz. Algo invisible y peligroso, porque tiene que ver con el miedo. Y con el poder mal entendido. Con lo más oculto del ser humano.
Percibo esas dos oscuridades tan distintas.
Y me doy cuenta de que ese algo intangible, puede tener capacidad para romper la calma del latido interno, que acaricia la superficie del manantial oculto.
Y siento incertidumbre al pensar en la entereza de la laguna, frente al frío azul profundo y poderoso de ese miedo moviéndose con urgencia.
Hoy ha llegado carta tuya.
Tu imagen entre naranjos y tierras cálidas, veladores y silencio.
Contemplar tu letra, deslizándose como un baile lento e íntimo, consigue llevarme de nuevo al interior de la laguna.
Nuestro interior es un manantial. Profundo. Intensamente oscuro. Negro.
No hay nada más. Sólo una masa viva de agua, latiendo a un ritmo tremendamente lento, pero perceptible.
Contemplo esa superficie.
Y me produce un sentimiento primigenio, como de vuelta a un lugar en el que no recuerdo haber estado, pero que sin duda conozco.
Y algo parecido a una paz difícilmente definible.
Empieza la semana.
Me voy moviendo en lugares desconocidos hasta ahora, donde tengo que ir aprendiendo los pasos que debo dar.
El sol de julio cae intransigente. Sin embargo, algo oscuro y frío se mueve entre la luz. Algo invisible y peligroso, porque tiene que ver con el miedo. Y con el poder mal entendido. Con lo más oculto del ser humano.
Percibo esas dos oscuridades tan distintas.
Y me doy cuenta de que ese algo intangible, puede tener capacidad para romper la calma del latido interno, que acaricia la superficie del manantial oculto.
Y siento incertidumbre al pensar en la entereza de la laguna, frente al frío azul profundo y poderoso de ese miedo moviéndose con urgencia.
Hoy ha llegado carta tuya.
Tu imagen entre naranjos y tierras cálidas, veladores y silencio.
Contemplar tu letra, deslizándose como un baile lento e íntimo, consigue llevarme de nuevo al interior de la laguna.
11 julio 2014
22 junio 2014
16 junio 2014
31 mayo 2014
23 mayo 2014
"La mala luz"
Estimado Carlos:
Me tomo la licencia de llamarte así, a pesar de que no nos conocemos (considero que el hecho de que nos hayamos visto durante apenas unos minutos, y hayamos intercambiado unas cuantas palabras, no implica, ni mucho menos, un conocimiento mutuo de ningún tipo).
No te conozco, es cierto. Aunque sí puedo decir, que poseo y guardo, tres imágenes tuyas.
Una primera imagen estática en blanco y negro. La que se encuentra en la solapa de tu libro, junto con unos pocos datos de tu vida, que intentar arrojar luz sobre tu biografía, pero que evidentemente son un vano intento. Seguramente cuenta mucho más sobre ti ese rostro serio, con gesto de aquel al que le toca afrontar algo que no le gusta, pero que sabe necesario: posar para un instante congelado, que al instante siguiente dejará de ser reflejo de lo que era, y que sin embargo, permanecerá ahí, al alcance de las miradas de tus lectores, cada vez que abran el libro. Imagen de tu ausencia, sin duda.
La segunda imagen, es la de ayer, mientras firmabas el libro, escondido tras tu timidez, tus gafas de pasta y tus ganas de marcharte, y sin embargo, interesado en las historias de aquellos que íbamos dejando caer junto a ti, el nombre de la persona que esperaba deseosa el tacto de esa primera página con olor a estreno, para poder desvelar el misterio de tu caligrafía y del pequeño tesoro escondido en una dedicatoria.
Fuiste generoso sin duda, al regalar, hilvanadas entre otras, la fuerza y el contacto de estas palabras: "oscura historia de luto y deseo". No distantes, sino absolutamente próximas.
Y la tercera imagen, eres tú, de pie, delante de dos inmensas fotografías de Almalé y Bondía, que juegan también a enmarcarte en un paisaje ficticio.
Vas dejando caer las palabras, que quieren brotar rápidas de tu boca, pero las contienes, para poder trazar con ellas, el boceto de ese, tu yo niño, fotografiado también como tu yo adulto, y quien sabe si, hasta con ese gesto tímido y serio en su rostro de pocos años, que se expresa a través de ese capítulo 11 de "La mala luz"
Y es ahora cuando me doy cuenta, de que realmente poseo otra imagen de ti.
Es la de tu niño, ahí de pie, frente a mi, leyendo ese capitulo que le cuenta, sin sus zapatos de hebilla, pero con ese mismo gesto inconsciente de curvar los pies hacia fuera y juntar las puntas, sostenido tan solo por el canto del zapato. En ese equilibrio inestable frente al mundo. En ese etcétera interminable.
Quizá, solo por esto, por poder tener el privilegio de contemplar un instante fugaz e impermanente, a ese adulto-niño, puedo atreverme a plantear que te conozco más de lo que suele conocerse a alguien con quien no se han intercambiado más que unas cuantas palabras, algún sueño roto, los calcetines de rombos, las postales almacenadas en una caja, los disfraces de adulto y esos paseos entre palomas de una plaza teñida de blanco y negro o sepia.
Y quizá, solo por esto, me atrevo a tener el privilegio de llamarte, estimado Carlos.
Me tomo la licencia de llamarte así, a pesar de que no nos conocemos (considero que el hecho de que nos hayamos visto durante apenas unos minutos, y hayamos intercambiado unas cuantas palabras, no implica, ni mucho menos, un conocimiento mutuo de ningún tipo).
No te conozco, es cierto. Aunque sí puedo decir, que poseo y guardo, tres imágenes tuyas.
Una primera imagen estática en blanco y negro. La que se encuentra en la solapa de tu libro, junto con unos pocos datos de tu vida, que intentar arrojar luz sobre tu biografía, pero que evidentemente son un vano intento. Seguramente cuenta mucho más sobre ti ese rostro serio, con gesto de aquel al que le toca afrontar algo que no le gusta, pero que sabe necesario: posar para un instante congelado, que al instante siguiente dejará de ser reflejo de lo que era, y que sin embargo, permanecerá ahí, al alcance de las miradas de tus lectores, cada vez que abran el libro. Imagen de tu ausencia, sin duda.
La segunda imagen, es la de ayer, mientras firmabas el libro, escondido tras tu timidez, tus gafas de pasta y tus ganas de marcharte, y sin embargo, interesado en las historias de aquellos que íbamos dejando caer junto a ti, el nombre de la persona que esperaba deseosa el tacto de esa primera página con olor a estreno, para poder desvelar el misterio de tu caligrafía y del pequeño tesoro escondido en una dedicatoria.
Fuiste generoso sin duda, al regalar, hilvanadas entre otras, la fuerza y el contacto de estas palabras: "oscura historia de luto y deseo". No distantes, sino absolutamente próximas.
Y la tercera imagen, eres tú, de pie, delante de dos inmensas fotografías de Almalé y Bondía, que juegan también a enmarcarte en un paisaje ficticio.
Vas dejando caer las palabras, que quieren brotar rápidas de tu boca, pero las contienes, para poder trazar con ellas, el boceto de ese, tu yo niño, fotografiado también como tu yo adulto, y quien sabe si, hasta con ese gesto tímido y serio en su rostro de pocos años, que se expresa a través de ese capítulo 11 de "La mala luz"
(...) Niño, perdóname por todo el daño que te he infligido, por lo que he acabado haciendo con tu vida. Perdóname por no haberte escuchado más, Rocamadour de mi novela, caballito de cartón, por no haber pasado más tiempo contigo. Miro esta foto y por primera vez en mi vida creo que te veo de verdad. No eres sólo yo, es decir, eres yo pero te me vas de dentro, te deslizas de la cárcel sucia de mi limitada identidad y pasas a ser un niño, sin más, ahí fuera, merecedor de toda la dulzura, de mucho amor, incluso del amor mío que es pobre ahora y un poco gris y que muchas veces acaba por manchar las cosas aunque yo no lo quiera. Si te viese desde fuera del todo querría protegerte, besarte, nadie iba a poder hacerte nada malo estando yo cerca. No sé por qué la cordura me dice que no puedo tener esos sentimientos sólo porque seas yo cuando era pequeño, no comprendo hoy el porqué de ese pudor extraño que debería sentir al quererte y de repente no siento quizá porque me deslizo ya por una rampa que no sé dónde me dejará caer, en medio de qué oleaje o de qué silencio terrible. Te contemplo y sé que podría llegar a amarte como a nadie. Por ningún ser podría haber hecho tanto como por ti, viviendo como he vivido dentro de tu piel, llevando el timón, sobre el papel al menos, de los pasos que calzas en esos zapatos de charol con hebilla en el costado que ahora dan un poco de risa. Podría haberte guiado como un Ángel de la Guarda, defendido tu risa y tu inocencia y las cuatro esquinitas de todas tus camas; y, sin embargo, a ningún otro ser arruiné la vida de semejante manera. Te pareces mucho a uno de mis hijos cuando tenía tu edad. Sois casi iguales. Por él habría dado la vida y lo seguiría haciendo y a ti apenas te he dado nada: estos pulmones negros, en todo caso, amores desgraciados y noches de terror; un hígado para el arrastre, unos pocos amigos pero siempre el mismo nudo rondando tan cerca de la garganta y todo ese peso que conoces con el que cargué tu espalda. Miro hoy mis rodillas, mis manos, y me cuesta trabajo pensar que son las mismas que las de la foto, los mismos ojos, las mismas piernas que te sostenían a ti. Apenas puedo creer que siga vivo. Es decir, sé que sigo vivo pero no lo entiendo (...)
Y es ahora cuando me doy cuenta, de que realmente poseo otra imagen de ti.
Es la de tu niño, ahí de pie, frente a mi, leyendo ese capitulo que le cuenta, sin sus zapatos de hebilla, pero con ese mismo gesto inconsciente de curvar los pies hacia fuera y juntar las puntas, sostenido tan solo por el canto del zapato. En ese equilibrio inestable frente al mundo. En ese etcétera interminable.
Quizá, solo por esto, por poder tener el privilegio de contemplar un instante fugaz e impermanente, a ese adulto-niño, puedo atreverme a plantear que te conozco más de lo que suele conocerse a alguien con quien no se han intercambiado más que unas cuantas palabras, algún sueño roto, los calcetines de rombos, las postales almacenadas en una caja, los disfraces de adulto y esos paseos entre palomas de una plaza teñida de blanco y negro o sepia.
Y quizá, solo por esto, me atrevo a tener el privilegio de llamarte, estimado Carlos.
11 mayo 2014
05 mayo 2014
norte y sur
Norte y sur.
Dos azucenas acariciando el sol. Jugando a alcanzarse, mientras despiden al mes de abril.
El silencio.
Como alimento. Como derecho.
Como molécula propia.
Como herida.
Como opción. Como certeza. Como búsqueda.
Leer que se paga para que otros hagan lo que no somos capaces de hacer: desconectarnos de nuestro propio mundo adictivo. Crear espacios sin cobertura en restaurantes, en trenes, que nos evadan de tener que afrontar la acción de algo tan aparentemente fácil como darle a un botón y apagar.
Decidir hacer o dejar que otros hagan.
Pretender pagar por un "silencio" ...que no es tal.
Silencio y sonido.
El regalo del mestizaje.
Un concierto sorprendente, amalgama de Norte y Sur.
La Jóven Orquesta del País Vasco, el Orfeón Donostiarra "Gazte" y los tambores del grupo Anidan-Bloko del Valle Junior's Band de Kenia.
El jazz de Schostakovitch, el "Te Deum" de Dvorak y el "África" de Goyeneche, mezclado con la calidez de un director, cercano a sus músicos y al público que escuchaba.
El agradecimiento, la alegría y la fuerza expresadas.
Un auditorio lleno puesto en pie y bailando.
Te hubiera gustado.
Y espero que de alguna manera, puedas sentir que estabas allí presente. En mi silencio.
Dos azucenas acariciando el sol. Jugando a alcanzarse, mientras despiden al mes de abril.
El silencio.
Como alimento. Como derecho.
Como molécula propia.
Como herida.
Como opción. Como certeza. Como búsqueda.
Leer que se paga para que otros hagan lo que no somos capaces de hacer: desconectarnos de nuestro propio mundo adictivo. Crear espacios sin cobertura en restaurantes, en trenes, que nos evadan de tener que afrontar la acción de algo tan aparentemente fácil como darle a un botón y apagar.
Decidir hacer o dejar que otros hagan.
Pretender pagar por un "silencio" ...que no es tal.
Silencio y sonido.
El regalo del mestizaje.
Un concierto sorprendente, amalgama de Norte y Sur.
La Jóven Orquesta del País Vasco, el Orfeón Donostiarra "Gazte" y los tambores del grupo Anidan-Bloko del Valle Junior's Band de Kenia.
El jazz de Schostakovitch, el "Te Deum" de Dvorak y el "África" de Goyeneche, mezclado con la calidez de un director, cercano a sus músicos y al público que escuchaba.
El agradecimiento, la alegría y la fuerza expresadas.
Un auditorio lleno puesto en pie y bailando.
Te hubiera gustado.
Y espero que de alguna manera, puedas sentir que estabas allí presente. En mi silencio.
04 mayo 2014
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